Expediente Abierto

►Protección Civil

Albergues sostenibles, refugio social y ambiental

 

Ante el contexto nacional de migración, desplazamiento interno y cambio climático, es indispensable que las comunidades cuenten con espacios seguros y amables con el medioambiente

 

►Por Martha Palma Montes
FOTO: JOAQUÍN SANLUIS /CUARTOSCURO

Los albergues son inmuebles que ofrecen alojamiento y apoyo a largo plazo, permitiendo a las personas recuperarse después de haber sido desplazadas de sus hogares, y que se encuentran en condición de refugiadas, migrantes o desplazadas internas.

Los gobiernos municipales tienen diversas atribuciones en la gestión de albergues, que incluyen su creación, regulación, supervisión y apoyo a estos sitios, así como la promoción de la participación ciudadana y la coordinación con otras instancias.

Para diseñar, construir o rehabilitar albergues que sean espacios de protección, donde las personas estén saludables, y a la vez, estos sean respetuosos con el medioambiente, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) elaboró el Manual para el diseño de alojamientos colectivos temporales en las Américas.

Este documento define como Alojamientos Colectivos Temporales a los albergues, también llamados casa de acogida, casa del migrante, casa hogar, hogar de paso, centro de atención integral, estación temporal de ayuda humanitaria, centros de evacuación y centros de tránsito.

El Manual destaca que la ubicación de los albergues es una consideración decisiva que condiciona los elementos de diseño, construcción y mantenimiento. En consecuencia, un primer paso es localizar edificaciones o predios seguros, que ofrezcan espacios adecuados, protección y acceso a servicios esenciales, tanto para instalaciones temporales como de largo plazo.

“Una ubicación adecuada, lograda a través de la selección cuidadosa del sitio, tiene impactos directos que favorecen la protección de las personas refugiadas, migrantes y desplazadas, la reducción de conflictos, una coexistencia pacífica, la disminución de riesgos de violencia de género y de salud, un mejor acceso a los servicios básicos, la mitigación de la degradación del medioambiente y el ahorro en costos de implementación”, cita el Manual.

Entre las recomendaciones resalta el crear un huerto colectivo, incluir zonas con vegetación y arbolado; y para edificaciones con limitaciones espaciales, se considera establecer patios y terrazas.

Si el albergue no está en posibilidad de conectarse a la red pública de alcantarillado o cualquier otro sistema, debe diseñarse una planta de tratamiento de aguas residuales, pozos sépticos y campos de infiltración, entre otros elementos, así como aguas servidas mediante trampas de grasas, filtros, drenajes y campos de infiltración, de acuerdo a la normativa local.

Asimismo, se recomienda evaluar fuentes de acceso a energía limpia y renovable, como paneles o placas solares fotovoltaicas, la energía eólica, el biogás y la geotermia, entre otras. Dependiendo del sistema a elegir, existirá una demanda espacial específica, por ejemplo, una superficie de tejado adecuada, la orientación de las placas fotovoltaicas y las baterías.

PARTICIPACIÓN COMUNITARIA
Ante los fenómenos climáticos extremos —lluvias atípicas, sequías, inundaciones— es crucial fortalecer las capacidades de adaptación de la población, especialmente cuando los factores de vulnerabilidad social se vinculan a situaciones de emergencias y desastres naturales.

En ese sentido, el Gobierno Federal diseñó la Estrategia Nacional de Comunidades Resilientes, la cual promueve la gestión local de riesgos a través de la participación ciudadana para identificar amenazas y acciones que requieran vincularse con autoridades de los tres órdenes de gobierno.

Una de sus herramientas clave es el Plan de Acción Comunitario en Gestión de Riesgos y Resiliencia, que contiene los pasos a seguir para conformar un comité, encargado de analizar las causas o factores de vulnerabilidad a ciertos riesgos locales, principalmente climáticos.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), a través de su Unidad de Ambiente, Energía y Resiliencia, ha acompañado comunidades de la región de Marismas Nacionales, en Nayarit, en la construcción de dicho Plan, como respuesta ante inundaciones provocadas por ciclones tropicales.

Al asumir conciencia de que la frecuencia de ciertos fenómenos climáticos no permite la evacuación de toda una comunidad, los integrantes de los comités comunitarios de las Marismas Nacionales, también son responsables de identificar los albergues disponibles, cercanos y verificar que estén en óptimas condiciones.

“Generalmente, los albergues son espacios como escuelas, deportivos o templos religiosos. Por lo que creamos una ficha de verificación con una serie de criterios donde los comités locales, en coordinación con Protección Civil Municipal, hacen un levantamiento de información, a fin de corroborar que cuenten con suministro de energía, áreas de preparación de alimentos, espacios recreativos para la infancia y superficies para colchonetas”, explica Luis Mauricio Escalante Solís, Asociado de Alianzas Estratégicas y Fortalecimiento Institucional en PNUD México.

El especialista confirma que los albergues que cumplen los criterios mencionados son catalogados como espacios seguros, en caso contrario, es necesario fortalecerlos e incorporar elementos como el uso de energías renovables — como paneles solares—, a fin de que el suministro de electricidad sea constante; además de garantizar la disponibilidad de agua a través de sistemas captadores de lluvia y una correcta separación y disposición de los residuos.

“Uno de los objetivos del PNUD es involucrar cada vez más a la población en acciones preventivas, planificación y uso de suelo para la infraestructura. Incrementar estas capacidades de verificación, permite reducir vulnerabilidades y responder de forma más eficaz ante fenómenos meteorológicos”, subraya Escalante Solís.

Luis Mauricio Escalante Solís.

 

 

 

 

 

 

Luis Mauricio Escalante Solís.

FOTO: CORTESÍA DEL PNUD MÉXICO