Desde la Urna

El año que termina será recordado como el de la mayor destrucción de las instituciones fundamentales del sistema político mexicano. Quedó claro que el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo heredó y profundizó la estrategia de Andrés Manuel López Obrador, marcada por la dictadura de la mayoría parlamentaria con la que se aprobaron todas las reformas dispuestas por el expresidente. Queda pendiente, pero está en marcha, la reforma electoral que presumiblemente conoceremos durante los primeros dos meses del próximo año.

Durante 2025, la Presidenta Sheinbaum insistió en que no rompería con su antecesor y reiteradamente se refirió a él como el mejor presidente que ha tenido México. Ahora es evidente que no quiso construir su propio liderazgo sin el respaldo de López Obrador y que asumió su proyecto con muy pocas innovaciones propias. En consecuencia, se eligió al Poder Judicial, desaparecieron organismos autónomos —en particular el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI)— y continuó la centralización del poder en la presidencia. La división de poderes se diluyó aún más, y el Congreso se convirtió en un trámite acrítico de aprobación de las iniciativas presidenciales. Al fin y al cabo, ese era el plan del proyecto que se impuso desde 2018.

Con todo, la Presidenta de México echó por tierra la estrategia de "abrazos, no balazos" que pregonó López Obrador. Sin duda hubo un cambio en la política de seguridad y Omar García Harfuch se convirtió en uno de los personajes políticos más distinguidos del gabinete. Por ello, más allá de la percepción de inseguridad que declara la mayoría de los mexicanos, el oficialismo no deja de presumir la reducción de los asesinatos dolosos cometidos durante los meses que lleva Sheinbaum en el poder. Sin embargo, la ejecución del Presidente Municipal de Uruapan, Carlos Alberto Manzo Rodríguez, afectó la estrategia gubernamental y provocó una nueva forma de protesta que rebasó las fronteras michoacanas. A estas alturas no sorprende que el discurso oficial insista en culpar al pasado, en especial a Felipe Calderón Hinojosa, de todos los males vinculados con la violencia. Al igual que López Obrador, la voz mañanera insiste en polarizar, denostar a los críticos y medios de comunicación, y construir una concepción de "la derecha y ultraderecha", incluso internacional, como las orquestadoras de toda protesta contra el gobierno.

En los primeros meses del año, la Presidenta ganó un relativo prestigio por haber manejado con inteligencia las presiones del presidente estadounidense Donald Trump, vinculadas con la imposición de aranceles y la declaración de los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas. Difícilmente conoceremos los términos de aquellas negociaciones, pero algo saldrá a la luz cuando se revise el tratado de libre comercio el próximo año.

Este 2025 cierra también con una creciente percepción de corrupción en el gobierno, las encuestas así lo indican, aunque la popularidad de la presidenta se mantiene alta. En este caso no surten efecto las declaraciones en la "mañanera" cuando se refiere a la corrupción del pasado, sin embargo, una parte del pueblo perdona los excesos a cambio de los programas sociales y los aumentos de salarios que han desarrollado los gobiernos a partir de 2018.

Al inicio de este año escribíamos sobre el entorno de incertidumbre que se vislumbraba para 2025. Hoy esa incertidumbre adquiere un nuevo carácter por la conflictividad con la que cierra este ciclo. Las protestas por diversas causas, incluida la de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), junto con las movilizaciones contra la inseguridad, evidencian que se han multiplicado los frentes abiertos y las diferencias internas en el equipo morenista.

Profesor Investigador de la Escuela de Ciencias Sociales y Gobierno del Tecnológico de Monterrey.
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