Expediente Abierto
► Espacio Público ♦ Opinión
“Crecí en el mar y la pobreza me fue fastuosa; luego perdí el mar y entonces todos los lujos me parecieron gris, la miseria es intolerable. Aguardo desde entonces. Espero los navíos que regresan, la casa de las aguas, el día límpido.” (El verano, Albert Camus, 1954).
Las ciudades crecen, la vivienda se multiplica y, dadas las pequeñas dimensiones de lo que se oferta para vivir, las personas quedan atrapadas en un espacio mínimo donde el desarrollo humano se ve mermado.
El danzón se ejerce en menos de un metro cuadrado. Para una fiesta con 50 invitados, la pista de baile debe tener una dimensión de 20 metros cuadrados. De acuerdo con información del gobierno la Ciudad de México, en 2021, cada habitante contaba con 10.6 metros cuadrados de espacio público (EP) para ejercer su libertad y derecho; para el goce, disfrute y convivencia, y para mirar, caminar y, también, bailar. (Metros cuadrados de espacio público por colonia de la Ciudad de México, IPDP, 2025).
En la Ciudad de México hay alcaldías que cuentan con mayor proporción de espacio público —como Cuauhtémoc, Coyoacán, Benito Juárez y Miguel Hidalgo—, y otras con muy poco, como Milpa Alta. Por ello, y debido a la concentración de espacios de recreación y comercio, muchas personas acuden a la zona central.
¿Son suficientes 10 metros cuadrados de EP por persona? Sí, pero el problema es que gran parte de ese espacio se encuentra ocupado, deteriorado u olvidado, lo cual reduce considerablemente las oportunidades de uso.
En las grandes ciudades, el espacio público tiene una importancia radical para el desarrollo humano, siempre que esté libre, conservado, con mantenimiento y orientado a potenciar las capacidades y ejercicio de los derechos de las personas.
Dentro del conjunto de elementos que permiten desarrollar dichas capacidades, el espacio público acerca a las personas a ecosistemas resilientes y prósperos, transmite educación sobre el cuidado de la ciudad, genera disponibilidad para la práctica del deporte y el esparcimiento —herramientas clave para la salud física y emocional—, y posibilita el disfrute de espectáculos culturales, entre otros beneficios.
En el espacio público se ejercen derechos, se fomenta la convivencia y participación ciudadana, se fortalece la pluralidad, se reducen desigualdades (todos somos iguales), se elimina la discriminación y se transforma la percepción de inseguridad, especialmente para niños y adolescentes.
Décadas atrás, el espacio público era percibido solo como un elemento más dentro del desarrollo humano; hoy, es un factor fundamental.
Los gobiernos de distintos órdenes trabajan constantemente en su recuperación y transformación, pero hay un elemento que suele fallar: el deficiente mantenimiento y conservación, que impide su uso continuo y seguro por parte de la ciudadanía.
En el espacio público, las metodologías de seguridad deben apuntar a preservarlo y mantenerlo, con el fin de reducir preocupaciones y creencias negativas, abordar la dimensión emocional de las violencias, y permitir evaluar y reconocer riesgos de inseguridad.
El espacio público es un pilar para el ejercicio de capacidades y derechos, para la recuperación del tejido social, para el fortalecimiento de ciudades resilientes y, también, para bailar lo que se nos antoje.
*Analista político, asesor y consultor en política y políticas públicas.

