Expediente Abierto

► Movilidad Integral ♦ Opinión

La Copa Mundial de la FIFA 2026 no solo representa una fiesta deportiva global; es, sobre todo, una prueba de estrés urbano para las ciudades sede: Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. La movilidad será el termómetro que medirá nuestra capacidad de organización, coordinación y visión de largo plazo. Si no actuamos con anticipación, el riesgo es claro: congestión extrema, saturación del transporte público y una experiencia negativa tanto para visitantes como para residentes. Si los gobiernos locales gestionan correctamente, este evento puede convertirse en catalizador de una transformación estructural en nuestras ciudades.

El primer paso es reconocer que la movilidad durante el Mundial no debe abordarse como un operativo temporal, sino como una estrategia integral de gestión urbana. Las sedes mexicanas ya asumen retos significativos: la Ciudad de México enfrenta alta densidad y demanda histórica; Guadalajara opera un sistema de transporte en transición, y Monterrey mantiene una fuerte dependencia del automóvil. Estos retos estructurales experimentarán un incremento masivo de desplazamientos en periodos cortos y concentrados.

Prevenir el colapso implica actuar en tres niveles. En el operativo, es indispensable implementar sistemas de gestión de tráfico en tiempo real, carriles exclusivos para transporte público y rutas especiales para eventos. La coordinación interinstitucional entre gobiernos locales, federal y organizadores será clave. Deben reforzarse los sistemas de transporte masivo con horarios extendidos, mayor frecuencia y estrategias de intermodalidad eficientes.

En el nivel informativo, la comunicación será determinante. No basta con tener infraestructura, es necesario que las personas sepan cómo utilizarla. Las autoridades requieren de campañas de información claras, multilingües y accesibles que orienten a visitantes y residentes sobre rutas, horarios, alternativas de movilidad y restricciones vehiculares. Plataformas digitales, señalización urbana inteligente y aplicaciones móviles deben integrarse en una sola narrativa: moverse fácil, seguro y sin necesidad de automóvil.

El tercer nivel, quizás el más estratégico, es el cultural. El Mundial representa una oportunidad única para cambiar hábitos de movilidad. Es necesario incentivar el uso del transporte público, la movilidad activa y los sistemas compartidos. Esto implica no solo infraestructura, sino también mensajes contundentes: moverse en transporte público no es una limitación, sino una forma más auténtica de vivir la ciudad.

Aquí surge una oportunidad extraordinaria: comunicar quiénes somos como país a través de nuestra forma de movernos. A los millones de visitantes que llegarán, debemos ofrecerles algo más que estadios: una experiencia urbana organizada, sostenible y hospitalaria. Mensajes como "México se mueve contigo", "Descubre la ciudad a pie o en transporte público" o "Viaja como local" pueden posicionar una narrativa contemporánea y positiva.

En la Ciudad de México, esto puede traducirse en potenciar el Metro, Metrobús y Ecobici como símbolos de una metrópoli dinámica. En Guadalajara, en consolidar el tren ligero y los corredores de movilidad como ejes de integración urbana. En Monterrey, en impulsar un cambio cultural hacia el transporte público y la movilidad compartida.

El verdadero legado del Mundial no estará en la infraestructura temporal ni en la derrama económica inmediata, sino en la capacidad de transformar la movilidad urbana de manera permanente. Si logramos que más personas adopten alternativas sostenibles, que las ciudades mejoren su gestión y que la experiencia urbana sea positiva, habremos ganado mucho más que un torneo.

*Presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano de México.