Expediente Abierto

► Educación Pública ♦ Opinión

La educación es el motor más potente para transformar realidades, cerrar brechas de desigualdad y abrir puertas hacia un futuro lleno de oportunidades para la juventud. En este camino, resulta indispensable comprender la estrecha relación entre el progreso socioeconómico de una nación —reflejado en el producto interno bruto (PIB)— y las posibilidades de aprendizaje que cada comunidad recibe. Un crecimiento económico sólido y sostenido se fortalece mediante una inversión decidida en el capital humano desde los primeros años. En este marco, la acción educativa a nivel municipal adquiere una relevancia estratégica e impostergable para impulsar el talento de las nuevas generaciones.

Aunque los gobiernos estatal y federal definen las grandes directrices en la materia, los municipios y ayuntamientos representan el primer contacto con la ciudadanía. Por ello, poseen un margen de influencia directa en los espacios de formación cotidiana de la niñez. Desde la construcción y rehabilitación de planteles escolares, la garantía de servicios digitales y la seguridad en las zonas circundantes, hasta los programas de apoyos estudiantiles, la formación docente y el establecimiento de alianzas estratégicas con universidades, empresas e instituciones civiles, las autoridades locales cuentan con herramientas clave para elevar la calidad formativa en su territorio.

En la actualidad, hablar de instalaciones escolares también implica considerar el equipamiento tecnológico. Según datos de la Comisión Nacional para la Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), destacados en el Informe Anual de UNETE, 6 de cada 10 escuelas públicas en el país carecen de computadoras destinadas a fines pedagógicos, y 8 de cada 10 no disponen de acceso a Internet. Esta brecha digital representa un área de oportunidad urgente para fortalecer las competencias del alumnado frente a las exigencias del siglo XXI.

Ante este reto, la suma de esfuerzos se convierte en la vía más efectiva. Así lo demuestra la experiencia de UNETE I.A.P., organización que ha mostrado cómo la articulación entre recursos tecnológicos y el Programa de Fortalecimiento Escolar (PFE) potencia el impacto transformador de la tecnología en el aula. Este programa va más allá de la entrega de dispositivos: ofrece capacitación continua, acompañamiento pedagógico en el aula y contenidos digitales adaptados. De esta forma, el PFE resulta fundamental para incrementar de manera significativa las habilidades digitales, la comprensión lectora, el pensamiento crítico y el trabajo colaborativo de maestros y estudiantes.

UNETE ha llevado su modelo integral a más del 50 por ciento de los municipios del país, lo que permite que planteles en diversos contextos geográficos y socioeconómicos accedan a herramientas innovadoras.

Evaluaciones de impacto respaldan la efectividad de este enfoque y muestran que el 89 por ciento del cuerpo docente capacitado incrementa sus habilidades digitales, lo que transforma el proceso de enseñanza en una experiencia interactiva y cercana.

Más que señalar deficiencias en algún rubro, el panorama nos convoca a mirar la formación académica como una tarea compartida entre los distintos sectores. Trabajar de manera colaborativa entre administraciones municipales, el ámbito empresarial local, las organizaciones de la sociedad civil y las familias permite potenciar al máximo las capacidades de la comunidad estudiantil.

Cuando un municipio une voluntades para fortalecer sus aulas, no solo invierte en ladrillos y pantallas, sino también en el talento, la dignidad y el futuro de su gente.

*Organización de la sociedad civil sin fines de lucro con más de 26 años de experiencia en la introducción de tecnología en los procesos de enseñanza y aprendizaje de las escuelas públicas de México.