VINO, EL IMPULSOR QUE TRANSFORMA

 

Un modelo de gestión sin borrón y cuenta nueva que convirtió a la industria vitivinícola en un motor económico

 

Por Martha Mejía
FOTOS: CORTESÍA DEL GOBIERNO MUNICIPAL DE QUERETARO

Reconocido internacionalmente por su riqueza histórica, arquitectónica y cultural, San Miguel de Allende ha diversificado su oferta turística para convertirse en un motor sólido de desarrollo económico. A la tradicional vocación patrimonial del municipio se sumó una estrategia transversal que integra gastronomía, hospitalidad, bodas destino y una creciente industria del vino.

Esta visión ha atraído inversiones y ha creado empleos clave, por lo que la ciudad fue reconocida como Mejor Región Vitivinícola de México 2026. Con este premio, otorgado por la revista Food and Travel, el destino consolidó aún más su potencial sin perder su identidad.

Del patrimonio a la competitividad 

San Miguel de Allende ha impulsado su liderazgo turístico mediante una estrategia clave: aprovechar su riqueza histórica para detonar el desarrollo económico. En lugar de lanzar acciones aisladas, el gobierno municipal apostó por una planeación a largo plazo. Este modelo conecta activamente al sector público, la iniciativa privada y los prestadores de servicios para elevar la competitividad local y generar beneficios directos para la población.

Para el Presidente Municipal Mauricio Trejo Pureco, uno de los principales factores del éxito ha sido dar continuidad a los proyectos que han demostrado resultados. "Las administraciones deben tener la capacidad de innovar, pero también de fortalecer proyectos exitosos sin empezar de cero cada tres años", afirma.

Esa estabilidad, explica, permitió atraer nuevas inversiones, robustecer la cadena de valor y fortalecer un ecosistema en el que participan productores vitivinícolas, hoteles, restaurantes, operadores turísticos, artesanos y pequeñas empresas vinculadas al sector.

Desde la perspectiva técnica, Tania Castillo de la Peña, titular de Turismo y Desarrollo Económico municipal, señala que la clave consistió en replantear el papel del enoturismo dentro de la política pública local. "El primer paso fue reconocer que la actividad vitivinícola no debía entenderse únicamente como un esfuerzo agrícola o turístico, sino como una política transversal de desarrollo económico con capacidad para articular distintos sectores productivos", explica.

Con esa visión, el municipio realizó un diagnóstico para identificar el potencial de la región. Se tomaron en cuenta factores como las condiciones climáticas, la ubicación geográfica, la infraestructura existente y el reconocimiento internacional que ya respaldaba a la ciudad como destino cultural. A partir de ese análisis, se integraron áreas enfocadas en turismo, desarrollo económico, desarrollo rural, cultura, planeación, desarrollo urbano y servicios públicos, para construir una estrategia que trascendiera la simple promoción.

Castillo de la Peña destaca que este trabajo permitió establecer mecanismos permanentes de coordinación con vitivinicultores, hoteleros, restauranteros, organizadores de eventos y operadores turísticos; de esta forma, se estableció una oferta conjunta capaz de responder a las nuevas tendencias del mercado. El resultado fue una política pública que, en lugar de concebir al vino como un producto aislado, comenzó a integrarlo de forma orgánica en la gastronomía, la cultura, la hospitalidad y el patrimonio histórico.

La vid como motor de desarrollo

La consolidación del enoturismo en San Miguel de Allende no se explica únicamente por el crecimiento de sus viñedos, sino también por la capacidad para estructurar una red de actividades que beneficia a múltiples eslabones productivos. Para Tania Castillo, el punto de partida fue replantear la relación con los empresarios.

"La estrategia parte de un modelo de gobernanza colaborativa, donde el gobierno municipal actúa como un facilitador y articulador entre los distintos actores que integran la cadena de valor turística", explica la funcionaria. Bajo este esquema de corresponsabilidad, se establecieron mesas permanentes de trabajo con asociaciones de hospedaje, restauranteros, vitivinicultores, coordinadores de eventos, operadores turísticos y representantes del sector rural.

El objetivo común: diseñar campañas conjuntas, fortalecer la comercialización de experiencias y posicionar a la región de San Miguel de Allende como un destino integral.

Actualmente, la demarcación cuenta con un rango de 13 a 15 viñedos activos que respaldan más de 70 etiquetas de vino de alta calidad. Los complejos vitivinícolas registran una media de 15 mil visitantes anuales cada uno, con producciones que oscilan entre las 30 mil y 50 mil botellas por bodega cada año. "También fortalecimos la promoción turística en mercados nacionales e internacionales, apostando por un turismo de mayor calidad, con mayor permanencia y mayor capacidad de consumo, en lugar de privilegiar únicamente el volumen de visitantes", agrega Castillo de la Peña.

San Miguel de Allende fortaleció su oferta turística al ser reconocida como la Mejor Región Vitivinícola de México 2026
La región cuenta con 15 viñedos y más de 70 etiquetas de vino, integradas a una estrategia de desarrollo económico
Cada viñedo genera entre 60 y 100 empleos directos y hasta 200 indirectos, impulsando la economía regional

"Las administraciones deben innovar, pero también fortalecer proyectos exitosos sin empezar de cero cada tres años."

Mauricio Trejo Pureco

Mauricio Trejo Pureco

Presidente Municipal de San Miguel de Allende, Gto.

Asimismo, el impacto social es inmediato: cada proyecto genera entre 60 y 100 empleos directos, además de hasta 200 puestos indirectos que dinamizan la economía regional. Castillo de la Peña señala que el impacto va más allá de los productores de vino. Cuando un visitante recorre la Ruta del Vino, también gasta en transporte, hospedaje, artesanías y restaurantes, lo que resulta en derrama económica hacia los pequeños negocios locales. "El enoturismo dejó de ser una actividad aislada para convertirse en un motor de desarrollo que genera valor agregado para distintos sectores", sostiene.

Trejo Pureco coincide en que el verdadero éxito del modelo radica en democratizar las ganancias del turismo. "Cada boda destino, por ejemplo, moviliza transportistas, floristas, músicos, fotógrafos, artesanos y decenas de microempresas. El turismo funciona como una gran cadena económica donde prácticamente todos encuentran oportunidades", afirma. Para el Presidente Municipal, la meta final es que esta expansión turística rompa los límites del Centro Histórico, permee en las comunidades rurales y robustezca de forma duradera el ingreso de las familias.

Una estrategia con visión de futuro

La distinción otorgada por Food and Travel como Mejor Región Vitivinícola de México 2026 confirma el posicionamiento de San Miguel de Allende. Este logro fue construido a partir de una estrategia que combina patrimonio, gastronomía, hospitalidad y enoturismo; todos estos elementos fortalecen la competitividad y diversifican la economía local.

El municipio recibe aproximadamente 2.15 millones de visitantes al año y forma parte de un sector que produce alrededor de 1.6 millones de botellas de vino anuales.

A ello se suma una derrama económica que, a nivel estatal, supera los 600 millones de pesos al año, impulsada por las vendimias, la oferta culinaria y el turismo de alto valor. Sin embargo, la rápida expansión también plantea desafíos complejos.

El crecimiento exige robustecer la infraestructura urbana, optimizar la movilidad, asegurar los servicios públicos, ordenar el desarrollo territorial, y preservar el entorno cultural y natural. Para atender estos retos, el gobierno local ha invertido en rehabilitación vial, señalética turística, rescate de espacios públicos y acciones de conservación, procurando que el desarrollo económico avance bajo estrictos criterios de sostenibilidad.

La siguiente etapa, explica el alcalde Trejo Pureco, consiste en consolidar la Ruta del Vino, atraer inversiones responsables, potenciar el turismo rural, e incorporar innovación tecnológica y ambiental a la oferta con la que hoy día cuenta San Miguel de Allende.