A cuarenta años de Chernóbil: prohibido olvidar

por | May 27, 2026 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

Por Alfredo Trujillo Betanzos.

Cuarenta años después del desastre de Chernóbil, la tentación de reducirlo a una tragedia del pasado sigue siendo fuerte. Sin embargo, su relevancia radica en lo que revela sobre la naturaleza humana, las instituciones y los sistemas que construimos.

Debemos ser consientes de que más que un accidente técnico, fue el resultado de fallas estructurales profundas por parte del Estado Soviético. Comprenderlas no es un ejercicio histórico, sino una necesidad ética y estratégica en un mundo que sigue dependiendo de la energía nuclear.

La explosión del reactor número cuatro, en abril de 1986, no puede explicarse únicamente como un error operativo. Como documenta Adam Higginbotham en Midnight in Chernobyl, lo ocurrido fue la culminación de negligencias que atravesaban todo el sistema soviético. Desde el diseño defectuoso del reactor RBMK hasta una cultura que premiaba la obediencia sobre el cuestionamiento, el desastre estaba latente.

La negligencia no se limitó a la planta. El programa nuclear soviético, desde los años cincuenta, operó bajo opacidad, presión política y estándares inconsistentes. Kate Brown, en Manual de supervivencia, señala que los médicos soviéticos acumulaban experiencia en tratar radiación no por desarrollo planificado, sino por la frecuencia de accidentes. Este dato revela una inquietante normalización del riesgo.

Foto: https://spain.mfa.gov.by

Si la negligencia explica el origen, el dolo explica la magnitud. La reacción inicial del Estado estuvo marcada por el encubrimiento. Svetlana Alexiévich, en Voces de Chernóbil, documenta cómo la KGB confiscaba cámaras y restringía información. Se intentó controlar la narrativa en lugar de enfrentar la realidad, comprometiendo la respuesta local e internacional.

Este patrón no es exclusivo de la URSS. Brown advierte que, tras un accidente en Japón décadas después, también hubo intentos del gobierno en turno por minimizar la información para proteger la producción energética y el orgullo nacional. Cuando los sistemas privilegian la apariencia de control sobre la transparencia, el riesgo se multiplica.

La transparencia gubernamental no es un lujo democrático ni un simple requisito administrativo. En sectores estratégicos —como energía, salud o infraestructura— constituye un mecanismo esencial de protección social. Cuando el Estado oculta información crítica, la ciudadanía pierde la posibilidad de tomar decisiones informadas y las instituciones comienzan a degradarse desde dentro.

El problema del sistema soviético no fue únicamente la existencia de errores, sino la imposibilidad estructural de reconocerlos públicamente. La opacidad era parte de su funcionamiento cotidiano. En un entorno donde cuestionar podía interpretarse como deslealtad política, los incentivos favorecían el silencio antes que la corrección. Chernóbil demostró que un gobierno puede volverse especialmente peligroso cuando privilegia la preservación de su imagen sobre la verdad.

Desde una lectura ESG, Chernóbil resulta paradigmático. En lo ambiental, evidenció que la energía nuclear, aunque eficiente, implica riesgos de escala global. Un accidente en cualquier lugar es, en los hechos, un accidente para todo el mundo.

En lo social, el costo humano fue devastador: desplazamientos, enfermedades y ruptura del tejido comunitario. La falta de información agravó el daño al impedir decisiones informadas.

En gobernanza, el caso muestra lo que ocurre sin controles, rendición de cuentas ni transparencia. La concentración de decisiones y la ausencia de supervisión crearon un entorno donde el error no solo era posible, sino probable.

La conclusión es incómoda: el problema no fue la energía nuclear en sí, sino su gestión gubernamental. Renunciar a ella no es necesariamente viable en la transición energética. Pero continuar sin aprender sería una irresponsabilidad.

La lección es clara: la tecnología más avanzada puede volverse peligrosa en manos de sistemas estatales deficientes. Y, como advierte Manual de supervivencia, el enemigo principal no es la radiación, sino la ignorancia.

En conclusión, Chernóbil no debe recordarse solo como tragedia, sino como advertencia. Los criterios ESG no son una moda, sino una respuesta a errores históricos. Implican reconocer que toda decisión tecnológica genera consecuencias y que la responsabilidad no termina en la creación.

A cuarenta años, el mayor riesgo no es repetir el accidente, sino olvidar sus causas. La memoria es prevención. Ya que, como escribió Mario Benedetti: “porque es mejor llorar que traicionarse, llora, pero no olvides.”

Redacción Alcaldes de México

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