Crónica de una estrategia fallida

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Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Autor de los libros: «2006: El año del complot» y «2012: Reflexiones sobre el proceso electoral», actualmente se desempeña como académico de la FCPyS/UNAM. También es colaborador de la Revista Zócalo y Antena Radio. twitter Twitter

“Las personas que deben cuidar la comunicación institucional del gobierno nuevamente se ven ajenas a las problemáticas sociales que enfrentan todos los días los mexicanos”.

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Durante la ceremonia de promulgación de las leyes del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), celebradas el 18 de julio, el presidente de México, Enrique Peña, señaló que ante la indignación ciudadana por la proliferación de la corrupción, es imperativo ser autocríticos y vernos en el espejo, ante ello no dejó de hacer alusión al caso de la llamada Casa Blanca donde reconoció “sentí la irritación de los mexicanos. La entiendo perfectamente; por eso, con toda humildad les pido perdón”.

El perdón que ofreciera el presidente dejó en claro dos situaciones. La primera, busca a todas luces revindicar su imagen ante la opinión pública, más cuando EPN ha sido el presidente peor evaluado desde el gobierno de Ernesto Zedillo.

Segunda, la disculpa también vino acompañada con aires de buscar redimir la imagen de todo el priismo, el cual tras las elecciones de este 2016 resultó ser el partido que más votos perdiera, y con ello EPN y todo el priismo están conscientes que si requieren ganar las elecciones presidenciales de 2018 deben hacer algo, y con ello cambiar las percepciones del electorado.

Continuando con la línea argumentativa, el presidente tiene razón al decir durante este mismo acto lo siguiente: “este asunto (la Casa Blanca) me reafirmó que los servidores públicos, además de ser responsables de actuar conforme a derecho y con total integridad, también somos responsables de la percepción que generamos con lo que hacemos, y en esto, reconozco, cometí un error”. Y en efecto cometió un error, al no cuidar nuevamente la comunicación que emite hacia la sociedad mexicana.

Peña Nieto y su equipo de asesores pensaron que con ofrecer una disculpa la opinión pública se transformaría automáticamente, olvidando que la construcción del sentir de la sociedad no puede hoy en día construirse a base de spots, expresiones de comentaristas, y mucho menos con la ayuda de los medios masivos de comunicación.

Sobre todo porque las redes sociales e internet han permitido el intercambio de información que los medios tradicionales antes no lo permitían, así que estos espacios se han vuelto por excelencia el medio idóneo para recolectar el sentir de la sociedad, la cual no ha desaprovechado la oportunidad para mofarse de la disculpa que ofreciera el presidente.

Sin embargo las declaraciones que el presidente ofreciera el 18 de julio, se contradicen a la serie de declaraciones que emitiera para el periódico La Jornada y publicadas el 23 de mayo, porque el mandatario manifestó que no encontraba motivos para el mal humor social, olvidando que el combate al crimen organizado se ha convertido en un problema ya de su gobierno, las llamadas reformas estructurales no beneficiaron a la sociedad como lo prometieron, y de igual forma la economía se ha visto afectada por el constante aumento del precio del dólar.

Con ello las personas que deben cuidar la comunicación institucional del gobierno nuevamente se ven ajenas a las problemáticas sociales que enfrentan todos los días los mexicanos, y con ello estos ejemplos muestran la fallida estrategia comunicativa del gobierno del presidente de la República.

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