El tratado de libre comercio se define en las ciudades

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Ha tenido una intensa y amplia experiencia en el manejo de asuntos corporativos y comunicación en los sectores gubernamental y empresarial de México y América del Norte. Es Licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y Maestro en Ciencia Política por la Universidad de California en Berkeley. Ha sido condecorado por los gobiernos de Brasil y Chile.

Además de negociar con funcionarios del gobierno de Donald Trump y acercarse a los 535 congresistas en el Capitolio, México tiene que movilizar a los numerosos grupos estadounidenses que se han beneficiado del TLCAN.

A Tip O´Neil, un famoso congresista que llegó a ser Presidente del Congreso de Estados Unidos, se le atribuye la frase ”toda política es local”. Cuando México negoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, entre 1990 y 1993, tuvo que aplicar esa máxima para desarrollar una campaña de persuasión que asegurara la aprobación del tratado. Trabajar desde lo local implicaba ir más allá del Capitolio en Washington e influir en la opinión pública de los Estados Unidos en cada estado, ciudad y distrito electoral. Trabajar en lo local significaba convencer a los electores de cuyos votos dependía la reelección de los Congresistas estadounidenses.

En cada ciudad y distrito electoral se trabajó con instituciones y organizaciones que debido a su peso y representatividad podían generar corrientes favorables de opinión. El gobierno de México identificó a los principales líderes políticos y sociales y les proporcionó información sobre el tratado que tuvieran resonancia en sus localidades. En Columbus, Ohio, se hablaba sobre las exportaciones de maquinaria; en Seattle, Washington, las de manzana; en Detroit, Michigan, de los beneficios para la industria automotriz; en Topeka, Kansas, o Des Moines, Iowa,  de la exportación de cereales y alimentos.

México trabajó con cámaras de comercio, asociaciones de industriales y agricultores, profesores universitarios, organizaciones de la comunidad mexicana y latina, así como con medios de comunicación en Estados Unidos, a los que comunicó que el TLCAN ayudaría a crear empleos, aumentar la exportación de productos o servicios a México, impulsar la inversión y la productividad y reducir problemas comunes entre México y Estados Unidos como la migración y el narcotráfico.

Este trabajo permitió crear un ambiente propicio en ciudades y distritos electorales para que los congresistas se inclinaran a favor del TLCAN sin temer a represalias graves por parte de sus electores.

La renegociación del TLCAN hoy presenta un reto similar para México. Además de negociar con funcionarios del gobierno de Donald Trump y acercarse a los 535 congresistas en el Capitolio, México tiene que movilizar a los numerosos grupos estadounidenses que se han beneficiado del TLCAN. Pero hoy México tiene más aliados y mejores argumentos a favor del tratado que en 1990. Ese año el comercio bilateral sumaba alrededor de 60 mil millones de dólares mientras que en 2016 alcanzó más de 500 mil millones. Hoy hay más turistas que visitan México, más estudiantes especializados en actividades detonadas por el TLCAN, más empresas integradas en cadenas de suministro de manera binacional, más granjeros vendiendo granos y alimento. Comunicar cuántos negocios, instituciones, empleos de miles de ciudades y comunidades de Estados Unidos están ligados al tratado es la segunda tarea más importante del gobierno mexicano después de la negociación misma.

Por eso, en 2017, la renegociación del TLCAN también debe pelearse, y ganarse, en las ciudades.

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