Entre municipios, y dentro de ellos, también hay muros

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Es periodista en Michoacán, catedrático de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Contemporánea de las Américas en Uruapan, especialista en periodismo político, miembro de la Asociación Nacional de Locutores de México.

Por lejano que parezca, los muros están más cerca de lo que parece. Nos quejamos de Donald Trump y de sus aberrantes políticas, pero el demonio también está en casa, y de ese nadie habla.

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Santa Fe, Ciudad de México / Johnny Miller / Thomson Reuters Foundation

Me refiero en concreto a los muros entre los municipios y dentro de ellos, muros que no vemos, pero que corrompen el tejido social. Muros que no cuestan dinero pero cuestan vidas y desarrollo. Muros que sí pagan los ciudadanos, principalmente los menos favorecidos en la economía.

Me atrevo a enumerar algunos de esos muros que existen, pero de los que nadie habla:

  • Municipios que censuran a otros, por sus problemas de seguridad.
  • La mano de obra indígena, en muchos casos llega a ser prioridad, sólo porque les puede resultar más económica.
  • Dividir drásticamente las ciudades por zonas habitacionales de acuerdo a su nivel económico; y tenemos en los cerros los cinturones de pobreza, mientras que en otros puntos difícilmente les faltará el agua y los servicios básicos.
  • Discriminar en ciertos comercios y plazas a personas, por su apariencia o nivel económico.
  • Que los ciudadanos prefieran consumir en negocios de procedencia extranjera, que en locales, sólo porque les significa “más prestigio”.
  • Que los impuestos sean flexibles para la clase empresarial, y para la trabajadora sean rigurosos.

Puedo continuar con más, sin embargo quiero recalcar que es lamentable cómo las políticas públicas, de no pocos ayuntamientos, van encaminadas a recalcar esas divisiones y a crear otras tantas nuevas que le restan a la estabilidad de sus gobiernos, si es que las tienen.

Construyen centros culturales en las zonas pobres, porque es “donde les falta cultura”, y colocan mayor seguridad en las zonas ricas. Esos muros son los que primero debemos derribar antes de indignarnos por el que quiere construir Trump, que tiene mucho reto de ingeniería, más que reto intelectual.

Pocos alcaldes quitan los muros de sus municipios, pocos, muy pocos, porque algunos les sirven para que su partido se “posicione” mejor hacia el siguiente proceso electoral. ¡Qué lástima!

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