Fallas geológicas y fallas sociales

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Sobre los autores: Tonatiuh Suárez-Meaney es Mto, en Urbanismo. Lic. en Asentamientos Humanos, Criminologìa-Criminalística. y estudiante de matemáticas. Responsable de Análisis Espacial (Unidad Gits-IG-UNAM), y coordinador de modelación (Geoestrategias). Profesor de geoestadística (UAEMEX); Israel Albarrán es Coordinador de Proyectos Especiales de Geoestrategias; Arturo Cervantes es Profesor titular, Cátedra en Salud Pública de la Facultad de Ciencias de la Salud, de la Universidad Anáhuac; Luis Chías Becerril es Doctor en Geografía Université de Toulouse - Le Mirail, Francia. Maestro y licenciado en Geografìa UNAM. Profesor - Investigador de tiempo completo del Instituto de Geografìa de la UNAM. Coordinador general de la Unidad Gits-IG-UNAM.

Vas con un terremoto dentro de ti.

Pero ni un gato ni un moscón te acompañan.

Juan Emar

Aunque la ciencia sísmica aun no puede predecir, sabe lo suficiente para poder prevenir algunos de los efectos de los sismos. Para aprovechar la ciencia se requiere conservar la memoria de la triste experiencia.                    

Tras el sismo de 1985, hubo un cisma en la sociedad mexicana, aunque no tan grande como para transformarnos lo suficiente. Quizá por desmemoria, y porque las prioridades económicas fueron mayores que las sociales.

La memoria de Melitón

Sería un contrasentido predecir un cumpleaños. Nuestro escritor prodigio, Juan Rulfo[1], en cierta forma predijo no solo la fecha del temblor, sino también “la fiesta” del temblor:

—Esto pasó en septiembre. No en el septiembre de este año sino en el del año pasado. ¿O fue el antepasado, Melitón?
—No, fue el pasado.
— Sí, si yo me acordaba bien. Fue en septiembre del año pasado, por el día veintiuno. Óyeme, Melitón, ¿no fue el veintiuno de septiembre el mero día del temblor?
—Fue un poco antes. Tengo entendido que fue por el dieciocho.
—Tienes razón. Yo por esos días andaba en Tuzcacuexco. Hasta vi cuando se derrumbaban las casas como si estuvieran hechas de melcocha; nomás se retorcían así, haciendo muecas y se venían las paredes enteras contra el suelo.

Aceptando el margen de error implícito, es sorprendente la coincidencia de la fecha, -entre el 18 y el 21 de septiembre-, más si consideramos que Rulfo atinó dos veces (1985 y 2017). Si la predicción de la fecha nos deja callados, la predicción de la conducta humana, de la “fiesta” del temblor, debería dejarnos helados.

Las personas, como Melitón, se acuerdan de cosas de los sismos y van olvidando otras. Esto va generando una especie de “sismología popular” que al menos en la ciudad de México, antes de 1985, se instruía en los hogares de forma más bien torpemente, como una serie de consejas: “más o menos cada 30 años tiembla fuerte”, “es bueno que tiemble de vez en cuando y así se libera energía y ya no tiembla tan feo” (como si la naturaleza la conciencia social que ni los humanos tenemos), “hay que ponerse debajo de los marcos de las puertas”; también, se presumía que en Yucatán no temblaba: “si se acaba el mundo, yo me voy a Mérida”, pero el sismo del 7 de septiembre fue sentido fuertemente en la zona maya después de casi un siglo de que no sintieran fuerte sismo alguno; también se decía que temblaba más en temporada de lluvias por la dilatación de los materiales del suelo, con el cambio de temperatura.

Hoy los sismólogos nos ofrecen información que, con certeza, contradice muchas de esas “enseñanzas”:

  • Lo más importante es que no sabemos cuándo va a temblar
  • La energía liberada sumada de algunos sismos pequeños, no resulta ser suficiente para liberar la misma que uno grande, justo por eso se miden en escala logarítmica.
  • Aunque en las edificaciones de adobe colapsadas el marco es lo que normalmente sobrevive, en las de concreto puede ser uno de los lugares más inseguros.
  • Las frecuencias de los principales sismos modernos en México (según el anexo de la Wikipedia[i]) –como lo muestra la tabla 1- no muestran una temporada significativamente de mayor incidencia y mucho menos sería ésta en los meses de lluvias de septiembre y octubre que están justo alrededor de la mediana (una prueba estadística muy simple lo puede demostrar):

Tabla 1.

enero 14
febrero 9
marzo 10
abril 20
mayo 14
junio 13
julio 9
agosto 10
septiembre 11
octubre 10
noviembre 6
diciembre 5

Que los sismos más fuertes de la historia de la Ciudad de México y de otras localidades hayan sido el mismo día, es tan coincidente como que el devastador terremoto de Coquimbo (Chile, 2015) haya sido el 18 de septiembre y que la calle más afectada del norte de la ciudad de México, en Lindavista, durante el sismo del 19 de septiembre, se llame precisamente Coquimbo; que el terremoto de Managua (1972) haya sido en vísperas de navidad, o que en México (2014) nos haya azotado uno en semana santa; o que el peor terremoto en la historia (Valdivia, Chile; 1960), hubiera ocurrido un 22 de mayo, igual que el peor terremoto de China (1927); o que uno de los peores terremotos en Grecia fue también un 7 de septiembre pero de 1999.  De hecho, que ocurra en cualquier fecha, abona más a que son aleatorios, pues no respetan ninguna coincidencia ni prejuicios humanos[2].  Esas coincidencias ocurren, simplemente, porque hay montones de sismos.

Así que, si bien es sorprendente la capacidad “predictiva” de Rulfo, ahí donde la ciencia no puede hacer nada, es más sorprendente que Melitón no solo predice la fecha, sino que resulta tener buena memoria, y hasta se aprendió el discurso del gobernador que fue al pueblo a revisar los daños y narra cómo el terremoto acabó en fiesta de pueblo, donde dispendiaron todos los recursos en la recepción:

“La cosa es que aquello, en lugar de ser una visita a los dolientes y a los que habían perdido sus casas, se convirtió en una borrachera de las buenas. Con música y todo. El gobernador dio su discurso, del que Melitón se recuerda, letra a letra:
 “—Conciudadanos —dijo—. Rememorando mi trayectoria, vivificando el único proceder de mis promesas. Ante esta tierra que visité como anónimo compañero de un candidato a la Presidencia, cooperador omnímodo de un hombre representativo, cuya honradez no ha estado nunca desligada del contexto de sus manifestaciones políticas y que sí, en cambio, es firme glosa de principios democráticos en el supremo vínculo de unión con el pueblo, aunando a la austeridad de que ha dado muestras la síntesis evidente de idealismo revolucionario nunca hasta ahora pleno de realizaciones y de certidumbre.”— Allí hubo aplausos, ¿o no, Melitón?
—Si muchos aplausos. Después siguió:
“—Mi trazo es el mismo; conciudadanos. Fui parco en promesas como candidato, optando por prometer lo que únicamente podía cumplir y que, al cristalizar, tradujérase en beneficio colectivo y no en subjuntivo, ni participio de una familia genérica de ciudadanos. Hoy estamos aquí presentes, en este caso paradojal de la naturaleza, no previsto dentro de mi programa de gobierno…”

Y un hombre gritaba para todo lo que decía el gobernador “exacto, exacto”. Cuando lo quisieron callar, sacó la pistola y se armó un pleitazo. Entonces alguien pidió a la banda que tocaran el himno.  Y “se soltaron tocando el Himno Nacional con todas sus fuerzas” …” hasta que el catrincito que había hablado en un principio pidió silencio por las víctimas”

“Oye, Melitón, ¿por cuáles víctimas pidió él que todos nos asilenciáramos?”
—Por las del epifoco.”

Y luego todos siguieron bebiendo…

Si la predicción de la fecha, nos deja callados, la predicción de la conducta humana debería dejarnos helados. La tierra hace cita con nosotros, pero sin fecha, sabe que al fin y al cabo ahí tendremos que estar. Como en esas advertencias informales entre amigos que se encuentran en la calle de “entonces a ver qué día nos vemos”. La cita es con los efectos de las entrañas de la tierra, pero no necesariamente tiene que ser una cita con la muerte… a menos que la olvidemos.

Dice un proverbio japonés que uno se acuerda del último terremoto hasta que aparece el siguiente.  La mayoría de los psicólogos aceptan que uno olvida las cosas que le duelen, sin embargo, recordar es muy importante para aminorar el dolor futuro aun cuando los recuerdos resulten dolorosos. El personaje de Rulfo tiene buena memoria, se acuerda de los discursos y de las fechas. En realidad, la memoria es lo que nos puede salvar. Algunos antropólogos sostienen que la ventaja evolutiva del ser humano es precisamente la capacidad de tener memoria colectiva.

La memoria de la geología

Si olvidamos las cosas según nos duelan, la ciencia tiene algunos mecanismos para que lo emocional influya menos. Los geólogos almacenan cantidades gigantescas de datos de la actividad sísmica lo que les permite generar modelos complejos que miden el riesgo. Hoy en México y el mundo existe una sismología avanzada. Algunos documentos que nos ayudan a comprender estos fenómenos han circulado recientemente de manera amplia gracias a las redes sociales[3].

Aunque la ciencia no predice el día del sismo, como Melitón, en cambio, puede predecir los lugares donde sus efectos pueden ser mayores. Sabemos por ejemplo que sería improbable un sismo muy destructivo en Querétaro y otras ciudades del centro del país. Los sismólogos han trabajado mucho para conocer al respecto. Se sabe por ejemplo (aunque no hay total concordancia) en que tenemos cita con un gran terremoto con epicentro en la brecha de Guerrero (más cerca que el epicentro del terremoto de 1985), pero no sabemos cuándo. Aunque los geólogos y geofísicos puedan discutir al respecto y haya alguna lejana probabilidad de que la tierra nos dejase plantados con ese gran terremoto, nosotros tenemos que estar preparados para la cita.

También la ciencia nos ha hecho comprender que el riesgo no es el sismo, sino la relación entre el peligro sísmico y la vulnerabilidad humana. Por ejemplo, un mega sismo en el desierto es muy probable que no cause ningún destrozo más que en el paisaje, en cambio uno en una zona poblada mucho menor puede ser muy peligroso. Así, el peligro del sismo tiene que ver mucho con su intensidad, la distancia al epicentro, su magnitud y su profundidad.

Pero la vulnerabilidad tiene que ver con el tipo de suelo donde se haya de sentir, la altura del edificio y su calidad constructiva.

Ciudad vulnerable

Al ser tan variables estos factores en una ciudad como CDMX, la distribución de los daños no se focaliza en una sola área, sino que parece viajar por líneas. Si nos enfocamos al peor daño material que es un derrumbe, vemos un patrón como lo muestra el mapa 1, donde apreciamos la densidad de derrumbes a lo largo de la ciudad. Vemos que no se reparten aleatoriamente, sino que siguen algunas líneas generales. La mayor densidad se concentra más o menos entre Insurgentes y Cuauhtémoc. Y siguiendo la línea hacia el sur alrededor de División del Norte.

Mapa 1. Densidad de derrumbes por el sismo 19 septiembre 2017.

Fuente: Elaboración propia con datos proporcionados por el C5 del Gobierno de la Ciudad de México y diversas fuentes públicas, geo codificado mediante algoritmos de Google y QGis.

Los trabajos de los geofísicos, geólogos y sismólogos permiten saber porqué existe dicho patrón mediante los mapas de distribución de los riesgos sísmicos, como los que prepara Protección Civil a partir de la información científica, donde se pueden reconocer las zonas más vulnerables. El mapa 2 nos muestra a partir de dicha información el riesgo sísmico según edificaciones de distintas alturas y tipos de suelo. La ciudad se asienta, en general, sobre tres tipos de suelo, uno duro (lomas), uno blando (valle) y uno que es una mezcla (transición). Los efectos de estas características significan mayor o menor riesgo para las construcciones durante los sismos.

En el mapa la correlación de derrumbes y el riesgo para edificios de 6 a 10 pisos es asombrosa.

Mapa 2. Riesgo sísmico para edificaciones de distintos tipos de niveles según localización y suelo

Fuente: La capa de riesgo sísmico proviene de los estudios de Protección Civil de la Ciudad de México. Las localizaciones de los derrumbes del listado proporcionado por el C5 del Gobierno de la Ciudad de México. Representado mediante QGis.

Aunque no presentamos los mapas, es fácil imaginar el mapa de la destrucción del sismo de 1985, que corrió más por eje central hacia el centro y Tlatelolco, donde ocasiono los peores daños. Cada sismo es distinto porque tiene efectos de resonancia distintos y afecta más a distintos tipos de construcciones.

Pero no solo eso, los sismos también se especializan en destrucción específica de personas específicas. El sismo de 1985, afecto a todas las personas de la ciudad, pero sobre todo a las personas más pobres, costureras, trabajadores, vecindades y sitios muy vulnerables económicamente. En cambio, este sismo, ha afectado también a todos, pero, mientras que en las zonas rurales (incluso de la ciudad de México, como San Gregorio y otros pueblos de Xochimilco y Tláhuac) afectó más a la gente pobre, en la parte central de la ciudad de México, afectó de forma más específica a la clase media de mayor nivel, considerando las pérdidas de vidas, aunque en cuanto a número de viviendas destruidas, pudo ser tan grave en las zonas populares.

Los investigadores de mercado en México clasifican a los hogares en 6 niveles: AB, C+, C, D+, D y E. Donde AB reúne a los dos niveles más altos y se juntan porque el A es inaccesible. C+ es lo que vulgarmente se conoce como clase media alta y así hasta llegar al más bajo que es E que resulta marginal en el consumo. Los efectos más devastadores del sismo se dieron en zonas de nivel C+ y C. El mapa 3 muestra la correlación del nivel C+ con la densidad de derrumbes.

Las colonias en boga, de moda como Roma y Condesa, o emergentes como Narvarte o Portales, colonias tradicionales, donde existen todos los servicios, fueron las más afectadas. Donde las personas han pagado más que por una vivienda, por la marca que representa la zona. Donde se inflaron los precios de vivienda y oficinas y de un día a otro, los patrimonios valen menos que el día anterior. A los que mejor les fue, hicieron un mal negocio. 

Mapa 3. Derrumbes por zonas de nivel socioeconómico

Localización de derrumbes proveniente del C5 del gobierno de la Ciudad de México. Niveles socioeconómicos provenientes de Geoestratégicas, con clasificación numérica de nivel predominante.

El mapa 4, nos muestra algo que resulta muy asombroso. Aunque no en toda la ciudad ocurrieron derrumbes, si en toda la ciudad ocurrieron grietas y otro tipo de daños, no necesariamente estructurales. Sin embargo, la densidad de los mismos está muy concentrada en solo dos delegaciones, Benito Juárez y Cuauhtémoc, las delegaciones donde el valor inmobiliario creció artificialmente en pocos años, es donde se ha incrementado la densidad poblacional. Donde se encuentran colonias como la Condesa donde cualquier departamento o en un edificio viejo con rentas estratosféricas puede tener lista de espera de posibles inquilinos. La densidad de grietas es altísima, la zona de mayor intensidad tiene 5 grietas cada 100 hectáreas. 

Mapa 4. Grietas por hectárea

Localización de agrietamientos con datos del C5 del Gobierno de la Ciudad de México. Geo codificado mediante algoritmos de Google y de QGis.

Es muy pronto para saber si hubo mayor proporción de edificios nuevos o viejos dañados. Hay distintas versiones, pero si se considera que son muchos más los edificios viejos, al parecer la proporción será desfavorable para los nuevos. Lo que la gente compra al vivir o paga por despachar en las colonias del boom, en realidad no es el nombre de la colonia, si no la localización. El capital inmobiliario ha contribuido en expandir la ciudad a tal grado, que mucho tiempo que antes la gente destinaba a vivir, ahora lo tiene que destinar a viajar.

Empatía sísmica

Si bien es posible construir un edificio antisísmico en cualquier lugar de la ciudad, ¿de que servirá si el resto de la ciudad queda destruida? ¿De que servirá que toda la zona residencial de las Lomas y el Pedregal quedaren en pie luego de un sismo devastador, si deja de existir funcionalmente la ciudad? Una ciudad en ruinas no serviría a nadie.

El problema de la ciudad no se debe resolver incrementando el problema del riesgo sísmico. Los gobiernos, empresas y organizaciones se deben coordinar en verdaderas soluciones. Algunas ya se han implementado, como el gobierno electrónico o la educación a distancia, pero ¿Por qué nunca nos fijamos en otras posibilidades?

  • Así como hay no circula, puede haber horarios escalonados dependiendo del número de registro de la empresa. Algunas pueden comenzar a laborar a las 7, otras a las 8 y otras a las 9.
  • Puede haber incentivos para las empresas que promuevan el home office, al menos algunos días de la semana. Hoy con internet, esta posibilidad no es solo viable, es el futuro.
  • La descentralización efectiva de las Secretarías de Estado, a diferentes ciudades del país, según la especialización de las ciudades.

Estas medidas talvez no serían buenas para negocios inmobiliarios, pero si lo serían para mucha gente, sobre todo porque los negocios necesitan, ante todo, gente, pero viva, y debemos estar conscientes de que tenemos citas con futuros terremotos y no tienen que ser citas con la muerte.

[1] El día del derrumbe en “El llano en llamas”, de Juan Rulfo. México (1953).

[2] Aunque con la probabilidad clásica calcularíamos que la probabilidad de que dos hechos ocurrieran en la misma fecha sería de 1 entre varias decenas de millones, en realidad, con la probabilidad bayesiana, tendríamos que aceptar varios supuestos que nos llevaría a una probabilidad de solo centésimas. Esas coincidencias ocurren simplemente porque hay montones de sismos.

[3] Ver, por ejemplo http://www.huffingtonpost.com.mx/2017/09/22/el-sismo-de-2017-registro-mayor-intensidad-en-la-cdmx-que-el-terremoto-de-1985-segun-datos-de-la-unam_a_23219535/ – o –

http://www.nexos.com.mx/?p=33830 – o – http://www.centrogeo.org.mx/index.php/desplazamiento-en-la-cdmx-resultante-de-los-sismos-de-septiembre-de-2017 https://aria-share.jpl.nasa.gov/events/20170919-M7.1_Raboso_Mexico_EQ/interferogram/

[i] https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Terremotos_en_M%C3%A9xico

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