¡La basura, presidente!

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Los municipios con más de 100 mil habitantes tienen el reto de manejar correctamente sus residuos, pero ese reto se muestra imposible cuando los habitantes asumen un comportamiento de “cerdos”, y se ocultan bajo el “cumplimiento de sus impuestos”, en que es solamente tarea del gobierno municipal tener las calles limpias.

Uno de los negocios más lucrativos, sin duda es el de la basura; sin embargo pocas administraciones municipales lo han logrado aprovechar como es, pues carecen de políticas de separación de residuos, de un control en el concesionario de sus respectivos tiraderos, y peor aún, un servicio de recolección muy bien trazado para una realidad de hace 20 años. Por ello, lo que es necesario, ahora que la temática del medio ambiente ha tomado fuerza, es que los ayuntamientos generen una comisión especializada que encamine por buen rumbo el tratamiento de residuos.

La mayoría de las veces hablar del tema de privatización suena a entregarlo todo; sin embargo, en el tema de la basura, el privatizar los basureros, es, hoy por hoy una alternativa viable, pues un particular estará obligado a implementar un correcto servicio de recolección de basura, y aún más, generar energía de los desperdicios, reciclar, reutilizar o reducir: todo ello, casi nulo en los municipios de México.
Al referirme en que el reto de la basura es aun más importante con los municipios grandes, lo digo en la línea que los municipios pequeños no tienen siquiera un basurero propio y pagan una suma importante de dinero para que el vecino aledaño que sí cuenta con tiradero les reciba su basura.

Cada gobierno municipal tiene la obligación de hacer una recolección eficiente de la basura, pero los ciudadanos tienen la obligación de no renunciar a su naturaleza humana para convertirse en animales, y que dejen de tirar basura en la calle.

Cuando hablamos de contingencias, hablamos de irresponsabilidad; que si juntamos la irresponsabilidad del gobierno con el tema de la basura, con la de los ciudadanos que tiran a diestra y siniestra cuanto ya no les sirve a la calle, generamos un tapón que en tiempo de lluvias hablará por sí sólo, aunque los ciudadanos digan ¡maldito gobierno!.

¡La basura presidente!, invertir en plantas tratadoras de residuos sólidos no es un gasto, es una inversión, no sólo en lo económico, sino al rescate del medio ambiente, al desarrollo, a la generación de combustibles, de energía; entonces, ¿qué nos pasa?

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