La psicopolítica aplicada a un dilema de derechos humanos

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Es presidenta de la Organización No Gubernamental Y Quién Habla por Mí AC. Estudió ciencia política en el Tecnológico de Monterrey y se ha dedicado al fortalecimiento de políticas públicas, proyectos y legislación en materia de Derechos Humanos, especialmente en temas de seguridad, género y de protección de derechos de niñas, niños y adolescentes. twitter Twitter twitter Twitter

Actualmente nuestras sociedades ya no necesitan el panóptico de control impuesto estructural e institucionalmente que nos describía Michel Foucault; hoy en día somos las mismas personas quienes nos ponemos los propios panópticos de vigilancia-control, a través de múltiples mecanismos que ha posicionado la modernidad: las redes sociales, bancos, mercados electrónicos, correos electrónicos, etcétera.

Si bien antes predominaba el “deber hacer” en la conducta del ser humano, hoy en día predomina el “poder hacer” y si lo analizamos desde un punto de vista ontológico, bajo esta perspectiva cabe todo, parece ser ilimitada y es así como lo conciben las sociedades actuales incluso a modo de libertad de elegir dentro de ese “poder hacer”. El dilema surge cuando los seres humanos nos creemos libres al manto de este precepto y nos vamos atando a procesos autoimpuestos a la luz del capitalismo y la sociedad del consumo jugando un doble papel de amos y esclavos.

Ante este enfoque toman relevancia los Derechos Humanos y con estos un dilema, pues como ya lo mencionamos, estamos en la era del Big Data a través de la Internet, siendo el acceso al Internet per se un Derecho Humano de nueva generación, en donde es preponderante el derecho al acceso a la información de todas las personas sin importar su condición, pues para evitar o disminuir las brechas de conocimiento y acceso a la información el Internet debe estar garantizado. Por otro lado enfrentamos que a través de Internet y ante el salvajismo de la Big Data, nos encontramos con la comisión o promoción de delitos graves que violan los Derechos Humanos de las personas, tales como: trata de personas, pornografía infantil, ciberacoso, reclutamiento de niños, niñas y adolescentes para actividades delincuenciales, etcétera, lo cual nos enfrenta a las disyuntivas de ¿regular o no regular?, ¿si se regula hasta dónde se debería regular bajo un sistema garantista de Derechos Humanos?

Ante este panorama, ¿le echamos la culpa a Internet por estas violaciones a los Derechos Humanos? La respuesta es no; echarle la culpa a Internet sería una posición conservadora y cómoda, pues es necesario notar que los delitos que ocurren en la vida real, se han trasladado a la Internet, agravando la impunidad aún más si están en la red profunda o Deep web.

Internet como muchas otras herramientas dentro de las sociedades viene a ser una arma de doble filo, pues así como ha sido una gran ventaja de acceso a la información y ha permitido hacer de las comunicaciones un campo más horizontal; también ha venido a innovar algunas conductas nocivas del ser humano, la primera de ellas es el refuerzo del capitalismo neoliberal, según Byung-Cgul Han “convirtiendo a la psique en su mayor fuerza de producción; por lo que el autor asevera que el actual sistema de dominación en lugar de emplear el poder opresor, utiliza un poder seductor, inteligente (smart), con esto se consigue que las personas se sometan por sí mismos al entramado de dominación. En este sistema, el sujeto sometido no es consciente de su sometimiento. La eficacia del psicopoder radica en que el individuo se cree libre, cuando en realidad es el sistema el que está explotando su libertad, solo que el individuo decide en cuál de las vertientes capitalistas quiere ser explotado o auto someterse” (Han, 2014).

La psicopolítica se nutre de la Big Data la cual a modo de un Big Brother o panóptica digital, se apodera de los datos que las personas le entregan de forma efusiva y voluntaria. Esta herramienta permite hacer pronósticos sobre el comportamiento de las personas y condicionarlas a un nivel pre reflexivo, es aquí donde se potencia el doble filo de la tecnología antes comentado, esa información puede ser usada para hacerte una persona muy “reconocida” o para hacerte una víctima de alguno de los peores delitos, tan solo en 2013 la PGR (Procuraduría General de República) señalaba que el 100% de las víctimas que había atendido entre 2012 y 2013 habían sido enganchadas por Internet; no podemos echarle la culpa de estas conductas nocivas a un ente no humano como la Big Data que es solo un medio que usan las sociedades para emanciparse, más bien debemos encontrar una forma adaptativa y armónica a este nuevo panóptico que ya entró a nuestras vidas hace unos años.

Podemos concluir que las expresiones libres y la hipercomunicación que se difunden por Internet, y que logran trasladarse a los ámbitos físicos de hoy en día, se convierten en controles de vigilancia, conduciendo a una auténtica crisis de la libertad disfrazada de capacidad de libre albedrío. Señala Han “que nuestro futuro dependerá de que seamos capaces de servirnos de lo inservible, de la singularidad que no es cuantificable e incluso de la idiotez de quienes no participan ni comparten” (Han, 2014).

Bibliografía

Han, B. (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Berlín: Herder Editorial.

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