Una oportunidad para aspirantes sin partido

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El autor es abogado y activista. Ha escrito los libros Manual del poder ciudadano y De la protesta a la participación ciudadana. @ulrichrichterm

A pesar de que no existe una “tradición” de votar por candidatos ciudadanos, en los siguientes comicios habrá más candidatos atractivos para contender en las urnas por esta vía

Voto Urna

México, como muchas otras naciones del mundo, ha sufrido una crisis de representatividad ciudadana. Ante este reclamo de la ciudadanía, desde el sexenio del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, se inició el debate de la Reforma Política, que ha continuado hasta el actual gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

Uno de los reclamos más irritantes y que surgía de una contradicción es que en el Artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se expresaba con claridad el derecho de votar y ser votado, sin embargo, la legislación secundaria señalaba que sólo los partidos políticos pueden registrar candidatos a puestos de elección popular.

Si nos remontamos tiempo atrás, existe un caso emblemático al respecto. En el proceso electoral de 2006, Jorge Castañeda Gutman, quien fue secretario de Relaciones Exteriores en el gobierno de Vicente Fox Quesada, decidió postularse como Presidente de la República sin el respaldo de partido político alguno; sin embargo, el Instituto Federal Electoral (hoy Instituto Nacional Electoral) le negó el registro a esa candidatura ciudadana, razón por la cual el ciudadano Jorge Castañeda acudió a los tribunales federales solicitando un amparo que le permitiera continuar con sus proyectos, el cual también le fue negado. Entonces, Castañeda acudió ante la Suprema Corte de Justicia, pero al final no pudo contender por la presidencia de la república.

Ante la insatisfacción ciudadana, el Congreso de la Unión aprobó reformas para darle paso a las candidaturas ciudadanas, por tanto dio un vuelco al propio principio que sostenía que sólo los partidos políticos son el medio para el acceso del ejercicio del poder público.

Al modificarse la fracción segunda de Artículo 35 constitucional, con motivo de la Reforma Política de agosto de 2012, los ciudadanos que pretenden competir por un cargo de elección popular pueden postularse de manera independiente, sin pertenecer a ningún partido político. Esta adición derrumbó el dique que desde 1946 se había implantado respecto a la exclusividad de los partidos políticos para postular candidatos.

Ahora bien, nos detendremos para repasar que los ciudadanos tenemos el derecho, o prerrogativa, de votar. Pero también podemos ser votados para cargos de elección popular, así como para cualquier empleo o comisión. Esto, claro, siempre y cuando cumplamos con los requisitos que establece la ley.

LEGALIDAD, EQUIDAD Y TRANSPARENCIA

Cuando hablamos de cargos de elección popular nos referimos a que cualquier ciudadano puede competir para ser diputado, senador, presidente municipal, gobernador, jefe de gobierno del Distrito Federal o, incluso, presidente de la república.

Con respecto a este derecho, el analista político Ricardo Raphael señala los principios que lo certifican:

• Legalidad, lo que comprende que los procesos electorales no deben fijarse arbitrariamente a favor de unos y en detrimento de otros.

• Equidad, entendiendo que debe haber las mismas oportunidades para todos los participantes.

• Transparencia, que sirve para que los electores tomen conciencia de las propuestas.

En la comentada Reforma Política se aprobaron las candidaturas ciudadanas, las cuales, a mi juicio, tienen entre otros puntos un aspecto positivo, porque son una opción más para el votante. Necesitamos tener otros mecanismos.

Por otra parte, hay que analizar el financiamiento de las candidaturas ciudadanas, pero nos espantamos cuando la clase política ve que estos instrumentos no pueden dar cierto rango de acción, entonces los bloquean. Por eso, México necesita candidatos que quieran y trabajen por su país.

LA PRIMERA VEZ

Cuando tengamos buenos ciudadanos que deseen formar parte de las candidaturas, los apoyaremos y llegarán a buen puerto porque tienen un solo objetivo: el país, y no una ambición o un cargo público, sino un bien supremo. Eso no quiere decir que no haya otras cuestiones irregulares o que ciertos grupos pretendan apropiarse de las candidaturas.

Un ejemplo de un candidato ciudadano que en los comicios de 2012 tuvo una aprobación muy satisfactoria, fue el actual jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera Espinosa. Se puede señalar que no fue un candidato ciudadano, ya que fue postulado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) pero con la aclaración de que no era miembro del mismo, por lo que en términos prácticos el partido político postuló a un ciudadano con una trayectoria importante sin haber estado en las filas de dicho instituto. En las elecciones que se celebran este mes, será la primera vez que contiendan candidatos ciudadanos. Por citar algunos ejemplos, en Nuevo León, compite por la gubernatura Jaime Rodríguez Calderón “El bronco” y Lorenia Canavati para la alcaldía de San Pedro Garza García; en Sinaloa, Manuel Jesús Clouthier Carrillo se postuló como candidato a diputado federal, y en el Distrito Federal, Patricio del Valle como candidato a diputado de la Asamblea Legislativa. Después de la apatía que existe hoy, habrá muchos aspirantes atractivos para las candidaturas ciudadanas.

Pero no todo es color de rosa. Si bien es cierto que la partidocracia abrió los espacios a las candidaturas ciudadanas, también vale la pena apuntar que estableció una serie de requisitos que las hace casi nugatorias, cito un ejemplo: para contender a la presidencia se pedían las firmas de al menos 1 por ciento del electorado nacional, lo que equivale a unos 780 mil votantes, sólo se cuenta con un plazo de 120 días para recabarlas y tendrá que hacerlo con sus propios recursos.

Otro de los problemas que enfrenta es que en nuestro sistema electoral, de acuerdo con las teorías del voto, existe la llamada “identificación partidista”, en la que los hijos heredan la tradición de los padres de votar por un partido, por lo que al no haber ninguna tradición de candidaturas ciudadanas, este factor no les favorece.

La historia de esta figura apenas comienza. Por el bien de México, sean candidatos ciudadanos o no quienes pretendan tener un cargo público vía la elección popular, deben tener como valor supremo el país.

*El autor es abogado y activista. Ha escrito los libros Manual del poder ciudadano y De la protesta a la participación ciudadana. @UlrichRichterM

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