Revolución ni transparencia, ni justicia

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Porfirio Díaz“Para mis amigos, justicia y gracia; para mis enemigos, la ley a secas”, solía decir Benito Juárez. Una prueba de ese tipo tuvo que enfrentar Porfirio Díaz al ascender por segunda vez al poder, luego de que su compadre Manuel González ocupara la Presidencia de la República entre diciembre de 1880 y noviembre de 1884.

Aunque González impulsó la construcción de ferrocarriles, el crecimiento de la red de telégrafos y la fundación del Banco Nacional de México, sus “buenas acciones” fueron opacadas por los escándalos de corrupción que rodearon a su gobierno. Una crisis hacendaria impidió al Ejecutivo cubrir durante 10 meses el sueldo de los empleados públicos, la emisión de moneda de níquel originó un violento motín en la Ciudad de México y la quiebra del Nacional Monte de Piedad puso de manifiesto la falta de experiencia de su administración. Además, el reconocimiento de la deuda inglesa desencadenó una serie de rumores que involucraban al mandatario en negocios turbios.

¿Qué pasó entonces con la justicia y el combate a la corrupción? Eso terminó en un cajón, ya que a pesar de que Díaz inició su segunda administración en un contexto difícil, eso no le angustió y dejó que su compadre Manuel González se fuera a vivir, sin mayor problema, el resto de su vida como gobernador de Guanajuato.

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