¿Y dónde quedó el Caballito?

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Estatua¡Abrakadabra! ¿Cómo escondería una escultura de bronce de casi cinco metros de altura y seis toneladas de peso? Esa fue la pregunta, nada fácil, que se hicieron en 1821 quienes buscaron proteger la estatua del rey Carlos IV de España, conocida como El Caballito –el original–, durante la celebración por la consumación de la Independencia.

Había motivos de sobra para temer por la integridad del monumento creado por Manuel Tolsá, pues en dicha estatua, la pata derecha trasera del caballo materialmente aplasta un águila y un carcaj de flechas, simbolizando la destrucción del imperio Azteca, una buena razón para repudiar la presencia de la obra en la Plaza Mayor, donde se encontraba en aquel entonces y a donde precisamente entraría el Ejército Trigarante para festejar el triunfo independentista.

Después de mucho deliberar, los amantes del arte encontraron al fin la solución. No la movieron de lugar, simplemente la escondieron dentro de una gran estructura de madera que identificaron como “globo azul”. Así se las arreglaron para que todos obtuvieran lo que querían: la población festejó a los héroes nacionales y los defensores de la cultura resguardaron la estatua sin daño alguno. Al inerte rey español no le quedó más que ser testigo mudo del júbilo mexicano y los mexicanos se regocijaron sin percatarse de lo cerca que tenían a uno de los grandes símbolos de los recién expulsados conquistadores.

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