La alcaldía Tláhuac tiene una herencia que resiste al paso del tiempo, se trata de los saberes agrícolas y culturales que se transmiten entre generaciones de campesinos. Para su rescate y preservación, Roberto Lozano Albor desarrolló El Chapín, legado milenario de Tláhuac.

Foto: Secretaría de Cultura.
Con la mirada puesta en quienes trabajan las chinampas desde hace siglos, el proyecto pone en relevancia los conocimientos que conforman la identidad de la comunidad lacustre. En su obra, el investigador y promotor cultural documenta y difunde los saberes de las y los campesinos que sostienen el equilibrio entre el territorio, la memoria y la vida comunitaria.
El Chapín, legado milenario de Tláhuac recibió el apoyo del Programa de Apoyos a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC) 2024, de la Secretaría de Cultura federal (Secult), que impulsa la salvaguardia de las expresiones artísticas, sociales y agrícolas que fortalecen el tejido comunitario.
“El proyecto nace del respeto por la tierra y de la necesidad de reconocer a quienes la trabajan. El Chapín es más que sembrar una planta, es una forma de vida que refleja la relación espiritual y cotidiana entre el ser humano y la naturaleza”, señaló Lozano Albor.
Técnica ancestral de cultivo
El Chapín es una técnica ancestral con más de cinco mil años de antigüedad, aprendida por Lozano durante su labor como director de Desarrollo Rural en la alcaldía Tláhuac, gracias a los maestros chinamperos. Es un método de cultivo que combina sabiduría hidráulica, precisión agrícola y espiritualidad.
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Consiste en extraer el lodo de los canales –rico en minerales y nutrientes– para depositarlo sobre la tierra. El lodo se coloca en una olla de barro grande llamada almárcigo, se deja secar o “fraguar” y luego se corta en pequeños cuadros con un rallador.
En cada pieza se hace un hoyo con el dedo, se coloca una semilla y se cubre con composta natural. Y se tapa con plástico a modo de invernadero para proteger el brote.
“El lodo tiene un olor fuerte, por eso la herramienta se llama Xoquiamaitl, palabra náhuatl que significa ‘apestoso’. Ese aroma a azufre es señal de fertilidad, porque contiene los minerales y el nitrógeno que hacen posible la vida”, explica Lozano.
La técnica conserva una tradición agrícola y encierra una filosofía de vida. El acto de sacar el lodo y hacerlo emerger simboliza, según el autor, el nacimiento de la tierra, un gesto que evoca antiguos relatos místicos, desde los mitos egipcios hasta la Torá, comenta el entrevistado.
Además de su dimensión técnica, el Chapín implica una experiencia social y colectiva. “Es un trabajo que se hace con otros, hombro a hombro. En cada jornada hay comunidad, aprendizaje y memoria compartida”, afirma el exdirectivo de Tláhuac.
Durante siglos, dicho método de producción fue el fundamento económico de la región, al permitir cosechas constantes de hortalizas y contribuir al desarrollo de las sociedades agrícolas del valle.
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