El Norte de Veracruz, en boca de todos

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Norma Pérez Vences

Veracruz

Hace meses que un estado del país ocupa repetidamente espacios en los medios de comunicación: Veracruz, y más específicamente la zona Norte de la entidad.

Acontecimientos fuera de la rutina nacional dan vida mediática a la tierra de Javier Duarte. Entre ellos, los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se celebran este noviembre en seis ciudades veracruzanas; la súper carretera México- Tuxpan, inaugurada a mediados de septiembre, que pone al Valle de México a menos de tres horas de distancia con esa parte del Golfo de México y que promete un empuje sin precedente al desarrollo de la región.

Veracruz es también uno de los seis estados más beneficiados por el Plan Nacional de Infraestructura; se ejecutarán ahí seis megaproyectos, de los cuales cinco se ubican justamente en los municipios comprendidos entre el Puerto y los límites norteños de la entidad.

Además, se espera que el estado sea una de los más favorecidos con la expansión petrolera vaticinada por la reforma energética. Se prevé que arribará toda clase de empresas, nacionales y extranjeras, relacionadas con hidrocarburos, pero también con manufacturas, turismo, comercio, construcción, transporte y múltiples servicios más.

Las expectativas son altas. El propio gobernador Duarte se ha referido a la región como el siguiente polo de desarrollo del país, y como evidencia de ello lanza, para envidia de muchos de sus homólogos, una cifra cercana a 100 mil millones de pesos (mdp) en captación de inversiones hasta ahora. Nada mal.

El respaldo que el gobierno de Duarte ha recibido directamente desde Los Pinos es claro. No sólo se refleja en el tratamiento presupuestal que la Federación ha dado a Veracruz, sino en el hecho de que en dos años, el presidente Peña Nieto ha visitado más de 10 veces el estado, cuando hay otros, como Oaxaca, que hasta mediados de octubre pasado no había recibido ni una sola vez la visita presidencial, misma que normalmente lleva consigo anuncios de inversión.

Sin duda Veracruz es uno de los consentidos de Enrique Peña Nieto.

Pero el otro lado de la moneda, el que ensombrece el ánimo de la población veracruzana y provoca el recelo de inversionistas, también existe en este caso. Entre los muchos aspectos a corregir en el estado, está la elevada inseguridad que desde hace más o menos siete años se instaló en él y que también ha dado mucho qué decir en medios de comunicación locales y nacionales.

Uno de los acontecimientos que marcaron el inicio de la supremacía delincuencial, fue una balacera en marzo de 2007, durante una carrera de caballos, donde presumiblemente corrían apuestas millonarias, y que se celebraba en el rancho Villarín, ubicado en el municipio de Veracruz.

A partir de entonces, los sucesos violentos se extendieron con rapidez hacia el Norte, donde se ubican 92 de los 212 municipios de la entidad. En la zona destacan por su economía, ubicación geográfica, potencial energético y oferta turística: Poza Rica, Tuxpan, Papantla, Álamo, Martínez de la Torre, Tantoyuca y, en menor medida, Tihuatlán.

Para 2009, el arribo del crimen organizado a la zona Norte ya significaba muertes, secuestros y extorsión, flagelos que prevalecen hasta la fecha, en algunas localidades más que en otras.

Es verdad que esta amenaza para las inversiones no llegó a Veracruz en la administración de Javier Duarte, pero sí se le puede reprochar al actual gobernador que durante su gestión las bandas criminales han operado con comodidad.

Tener a favor las condiciones coyunturales, geográficas y de empatía presidencial, no basta; aún falta concretar con éxito un ambiente de negocios propicio para que el apetito de los capitales prolifere en torno al estado, y en ello la seguridad es factor fundamental.

Sólo las inversiones productivas garantizan desarrollo real para la economía estatal y bienestar duradero para su población, y aquí es donde interviene otro de los grandes retos compartidos por estados y municipios además de la seguridad, y que consiste en generar un ambiente de competitividad, donde las alcaldías se alineen a un objetivo de atracción y retención de capitales, con base en incentivos regulatorios y fiscales, creación de infraestructura que permita el abasto de insumos necesarios para las empresas, fomento a la formación de capital humano local y todo aquello que hace a un lugar atractivo para invertir.

La competencia por las inversiones exige hoy, no sólo el ímpetu individual, sino el esfuerzo que aglutine objetivos de crecimiento por zona. Un escenario deseable es que los presidentes municipales de una región se organicen para combinar sus fortalezas y, haciendo a un lado sus diferencias partidistas, ofrezcan en conjunto mejores incentivos a la inversión.

Lamentablemente, los gobernantes municipales parecen no entender la magnitud del nuevo reto, a excepción de contadísimas muestras de liderazgo en la coordinación regional, aún incipiente.

Este último es el caso del presidente municipal de Tuxpan, Raúl Alberto Ruiz Díaz, a quien se le ha visto activo con intentos por aglutinar a algunos alcaldes y crear un frente común que les dé fuerza para negociar presupuestos e impulsar programas de mejoramiento de infraestructura urbana y desarrollo educativo y social. Por desgracia, sólo algunos munícipes de localidades pequeñas han respondido al llamado.

Aunque la onda expansiva de la derrama económica cubrirá toda la región, Tuxpan —con cerca de 200 mil habitantes— será uno de los más beneficiados por proyectos de alcance nacional e internacional.

Otra explicación sería que aún no estén ejecutando acciones y programas que preparen a sus localidades para aprovechar las ventajas que vienen. El tiempo dirá.

Raúl Alberto Ruiz enumera con entusiasmo las obras más sobresalientes en Tuxpan, como la construcción de un puerto profundo —gestionado por Pemex—; la ampliación del puerto existente, que le dará capacidad para manejar 900 mil contenedores, generará más de 3 mil empleos y se concluirá en 2015 convirtiéndolo en el puerto comercial privado más grande del país; el proyecto costará 4 mil mdp y la empresa a cargo es SSA Marine, el mayor operador estadounidense de puertos marítimos y uno de los 10 más grandes del planeta.

El alcalde Ruiz Díaz considera que las autopistas México-Tuxpan, inaugurada en septiembre pasado; la Tuxpan-Tampico, que está por iniciarse y la carretera hacia Cardel, en construcción, darán a su municipio la conectividad suficiente para convertirlo en los próximos años en enclave fundamental para el ingreso de mercancías provenientes de Europa, Estados Unidos y otros países, y su distribución hacia el Sur, Centro y Norte de México, así como Estados Unidos.

De hecho, el dinamismo económico en Tuxpan ya se refleja en la llegada reciente de cadenas como Crowne Plaza, Holiday Inn Express, City Express, Liverpool, Café La Parroquia, entre otras.

El edil se muestra optimista y a la vez preocupado; le espera una administración de cuatro años —por primera vez en Veracruz— y sabe que debe prepararse para hacer frente a la demanda de servicios públicos que se avecina.

En 2014 ha destinado alrededor de 70 mdp para reforzar servicios públicos, pero entiende que es insuficiente, por lo que se manifiesta abierto a esquemas de Asociación Público Privada (APP), que permitan llevar a la ciudad los capitales requeridos para mejorar los servicios y la infraestructura.

Sea por mal o sea por bien, hace tiempo que Veracruz está en boca de todos; hoy la zona Norte se erige con todo su potencial; empresas de diversas nacionalidades comienzan a llegar a la región, pero hay muchas otras en espera de ser atraídas. Dependerá del desempeño de cada presidente municipal concretar las mejores.

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