El polémico financiamiento a localidades

FinanciamientoEl débil desempeño que durante años tuvo la banca de desarrollo dio un giro en 2013: elevó sus metas de financiamiento y bajó sus tasas de interés hasta en 36 por ciento para hacer más accesible el crédito. Con esas decisiones por delante, la banca de gobierno se dispuso a retomar el propósito para el cual fue creada –generar condiciones de desarrollo–, y a dejar atrás el bajo perfil que había tenido en las administraciones anteriores, cuando vivió un periodo de adelgazamiento severo y connatos de fusión.

Del año pasado a la fecha, los directores de las instituciones que conforman el sistema se muestran muy diligente detectando, evaluando y facilitando recursos para detonar obras, potenciar el campo e impulsar la actividad empresarial. En un año (2013) colocaron créditos por un billón de pesos y en 2014 pretenden otorgar un billón 150 mil millones, para acumular un ambicioso crecimiento de 15 por ciento.

Uno de ellos, Alfredo del Mazo Maza, se manifiesta entre los más activos. Al frente de Banobras tiene la encomienda de financiar a estados, municipios y proyectos de infraestructura, lo mismo de carreteras, que de tratamiento y manejo de agua y residuos sólidos.

Hemos visto meses intensos para el ex alcalde de Huixquilucan. Por estados y municipios ha ido dejando la estela financiadora del banco que dirige. En la segunda mitad del año pasado Banobras convino créditos, entre otros, por 1,034 millones de pesos (mdp) con Guanajuato; por 1,400 mdp con Morelos, y por 4,112 mdp con Michoacán. Todos para impulsar proyectos de infraestructura.

En cuanto a municipios, ha habido también una larga lista de créditos, pero uno que destaca por el abultado monto de casi 2,100 mdp, fue otorgado en diciembre pasado a 10 municipios del Estado de México para que financien deuda y construyan obra pública. La operación se pactó a través del Fondo Estatal de Fortalecimiento Municipal y los ayuntamientos beneficiados son Tlalnepantla, Atizapán de Zaragoza, Tultitlán, Naucalpan, Zumpango, Soyaniquilpan, Atlacomulco y el propio Huixquilucan.

Ahora sólo falta que los recursos pactados –algunos recuperables y otros no– fluyan por completo y se materialicen en las obras para las cuales fueron comprometidos; ahí está un excelente camino para reactivar la deprimida industria de la construcción y para revertir el estancamiento económico en que se encuentra el país desde que inició la administración actual.

Sin duda Banobras busca hacer su trabajo, es una entidad creada para facilitar el acceso a recursos económicos para estados y municipios, no sólo a través de su crédito directo, sino también a través de impulsar el financiamiento de la banca comercial y los inversionistas institucionales.

Sin embargo, dos cosas reclaman la atención de todos y provocan recelo al juntar la dupla financiamiento-gobiernos locales. La primera es la falta de transparencia con que gran parte de estados y municipios han demostrado que manejan sus recursos, sean propios o prestados.

Y aquí, una terrible combinación. Mientras por un lado se toma la decisión de canalizar más recursos a entidades y ayuntamientos, por otro se decide posponer dos años más el cumplimiento de la Ley General de Contabilidad Gubernamental, que representa una posibilidad de transparentar los recursos y activos con que cuentan estos gobiernos. Los estados tienen ahora hasta 2016 para armonizar sus contabilidades y los municipios hasta 2017.

Municipios en carteraEso suponiendo que no se apruebe una nueva prórroga. Y aunque el director Del Mazo ha dicho que todos los créditos de Banobras están garantizados y que la cartera vencida, por lo menos hasta junio de 2013, estaba bajo control con un porcentaje muy bajo equivalente a 0.19 por ciento del total, también él mismo ha reconocido la débil cultura de responsabilidad y uso eficiente de los recursos, que reina entre los gobiernos estatales y locales y que urge reforzar.

Por otro lado, aun con la inquietud que provoca liberar más recursos sin contar con los mecanismos apropiados de supervisión, es una realidad que las distintas regiones requieren para su desarrollo el impulso que sólo la llegada de capitales puede dar.

En medio de esa consideración, aparece la segunda condición relevante a la que hay que voltear a ver: la cobertura todavía insuficiente entre municipios que necesitan financiamiento para desarrollarse.

La evolución reciente del crédito muestra que en 2013 se prestó a 29 por ciento más municipios que en 2012. Muy bueno. Pero resulta que ese gran salto permitió llegar a sólo 264 ayuntamientos, apenas la décima parte de los que hay en el país.

Otro dato: de acuerdo con información preliminar, a diciembre de 2013, la cartera de crédito directo e inducido de Banobras se ubicó en 188 mil 805 mdp, de éstos, sólo 14 por ciento correspondió a municipios.

A partir de un criterio simple, podemos concluir entonces que aun con el crecimiento del crédito en los últimos meses, éste sigue siendo poco en número y monto para con contrarrestar el escaso desarrollo en que vive un gran número de alcaldías.

Lo cierto es que no hay un cálculo, ni siquiera aproximado, de las necesidades reales de financiamiento que tienen los municipios de México. Banobras no sabe a ciencia cierta cuál es el universo de proyectos con impacto social que debe apoyar, por lo que encara el reto paso a paso; el municipio que solicita recursos, se evalúa y luego se determina la naturaleza del apoyo que se le otorgará. Así se hace. Un caso a la vez.

La buena noticia es el impulso que se ha dado al financiamiento de este sector. La mala es que estamos muy lejos de tocar con apoyos a la totalidad de los 2,445 municipios en que se divide el territorio nacional, y de contar con mecanismos confiables que permitan asegurar el uso transparente de los recursos que se canalizan a estados y ayuntamientos.

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