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2014, año para ejecutar cambios.

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El autor es Decano Asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM. Twitter:@ArturoSanchezG; Facebook: Arturo Sánchez Gutiérrez (Figura Pública)

 

El gobierno de Peña Nieto gastó ya, junto con el Pacto por México, el bono de gracia que le otorgó la elección de 2012. A partir de este mes, la tarea será instrumentar los cambios realizados en 2013 y generar la percepción de que las cosas cambiaron para bien.

Así, el elector mexicano se empezará a preguntar próximamente sobre los beneficios de la intensa lucha política que caracterizó la construcción de acuerdos en el Pacto y en el Congreso de la Unión.

El año que inicia significará para muchos empezar a pagar más impuestos, lo que no representa buenas noticias. Más impuestos sin beneficios tangibles es una mala fórmula si se quiere ganar elecciones en 2015.

El problema consiste en que los cambios realizados, salvo la reforma fiscal, tardarán mucho en dejar ver sus efectos. La reforma educativa no sólo es un proyecto para muchos años, sino que la disidencia magisterial ha logrado dificultar la instrumentación de los cambios y la evaluación de profesores.

Otras reformas, como la financiera o la de transparencia, traerán beneficios en el corto plazo, pero a sectores específicos de la sociedad. Y la tan esperada reforma energética, que debe aún pasar por la elaboración de la legislación secundaria, antes de que empiecen a llegar los capitales que generarán la riqueza que se anunció.

Por todo ello, en 2014 se requerirá de la técnica y la experiencia para la construcción de otro tipo de acuerdos que faciliten la aplicación de las nuevas leyes.

En este sentido, quizá el caso más complejo será la elaboración de la legislación secundaria en materia electoral, y la instrumentación rápida y eficiente del nuevo Instituto Nacional Electoral (INE). Los tiempos son muy cortos, el proceso electoral de 2015 empezará en menos de nueve meses. La ventaja es que los dos procesos electorales de este año (Coahuila y Nayarit) serán organizados por los anteriores institutos electorales de esos estados. El gran reto consiste en organizar en 2015 las elecciones para diputados federales y las diversas elecciones locales en al menos 17 estados de la república.

Habría que empezar por reconocer que existe la experiencia y el conocimiento técnico para enfrentar un reto electoral de ese tamaño. En cada etapa de la evolución electoral de México se ha requerido de esfuerzos como el que ahora tendrá que realizar el INE.

Después de todo, se trata de un cambio muy profundo en nuestro sistema electoral. No era posible hacerlo sin exigir un esfuerzo mayúsculo a todos los actores. Con todo, una de las partes que más tiempo consumía en el Consejo General, la resolución de los procedimientos especiales sancionadores, fue trasladada por la ley al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. El problema entonces estará en interpretar y aplicar correcta y oportunamente la nueva ley para organizar los procesos electorales. Además, habrá que construir los nuevos acuerdos para llenar los huecos jurídicos que sin duda empezarán a verse conforme avanzan las semanas.

La instrumentación de las demás reformas de 2013 cuenta al menos con el beneficio de la duda sobre el alcance que podrá tener. En el caso de los cambios electorales ocurre lo contrario. Tocará ahora a los instrumentadores vencer el escepticismo y hacer que esta aún joven reforma se convierta en una exitosa realidad.

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