Cada vez más electores de corto plazo

El año 2017 inició en medio de controversias políticas generadas por los cambios en el gabinete, aumentos de precios y el aún incierto efecto de la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos. En México faltan sólo siete meses para que inicie el proceso electoral de 2018. La ley establece que los procesos inician durante la primera semana de septiembre del año previo a la elección.

Por ello, las siguientes semanas serán fundamentales para que el Instituto Nacional Electoral (INE) se prepare ante las elecciones más complejas, pues el 1° de julio de 2018 votaremos por el Presidente de México, por diputados y senadores y, en 30 entidades del país, por gobernantes locales.

Con todo, la mayor complejidad está definida por los problemas que la propia democracia enfrenta en el mundo. Después de la aprobación del BREXIT, de la negativa de los colombianos para aprobar los acuerdos de paz y después del triunfo de Trump en Estados Unidos, pareciera que los electores definen su voto con base en imágenes, percepciones y sensaciones inmediatas y vinculadas con sus intereses de más corto plazo, que por el desarrollo de proyectos nacionales que prometan un futuro basado en principios e ideologías.

Así, 2017 será un año de importantes retos electorales para nuestra democracia. Las movilizaciones en contra del “gasolinazo” y otras protestas, formarán parte del entorno electoral en el que los ciudadanos de Coahuila, Nayarit, el Estado de México y Veracruz elegirán a sus gobernantes.

El reto para el INE es garantizar elecciones libres, transparentes y confiables en esas cuatro entidades, sin importar la posible afectación que la inseguridad, así como los conflictos sociales y económicos pudieran tener sobre los comicios. Al mismo tiempo, para el INE sigue siendo una prioridad elevar la calidad de los procesos en las elecciones locales de este año. Los programas de resultados electorales preliminares (PREP) de los estados deberán ser mejores, al igual que los conteos rápidos, la organización de las jornadas electorales y la instalación de las casillas. El éxito en estas tareas es la base para fortalecer a la institución y preparar adecuadamente el 2018.

Se prevé que la segunda parte de 2017 tendrá un carácter eminentemente político, pues los partidos entrarán en el proceso de selección de sus candidatos a la Presidencia de la República, y el INE y los tribunales deberán vigilar que las normas, legales y constitucionales, se apliquen correctamente. Asimismo, los estados que elegirán gobernadores en 2018 iniciarán su propia dinámica partidista local, y el INE deberá estar listo para recibir todo tipo de quejas que se manifiesten entre partidos y al interior de ellos mismos, así como los recursos jurídicos que presenten los aspirantes a las candidaturas independientes.

Por si fuera poco, la Cámara de Diputados deberá nombrar a tres nuevos consejeros electorales, en abril próximo, para sustituir a quienes terminan su encargo en el Consejo General. El INE, a su vez, deberá nombrar a los consejeros de los organismos públicos locales electorales (OPLE), que en octubre también terminan su periodo.

Es evidente que, en el contexto de una democracia cuestionada por los nuevos retos que enfrenta el mundo, el trabajo del INE en 2017 será fundamental para seguir garantizando la estabilidad política del país y organizar elecciones más confiables. Es hora de poner los debates en el lugar correcto y fortalecer a las instituciones electorales de México para alcanzar el éxito.

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