Entre pacto, tensiones y proyectos

arutroEn septiembre, la agenda del Congreso de la Unión creció aún más. En el mensaje que el presidente Enrique Peña Nieto dirigió a la nación, con motivo de su primer informe, quedó claro que en los siguientes 120 días se deberán concretar las reformas que el país necesita.

Parafraseando a Daniel Cosío Villegas, el estilo personal de gobernar del mandatario se caracteriza por colocar en la lista de pendientes de los legisladores temas que los tienen ocupados más que nunca, luego de consultar los alcances con algunos de los actores involucrados.

El Pacto por México parece ser el motor principal de las acciones del presidente, a quien le urge consolidar un proyecto sexenal antes de que la realidad le impida concretar los cambios a los que se comprometió.

Pero no se trata solamente de cambiar sino de construir —al menos desde el discurso priísta— un proyecto aceptable para todos. Por eso fue interesante que Peña Nieto presentara su reforma hacendaria como una transformación social, sin incrementar el impuesto al valor agregado (IVA) y con el anuncio de que pagarán más al fisco quienes ganan más, así como la eliminación de algunas obligaciones que se crearon en las administraciones panistas.

No obstante, la agenda de octubre volverá a poner sobre la mesa temas conflictivos como las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y del ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, quienes no dejarán de recordarle al primer mandatario que una parte de los ciudadanos no parece comulgar con la iniciativa en materia energética. Algunos grupos del sector privado tampoco vieron con buenos ojos el “recargón” sobre sus negocios que el nuevo esquema de recaudación fiscal supone.

Aún es pronto para hacer una evaluación final de lo que se buscó con la propuesta del paquete económico, sin embargo al tener tantos frentes abiertos en el Congreso de la Unión, es posible afirmar que las negociaciones se volverán más complejas.

Desde la visión presidencial, era necesario proponer un cambio fiscal, así como un presupuesto novedoso, con la esperanza de obtener resultados positivos en materia económica hacia 2015 ó 2016. Sin embargo, cualquier reforma que implique un cambio constitucional —como la energética— requiere de votos de los diversos partidos para prosperar.

El dilema para Peña Nieto no es fácil de resolver. Si busca que el proyecto energético sea votado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), habría que modificar partes importantes de la propuesta original. Pero si se busca el voto del Partido Acción Nacional (PAN), es factible llegar a un tipo de acuerdos que avancen en la lógica original de la propuesta presidencial.

No obstante, aun cuando el PAN ceda en sus peticiones, esta institución política ha dejado claro que no habrá reforma si no se concreta antes un cambio en el esquema político– electoral. Dichos debates marcarán el devenir de los acontecimientos políticos durante octubre. En el camino sabremos si la idea de construir un Instituto Nacional de Elecciones prosperará.

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