Hacia la Cuarta Transformación

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El autor es Decano Asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM. Twitter:@ArturoSanchezG; Facebook: Arturo Sánchez Gutiérrez (Figura Pública)

Ninguna sociedad se transforma por un resultado electoral o a partir de la toma de posesión de un nuevo presidente. Las transformaciones son producto de tantos factores que sería difícil organizar y planear todas las variables a cambiar. Con todo, Andrés Manuel López Obrador ofrece un proyecto que a lo largo de seis años podría transformar costumbres, formas de hacer política y la definición de algunas políticas públicas importantes. Irremediablemente surgen muchas dudas y dilemas.

En muchos discursos de campaña la frase final fue: “Primero los pobres”. Por eso circularon muchas propuestas de apoyo a los sectores más desprotegidos y de búsqueda de un nuevo enfoque para los programas sociales. La pregunta desde el inicio fue ¿cómo y con qué presupuesto? Esa pregunta sigue vigente, pero es cierto que uno de los ejes centrales de esta estrategia sería la aplicación de políticas severas de austeridad. Ahí se concentra gran cantidad de políticas, desde la reducción por decreto de los salarios de los servidores públicos, hasta la desaparición, modificación y descentralización de múltiples oficinas y programas públicos. Desde luego, la austeridad republicana también pasa por recortes en muchos gastos y en otras políticas que, si bien han sido anunciadas, no parece haber claridad sobre la forma de su instrumentación.

Evidentemente el instrumento que reflejará esta parte de la transformación será el nuevo presupuesto de la Federación, que conoceremos el próximo diciembre. Con todo, el Presidente electo optó por anunciar desde ahora las reducciones presupuestales y la eliminación de prestaciones excesivas a los funcionarios públicos. En ese sentido, las virtudes de la austeridad para la opinión pública son incuestionables, en especial cuando la corrupción y privilegios han sido muy ostentosos. Sin embargo, aplicar una política de austeridad mal planeada puede traer otros males que es necesario prever.

El combate a la corrupción tendrá que darse independientemente de los montos que se manejen en la administración pública y del tamaño de los salarios. En ese sentido, habrá que cuidar que los bajos ingresos no se conviertan en un estímulo a nuevas formas de corrupción. Por otro lado, el anuncio de los bajos salarios ya está teniendo efectos en múltiples dependencias. Se incrementaron los casos de personal que busca adelantar su retiro o utilizar los mecanismos de retiro voluntario. En temas como los servicios de carrera los efectos pueden ser desastrosos, pues el personal calificado, entrenado y especializado no es fácilmente reemplazable con menores salarios. Ese puede ser claramente el caso del Servicio Profesional Electoral del Instituto Nacional Electoral (INE).

Las transformaciones que están ocurriendo en el mundo están muy vinculadas con grandes inversiones y el uso masivo y ordenado de la información hoy disponible. Eso requiere de nuevas tecnologías y acumulación de talento humano, lo que lamentablemente implica no sólo un gasto público importante, sino una concepción integral del cambio que se propone y de nuevas políticas públicas innovadoras. Es evidente que todos los cambios requerirán de ajustes a las leyes y de modificaciones culturales, pero la sabiduría de un hombre de Estado está en hallar el mejor balance entre la urgente racionalidad en el gasto público, con la generación de talento bien remunerado y la innovación gubernamental para resolver problemas. Ninguna solución parcial o aislada conducirá a una verdadera transformación.

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