Políticas para el bienestar

► Por Arturo Sánchez Gutiérrez*

Es en el nivel municipal donde se pueden diseñar políticas innovadoras que generen mejores ambientes de colaboración y bienestar para los ciudadanos.

Después de la renuncia de Carlos Urzúa como Secretario de Hacienda y Crédito Público, quedó claro que las políticas públicas requieren de una planeación, proyección a futuro y, sobre todo, “suficiente sustento”. Al respecto, el Presidente López Obrador ha insistido en su discurso sobre la importancia de construir políticas que conduzcan al bienestar de los pobres.

Conforme las sociedades evolucionan, el bienestar se convierte en un problema más complejo. Los cambios demográficos generan nuevos retos y, en nuestro caso, enfrentamos una situación que requiere de políticas públicas innovadoras. Nada más conservador que pensar en un modelo basado en la entrega de dádivas y recursos directamente a los ciudadanos. Se requiere de políticas con sustento sólido, que tomen en cuenta a la sociedad en su conjunto.

Héctor Villarreal, profesor de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey, comentaba en un foro que la transición demográfica que le tomó 60 años a Europa, en México y países latinoamericanos está tomando sólo 25. Los europeos buscan soluciones para sociedades que han envejecido, que tienen un creciente número de personas entre 70 y 100 años de edad y que requieren esquemas flexibles de empleo, servicios de salud preventivos, forma de integración de los adultos mayores a la participación en la sociedad e instituciones que les permitan vivir en un ambiente digno, con políticas inclusivas. Nosotros avanzamos rápidamente a ese tipo de situaciones.

De ahí que el concepto de bienestar no se pueda referir a un sector en particular de la sociedad, ni que las políticas sociales puedan estar aisladas. El bienestar implica un esquema de armonía en el que todos los sectores y generaciones encuentren las satisfacciones necesarias y oportunas en un ambiente de colaboración. El diseño de estas políticas va más allá de otorgar becas temporales para jóvenes o de una mensualidad para los adultos mayores. Tampoco se puede pensar en esquemas en los que los abuelitos cuiden a los niños para que las madres jóvenes puedan trabajar. Para 2030 estarán jubilándose los mexicanos nacidos en 1965, y antes reclamarán su pensión las generaciones de los cincuentas y los primeros años de los sesentas. Evidentemente, la garantía de una pensión digna y el acceso constante y oportuno a la salud, forman parte importante del bienestar. Entonces, la pregunta es si las políticas que se diseñan hoy están orientadas a enfrentar ese tipo de retos, o sólo buscan encontrar soluciones temporales que provean votos en la siguiente elección, sin mirar al futuro.

Las políticas federales y las instituciones nacionales serán fundamentales para enmarcar los esquemas de bienestar a los que se aspira. Con todo, buena parte de las alternativas se encuentran en las ciudades y los pueblos. Es en el nivel municipal donde se pueden diseñar políticas innovadoras que generen mejores ambientes de colaboración y bienestar para los ciudadanos. Los desafíos nacionales encuentran una especificidad en los municipios que resultan más fáciles de prevenir y atender si se diagnostican los problemas a tiempo y se emprenden las políticas adecuadas.

Si se contempla el bienestar no sólo como la atención aislada de los sectores sociales y se propician políticas integradoras para toda la sociedad, la participación del sector privado y de la sociedad civil organizada serán excelentes aliados en la construcción del bienestar. Éste es uno de los aspectos en los que trabaja la Escuela de Gobierno del Tecnológico de Monterrey.

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