Estar atentos: mucho que reflexionar aún

Publicado Por

El autor es Decano Asociado de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del ITESM. Twitter:@ArturoSanchezG; Facebook: Arturo Sánchez Gutiérrez (Figura Pública)

Hacia el exterior, la campaña presidencial presenta las características típicas de una elección democrática. Los partidos y coaliciones cumplieron los requisitos para estar en la boleta electoral, los aspirantes independientes hicieron lo propio y están en la contienda, se han realizado dos debates, los candidatos han recorrido parte importante del país y el Instituto Nacional Electoral (INE) ha hecho su tarea para que el 1° de julio la ciudadanía se exprese. Hasta ahora nadie duda de la justedad de la elección, y los comentarios de la prensa internacional destacan las preferencias que muestran las encuestas. Todo en orden y muy consistente con las buenas prácticas de un régimen democrático. Al menos, así se ven las cosas al momento de escribir estas líneas.

En el interior de México las pasiones están más a la vista y las especulaciones crecen. Los rumores y presiones no dejan de llevarse los titulares, al parejo de las campañas: que si algún candidato declinará a favor de otro para pasarle sus votos (figura no contemplada en la ley); que si un grupo de empresarios conspira para fortalecer alianzas en contra de Andrés Manuel; que el enfado de los empresarios del Consejo Mexicano de Negocios cambiará la dinámica de la campaña; etcétera. Lo cierto es que al escribir esta nota no hay indicios de que ni rumores o cambios en las campañas pudieran descarrilar la elección, a pesar de los enfados y rispideces que trae consigo cualquier campaña presidencial.

En ese contexto, la noche del 1° de julio viviremos una experiencia aún incierta, con al menos dos escenarios factibles: la victoria holgada y cómoda de un candidato sobre los otros cuatro; o el triunfo apretado de uno sobre los demás, parecido al caso de 2006. En el primero, parecería conveniente que el segundo lugar, sea quien sea, reconozca de inmediato la derrota y le dé la mano a quien los datos apunten como ganador. Tanto las encuestas como el conteo rápido organizado por el INE serán determinantes en este escenario.

Con respecto al segundo caso, una elección cerrada, la conseja apunta a que los candidatos esperen a los resultados oficiales del INE y que prevalezca una actitud democrática en los contendientes. La experiencia no recuerda que ese sea el comportamiento de los perdedores, por lo que esa noche podría iniciar una lucha de denuncias y reclamos que finalmente terminarán en el Tribunal Electoral. Además, en las elecciones locales, en la misma noche electoral se presentarán los dos escenarios en las nueve entidades en las que habrá elección de gobernador y Jefe de Gobierno.

De cualquier forma, en el contexto del análisis de la elección empezaremos a preguntarnos cómo se compondrá el Congreso de la Unión. ¿Tendrá el nuevo Presidente las mayorías necesarias para hacer pasar sus iniciativas sin el concurso de la oposición? O se abrirá una transición de negociación para que el sexenio empiece con acuerdos que garanticen la nueva gobernabilidad.

Quizá estas reflexiones ayuden a terminar de definir las preferencias en nuestro voto. Como mencioné en estas páginas el mes pasado, en una democracia el sistema de pesos y contrapesos resulta muy conveniente para construir soluciones que atiendan a todas las posturas. Por lo pronto, falta aún la realización de un debate más y durante junio las campañas entrarán en una etapa en la que mucho puede cambiar y definirse. Habrá que estar atentos, sin olvidar la importancia de las 1,596 presidencias municipales que estarán en juego el mismo día.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: