¿Hacia un nuevo federalismo?

En espacios anteriores he llamado su atención sobre la importancia de tener en cuenta que parte de la solución a los grandes problemas nacionales como la desigualdad, la corrupción, la inseguridad y el cambio climático, está en manos de los gobiernos estatales y locales. Sabemos que son los más cercanos a la población, pero ¿por qué decimos eso?

Las demandas ciudadanas se dan, en primer lugar, en las localidades y municipios donde habitan quienes las expresan. Las demandas ciudadanas son concretas: un padre que desea tener la certeza de que si su hija se enferma podrá acudir a una clínica, una madre que desea tener agua potable para dar de beber a sus hijos, un niño que quiere ir a la escuela; las plantean personas reales a personas con nombre y apellido: las autoridades, en primer lugar las de esas localidades y municipios.

Dichas demandas se acumulan hasta convertirse en reclamo nacional por un México más justo. Idealmente, todas las autoridades, de todos los poderes y órdenes de gobierno, debemos atenderlas en arreglo y coordinación sinfónicos, según los tiempos y estructuras dispuestos por nuestro sistema federalista. Los retos son inmensos, lo entiendo, porque para cada tema hay marcos jurídicos e institucionales diversos y porque cada autoridad dispone de recursos y capacidades distintas. Sin embargo, hoy más que nunca debemos demostrar que podemos hacernos cargo y de que el federalismo mexicano sí es efectivo para que las políticas públicas generen resultados tangibles en las vidas cotidianas de los mexicanos.

Los mexicanos no sólo aspiramos a una democracia con elecciones limpias y confiables, aspiramos a que nuestra democracia nos permita a todos controlar la forma en cómo se ejerce el poder y que las políticas públicas propuestas por quienes elegimos en las urnas den resultados verificables. Hoy, las demandas ciudadanas no sólo exigen reglas, espacios y mecanismos para controlar el acceso al poder, sino también para la forma en que se ejerce, es decir, para controlar las decisiones que las autoridades toman para solucionar los problemas públicos, porque éstas repercuten en la vida de cada mexicano. Por eso, se demanda transparencia, rendición de cuentas, participación ciudadana y combate a la corrupción, porque las personas requieren que la otrora caja negra sea abierta y formar parte del concierto.

Hoy nuestro país vive una serie de reformas políticas, constitucionales e institucionales que definirán el tipo de federalismo en el que viviremos los próximos años y las posibilidades reales que tendrá la población para activar mecanismos para controlar el ejercicio del poder. Hablo de los sistemas nacionales Electoral y de Transparencia, al que se sumará el de Protección de Datos, Anticorrupción, de Archivos y de Fiscalización. Todos están diseñados para ser implementados en el marco del federalismo, que tiene que estar a la altura de estas expectativas y no ceder a la tentación de centralizar bajo el pretexto de que las autoridades estatales no son capaces y que son susceptibles de pactar con los poderes fácticos en cualquier momento. Que quede claro, tanto la Federación, como los estados y municipios son responsables de que sean implementados con éxito.

El federalismo en México debe ser el instrumento para desarrollar y homologar las capacidades de los servidores públicos y la sociedad civil en los estados y municipios para que los objetivos de cada sistema se cumplan a cabalidad. Debemos dar pasos firmes para que cada uno de los sistemas nos permita construir un federalismo que consolide en la práctica la transparencia, la rendición de cuentas, la participación ciudadana y el combate a la corrupción. Sin embargo, estos sistemas no rendirán frutos sin el respaldo de una férrea voluntad política, recursos suficientes y, sobre todo, sin el convencimiento consensuado de que la hora de salir a escena a dar el concierto magno ha llegado. No hay tiempo que perder, la población aguarda y el telón ya se ha levantado.

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