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Gobernadores, los nuevos Gigantes del poder

Vicente foxLa alternancia en el gobierno Federal ha tenido una vasta serie de implicaciones, sobre las que vale la pena extenderse. Aquí se hará una breve referencia de lo que significó en el pasado la fuerte sujeción de los gobiernos estatales al gobierno central. El punto de partida es la época porfiriana, posteriormente aborda el México de la segunda mitad del siglo XX y finalmente los tiempos actuales, en los que los gobiernos estatales se perfilan hacia una nueva era.

En el segundo cuarto del siglo XIX, como resultado de los avances en la centralización político-administrativa del gobierno Federal, los gobiernos de las entidades federativas cubrían un papel similar al de las autoridades regionales de la época de las monarquías. Esto los transformaba en genuinos delegados del poder central que vieron, por tanto, disminuida su autonomía relativa hasta quedar virtualmente postrados ante la fuerza creciente del gobierno Federal.

Así, en la fase culminante de la época porfiriana, José R. del Castillo señalaba: “Los gobernadores de todos los estados y jefes políticos de los territorios fueron los ‘tenientes distinguidos’ del Caudillo, que regenteaban los feudos de la Federación, obedeciendo las órdenes y consignas de su amo sin discrepancia ni retardo alguno, prontos a todos los sacrificios, a la comisión de los mayores atentados, como a las más ridículas farsas y las más odiosas exacciones”.

La historia política del siglo XX no cambió mucho ese estado de cosas: el gran elector y defenestrador de los gobernadores era el Ejecutivo Federal, es decir, el Presidente de la República. Era una práctica cotidiana que las candidaturas, para ocupar los cargos de gobernador, se palomearan en la Secretaría de Gobernación, y quienes eran ungidos como candidatos por el partido oficial tenían que guardar una amplia discreción y, al alcanzar el cargo, plegarse a los dictados y lineamientos del centro. Era plenamente vigente la genial frase de Fidel Velázquez en la que se resumía el statu quode la época: “El que se mueve no sale en la foto”, ya que, efectivamente, quienes cantaban victoria con anticipación podían estar condenados a una especie de aborto político.

MOVERSE PARA LA FOTO

Gobernadores

La situación antes descrita tuvo vigencia durante la mayor parte de la duración del antiguo régimen, e incluso en el sexenio encabezado por Carlos Salinas de Gortari fueron removidos de su cargo varios gobernadores. Desde entonces ya no ha ocurrido con ninguno, y más bien estamos frente a un proceso de fortalecimiento del Poder Ejecutivo en los estados federados y, de manera más específica, de quienes lo encabezan: los gobernadores.

La alternancia, aunada a las otras transformaciones del régimen y del sistema político mexicano, ha hecho de los gobernadores las nuevas figuras políticas que, en muchos casos, son más fuertes que los integrantes del gabinete presidencial.

Los cambios políticos más destacados en la nueva época democrática del país son los siguientes:

a) Un nuevo equilibrio entre los poderes públicos: la división de poderes y los equilibrios y balanzas cobran vigencia.

b) Desarrollo de un auténtico sistema de partidos, ya que más de uno está en posibilidades de alcanzar el poder en muchos estados.

c) Acotamiento del presidencialismo.

d) Pluralismo creciente en los ayuntamientos y legislaturas locales.

e) Continuación de los procesos de descentralización.

f)Coordinación y gestión de los procesos político-electorales a través de organismos autónomos.

g) La alternancia política en los tres órdenes de gobierno.

Hoy es común ver cómo los gobernadores de las entidades federativas se sienten presidenciables, cuestión que era impensable en el antiguo régimen, toda vez que quien se atreviera siquiera a pensarlo y ser consecuente con su sueño, estaba condenado al fracaso si no es que a una especie de muerte política súbita.

Hoy las cosas se han modificado a tal dimensión que el eslogan de Fidel antes mencionado ya no tiene prácticamente vigencia, sino más bien su contrario, por lo que ahora hay que afirmar: “El que no se mueve no sale en la foto”. Esto lo mostró claramente Vicente Fox, quien, desde su gestión como gobernador de Guanajuato, se dedicó a hacer campaña para alcanzar la Primera Magistratura de la Nación. En el PRD y, sobre todo, en el PRI, ocurre lo mismo.

Es muy importante que profundicemos en el análisis y en el debate acerca del poder de los gobernadores, puesto que estamos ante la posibilidad de lograr fortalecer nuestro federalismo y la descentralización en beneficio del conjunto de la ciudadanía del país y de sus diferentes regiones, lo que se viene acariciando desde hace ya muchas décadas. Esto ahora está más al alcance, a condición de lograr un mayor acercamiento entre los poderes estatales y la sociedad, así como de fortalecer el gobierno con políticas públicas eficaces.

Pero en el otro extremo percibimos que la centralización político-administrativa ahora se está asentando en las gubernaturas, se dejan entrever ya nuevos cacicazgos, por lo que las relaciones entre los órdenes estatal y municipal se cargan abrumadoramente a favor del Ejecutivo estatal, además de que la participación ciudadana se ve limitada por políticas y estrategias promovidas en este ámbito. La disposición de recursos y la toma de decisiones de gobierno, e incluso de su partido, por ejemplo, se están concentrando en la figura del gobernador, que parece la de un pequeño presidente.

Cabe destacar que en múltiples foros se hace referencia a este proceso, ya que diversos especialistas, actores políticos y sociales destacan el nuevo estatuto de los gobernadores. Es, desde luego, en el otro ángulo del debate, el papel que están cubriendo los gobernadores a través de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), el que, sin duda, abona a un mejor equilibrio de poderes en el ámbito regional y a favor del desarrollo del federalismo. Pero todavía falta mucho por andar, por lo que debemos de estar atentos a este proceso que vivimos y que da forma al México del siglo XXI.

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