Los retos de una refinería en el Sureste

Especialistas coinciden en que este proyecto debe ir acompañado de un proceso de industrialización en la región, con el objetivo de impulsar cadenas de valor que permitan generar fuentes de empleo

Fotos: Dreamstime

En caso de que el Gobierno Federal continúe con la intención de construir una refinería en Dos Bocas, Tabasco, el proyecto debe ser parte de una estrategia integral, pues de lo contrario, sus beneficios serán acotados y no se alcanzará el objetivo de impulsar el desarrollo en las regiones sur y sureste del país.

De esta manera, especialistas alertan que sería un error concretar jurídicamente la cancelación de las zonas económicas especiales (ZEE), y desarrollar el proyecto energético, toda vez que la refinería, con todo y su magnitud, implicaría un esfuerzo aislado con sensibles pérdidas económicas.

Incluso, hay voces que advierten que sería más acertado desistir en la construcción de la refinería y mejor apostar a un proyecto con beneficios a mediano y largo plazo, como el desarrollo de un parque eólico, aprovechando las bondades naturales que ofrece esa región del país, impulsando cadenas de valor.

“¿Por qué empeñarnos en un proyecto que el propio Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), advierte que tiene apenas un dos por ciento de probabilidades de éxito?, ¿por qué hacerlo si el propio ecosistema nos está gritando la inviabilidad?”, cuestiona Leticia Armenta, Directora del Centro de Análisis Económico del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

A inicios de 2018, cuando todavía figuraba como precandidato a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador anunció que, de ganar las elecciones, impulsaría la construcción de dos nuevas refinerías medianas, una en Atasta, Campeche y otra en Dos Bocas, o una sola de gran escala en su natal Tabasco.

Apenas el pasado jueves nueve de mayo, ya como Jefe del Ejecutivo, López Obrador ratificó y afinó su proyecto. Informó que va por la refinería de Dos Bocas, cuya construcción, dijo, tendrá un costo de ocho mil millones de dólares (mdd) y estará a cargo de Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Secretaría de Energía (Sener), luego de que fue declarada desierta la licitación correspondiente.

El presidente informó que la construcción de la refinería comenzará a finales del primer semestre de este año y terminará en mayo de 2022, es decir, dos años antes del 2024 que habían ofrecido las empresas interesadas en desarrollar el proyecto.

El proyecto, que contempla la refinación de 170 mil barriles diarios en una primera fase, forma parte de la estrategia de la actual administración federal en revertir el rezago y la marginación que enfrenta el sureste del país, en entidades como Veracruz, Tabasco, Guerrero y Chiapas.

LAS ZEE Y LA REFINERÍA

La insistencia de emprender el proyecto ha encontrado férrea oposición de parte de diferentes sectores sociales y económicos del país. Instituciones como el Imco, firmas calificadoras como Moody’s y organizaciones empresariales como la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) han advertido de sobrecostos exorbitantes, inexperiencia de Pemex en la construcción de refinerías (más de 40 años), e incluso de un posible fracaso del proyecto.

De acuerdo con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), la estrategia de la actual administración es focalizar esfuerzos en grandes proyectos, como la construcción de la refinería mencionada y el Tren Maya. Por ello, bajo el argumento de que eran “barriles sin fondo”, el 25 de abril, López Obrador anunció la desaparición del mecanismo de las ZEE, el cual puso en marcha el gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto,

Sin embargo, la posibilidad de cancelar jurídicamente las ZEE podría convertirse, irónicamente, en el factor que limitaría los beneficios de la refinería, pues aun y con el anuncio del mandatario, oficialmente los mecanismos de subsidio fiscal que se otorgan a las empresas asentadas en la ZEE siguen vigentes, tal y como explica Ignacio Martínez, Coordinador del Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios (LACEN), de la UNAM.

“Si bien el presidente apenas anunció de que ya no eran viables las ZEE, cabe mencionar que no son un proyecto, es una ley, por lo que si el Presidente ya no quiere continuar con este mecanismo que establece la ley, tendría que derogar la misma, es ahí donde yo guardo una muy ligera y lejana esperanza de que se le haga saber que las ZEE pueden ser un detonador del bienestar e impulsar una economía sostenible en el sur-sureste”, apunta.

El especialista afirma que las ZEE pueden y deben ir de la mano con los dos grandes proyectos de infraestructura que tiene en mente la actual administración, como es el de refinería y dos grandes trenes: El Maya y el Transpacífico.

El especialista explica que la construcción y desarrollo de la refinería tiene que ir acompañada de una estrategia en donde se establezcan incentivos para la inversión (como lo establecen las ZEE), con el objetivo de que se interesen empresas en instalarse en esas regiones del país, en donde existen muchos rezagos como falta de infraestructura, mano de obra limitada e inseguridad.

Incluso, afirma que los gobiernos de Veracruz y Tabasco podrían impulsar la creación de universidades especializadas en energía, con el objetivo de crear valor agregado en la región, y constituir a dicha zona como el primer motor de crecimiento “auténticamente interno” que impulse la producción de polímeros, mismos que puedan incorporarse a cadenas de valor, como la industria automotriz.

ESTRATEGIA INTEGRAL, LA CLAVE

José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), coincide en la necesidad de enmarcar el desarrollo de la refinería dentro en una estrategia integral que busque impulsar la competitividad del sureste del país, pues de lo contrario el esfuerzo podría derivar en resultados limitados.

En ese sentido, el también asesor de la Confederación de Cámaras Industriales (Concamin), refiere que estados como Veracruz, Tabasco, Oaxaca, Guerrero y Chiapas enfrenta sensibles rezagos en materia de conectividad, infraestructura y mano de obra calificada, razón por lo que las empresas no tienen mucho interés en instalarse en esas regiones.

Por ello, asegura que el proyecto de la refinería debe ir acompañado de un proceso de industrialización de esas regiones, con el objetivo de impulsar cadenas de valor que permitan generar fuentes de empleo.

Por diversos factores, el mercado de los energéticos está cambiando. Por ejemplo, la demanda de electricidad va en ascenso, pues tan sólo en México los autos híbridos y eléctricos van ganando mercado al crecer a doble digito.

Ante dicho panorama, Leticia Armenta cuestiona la viabilidad de impulsar la construcción de una refinería y, por ende, la generación de combustibles fósiles, como la gasolina, cuando los cierto es que la compra de autos eléctricos va en ascenso a nivel mundial.

“Tenemos que ubicar este gran proyecto en el actual contexto y si es necesario o no; necesitamos un diagnostico mucho más amplio sobre el consumo de combustibles, porque recientemente algunas empresas automotrices han dado a conocer que en no más de dos años van a poder ofrecer al público modelos eléctricos e híbridos a precios semejantes a los que hoy podemos adquirir un auto estándar”, concluye.

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