sobrevive el ramo 39

Collage 4En el país no ha habido un impulso al federalismo fiscal, sino únicamente mayor descentralización de recursos por parte del gobierno Federal; ello, como resultado de la inexistencia de incentivos adecuados que propicien el ejercicio pleno de las atribuciones fiscales locales.

Si los gobiernos estatales decidieran hacer uso de sus potestades tributarias, sin duda se fortalecerían sus erarios, pero habría un costo político y éste es el principal obstáculo para mover voluntades. Los argumentos principales para justificar la falta de interés en este punto son la incapacidad recaudatoria y la necesidad de un mayor presupuesto para adquirir el equipo necesario para realizar dicha actividad.

En este último punto, el Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas (FAFEF) resulta una oportunidad para los gobiernos locales, con el fin de que éstos inviertan en la infraestructura fiscal adecuada y capacitación en materia recaudatoria. Pero de nueva cuenta, no hay nada que obligue a su realización y todo queda nuevamente en la dimensión de las buenas intenciones.

El FAFEF es el octavo fondo del Ramo 33 desde 2007, y los recursos con los que cuenta están referenciados a la recaudación federal participable, lo cual quiere decir que su provisión año con año es segura. Sin embargo, las reformas a la Ley de Coordinación Fiscal no garantizan la total transparencia en el uso de los recursos, ni dan incentivos para avanzar en el ejercicio tributario local. En ese sentido, se puede afirmar que dentro de la descentralización de los recursos no ha habido corresponsabilidad, sino sólo complacencia hacia los estados.

Ese fondo tiene sus antecedentes en el Programa de Apoyos para el Fortalecimiento de las Entidades Federativas (PAFEF), el cual fue incluido por la Cámara de Diputados en la iniciativa del Presupuesto de Egresos de 2000, y que fue aprobado como un programa dentro del Ramo 23 (Provisiones salariales y económicas). Entonces su monto fue equivalente a 1.8 por ciento del gasto total federalizado, y se estableció que para repartirlo se tendrían que cumplir las siguientes condiciones: si el gasto en educación estatal era inferior al promedio nacional, los recursos tendrían que ser canalizados a este rubro y, si el monto era mayor, éstos podrían ser utilizados para obra pública. En ningún caso podrían destinarse a gasto corriente.

En los años que siguieron empezó a haber modificaciones y en ocasiones se tuvo la intención de eliminar este programa; sin embargo, el Congreso insistió en que permaneciera y se permitió que los recursos fueran empleados no sólo para obra pública, sino también para asuntos de saneamiento financiero o incluso para dar viabilidad al sistema de pensiones. Esta ampliación de opciones demandó un mayor grado de fiscalización, por lo que en 2003 se otorgaron a la Auditoría Superior de la Federación (ASF) determinadas facultades en este aspecto.

En 2003 al PAFEF se le llamó Ramo 39 y se le agregaron los recursos de los ingresos excedentes del petróleo, aunque en 2006 estos últimos se dejaron de incluir. En ese mismo año se ampliaron aún más las opciones de inversión de los recursos de este ramo, con el ánimo de que los estados aprovecharan este financiamiento para ir modernizando sus catastros, los sistemas de recaudación locales y, además, para que se pudieran financiar proyectos científicos o sistemas de protección civil. Se estableció adicionalmente que el monto para el programa sería equivalente a 1.4 por ciento de la recaudación federal participable y en 2007, tal y como se mencionó anteriormente, el PAFEF se convirtió en parte del Ramo 33.

¿MISIÓN IMPOSIBLE?

Estados con mayor y menor independencia

Respecto al grado de independencia fiscal de los estados se observan diferencias importantes entre las entidades, por ejemplo: la independencia fiscal del Distrito Federal se ubica en un nivel de 40 por ciento, muy por encima de Chihuahua y Nuevo León —las dos entidades que le siguen en esta materia— con un promedio de 17 y 15 por ciento, respectivamente; mientras que, la gran mayoría de los estados se encuentra con porcentajes menores a 10 puntos.

En cuanto al obstáculo de infraestructura fiscal, los avances tecnológicos han hecho posible un sistema recaudatorio más eficiente, independientemente de la zona geográfica. Además, hoy se cuenta con los recursos necesarios para capacitar al personal que se requiera dentro del FAFEF, por lo que en realidad, hablar de ejercicio de potestades tributarias es únicamente hablar de voluntad política para romper vicios. Esta voluntad debe ir inclinándose hacia la corresponsabilidad, por medio de foros de conciencia ciudadana en donde se expliquen las bondades de tener gobiernos locales que no sólo se dediquen a administrar recursos, sino que estén comprometidos con la gente.

Una muestra del compromiso anteriormente mencionado sería la continua instrumentación de políticas públicas que se traduzcan en derramas económicas, las cuales estén fuertemente respaldadas por fuentes de financiamiento propias que den viabilidad a proyectos cada vez más ambiciosos, pero necesarios para hacer progresar a cada región y al país. Sin duda, el reto que implica el federalismo fiscal no es imposible, aunque se debe de empezar a caminar hacia esa ruta con los incentivos correctos.

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