AMLO, la oposición y la comunicación política

La oposición continúa desdibujada y más cuando no ha trazado una estrategia que le permita colocarse en la opinión pública y los medios de comunicación.

En su más reciente estudio de opinión, la encuestadora Parametría coloca con un 69 por ciento de aprobación el trabajo que ha venido realizando el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, frente a un 21 por ciento que lo desaprueba; con ello se observa que en un mes de gestión los índices de popularidad del presidente casi se mantienen a los obtenidos tras su rotunda victoria en julio del 2018 (71 por ciento).

Con este escenario, observo que en materia de comunicación política, el presidente ha sabido llevar el control de la agenda mediática, las conferencias matutinas han servido para posicionarse frente a sus opositores. Y así lo hemos visto, un claro ejemplo fue que durante el embate más fuerte por parte de la oposición con el tema del accidente aéreo de la familia Moreno Valle, no tuvo el impacto deseado, todo lo contrario, AMLO logró llevar la agenda mediática a terrenos donde deseó, pese a que la oposición invirtió lo poco de su capital político en posicionar hashtags que buscaban culpar directamente a AMLO de la muerte de la gobernadora Martha Erika Alonso y Rafael Moreno Valle, estrategia pésimamente ejecutada.

Y cuando digo que fue pésimamente trabajada es porque en el plano estratégico, la oposición cree que poniéndose en el terreno acusador logrará vencer a AMLO, lo cual es rotundamente falso, sobre todo porque ese fue el terreno que AMLO empleó durante décadas, recordemos que se dedicó a acusar al régimen existente, al grado que esa estrategia lo llevó a convencer a millones de mexicanos que le otorgaron su respaldo en los pasados comicios.

Pero entonces, si esta dinámica fue la que llevara a AMLO a los grandes índices de popularidad con los que cuenta entonces ¿por qué no le sirvió a la oposición?. La respuesta es sencilla, porque la trayectoria de AMLO y la actual oposición es distinta. A AMLO lo respaldan años de recorrer el país a flor de piso, estar con los más pobres y, sobre todo, ser un político que vive en la austeridad. Situación complemente distinta a la actual oposición quienes se han caracterizado de tener el poder y ejercerlo en beneficio de una minoría, y abusando de todos los elementos que el mismo poder les confirió.

Debo sumarle a lo anterior que la estrategia de la oposición no fue ejecutada correctamente desde el ámbito político ni comunicativo. Por una parte el discurso de gran parte de la oposición fue precisamente acusando a AMLO y a Barbosa sin fundamento alguno, para después orquestar la “gran idea» de posicionar varias tendencias en Twitter apoyadas en el uso de bots, lo cual fue identificado inmediatamente por los simpatizantes de AMLO y contrarrestada, esta gran idea lo único que propició fue demeritar los comentarios de la oposición y posicionar los de AMLO.

Pero la jugada maestra fue cuando AMLO decidió darle un buen giro a la agenda mediática la cual se había centrado en los últimos días en el tema de la familia Moreno Valle, así que bajo esa lógica, AMLO reveló el robo sustancial de combustible a Pemex desde dentro y con debido conocimiento de las autoridades incluidos los presidentes en turno. Este hecho volvió a centrar la discusión de “no se olviden estamos combatiendo a la corrupción”, no nos desviemos del tema, y eso ocurrió justamente, AMLO logró llevar nuevamente la batuta de la agenda mediática y con ello frenar a la oposición.

Estos casos solamente sirven para comprender que la oposición continúa desdibujada y más cuando no ha trazado una estrategia que le permita colocarse en la opinión pública y los medios de comunicación. Y ocurre porque la oposición sigue sin entender que ellos ya no tienen el control del país por tanto sus discursos no son del interés de la gran mayoría de los mexicanos.

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