Bálsamo a la pobreza de 0.19 dólares

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Por Juan Danell Sánchez

Los desequilibrios mundiales y sus consecuencias han llegado a tal punto que cada vez es más difícil encontrar soluciones a los problemas generados por estos. Una muestra de ello es que, en septiembre, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reunirá a193 gobiernos en Nueva York. En dicho encuentro se pretende establecer 169 objetivos que permitan avanzar en el combate de esta situación, para lo cual se considera destinar 2.5 billones de dólares durante los próximos 15 años.

La cifra en sí no es fácil de imaginar, pero tampoco hace falta hacerlo para entender que se trata de paliativos; no de soluciones de fondo. La aritmética dice que con una multiplicación y una división podemos obtener un panorama numérico de lo que esa propuesta significa.

Resulta que de acuerdo con las estadísticas del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), alrededor “de 1,500 millones de personas, de 91 países en desarrollo, viven en situación de pobreza multidimensional, y casi 800 millones se enfrentan al riesgo de caer en ella”.

Esto suma 2,300 millones de personas que, divididas entre la cantidad monetaria de la ONU, resulta que a cada una de ellas les corresponden 19 centavos de dólar diario durante los próximos 15 años como ayuda para resolver sus problemas como pobreza, desnutrición, desempleo, educación, salud, violencia, por mencionar algunos de los 169 objetivos.

Sobre este tema, el 12 de mayo del año en curso, el Copenhagen Consensus Center (CCC) realizó un seminario para periodistas en la Ciudad de México, en el que explicó la propuesta de la ONU y planteó la propia respecto a cómo emplear esos recursos para hacerlos más eficientes en cuanto a la obtención de mejores resultados.

Al CCC le queda claro que aun cuando hablar de 2.5 billones de dólares es hablar de grandes sumas, eso no significa que se podrán resolver los problemas del mundo, con la simple inversión, pero que sí se puede avanzar en la solución, siempre y cuando los apoyos sean bien dirigidos, por lo que propone un esquema en el que se pueda “hacer más con menos”.

De esta forma, el CCC propone que, en lugar de 169 objetivos, como propone la ONU ―que es como un tiro de escopeta en el que se disparan multitud de municiones con la esperanza de que alcancen blanco― mejor se tracen sólo 19 rubros bien definidos, en los cuales por cada dólar que se destine se pueden obtener entre 20 y 40 dólares de beneficios sociales, contra los diez de la propuesta de Naciones Unidas.

El CCC divide en tres grandes rubros su estrategia y plantea lo siguiente:

Personas

  • Reducir la malnutrición infantil crónica en 40 por ciento.
  • Reducir a la mitad la infección de malaria.
  • Reducir las muertes por tuberculosis en un 90 por ciento; en la actualidad más de 2,000 millones de personas en el mundo son portadoras del virus.
  • Evitar 1.1 millones de infecciones por VIH mediante circuncisión.
  • Reducir el número de muertes prematuras por enfermedades crónicas en 35 por ciento.
  • Reducir la mortalidad neonatal en 70 por ciento.
  • Aumentar la inmunización para reducir en 25 por ciento la mortalidad infantil.
  • Hacer que la planificación familiar esté al alcance de todos.
  • Eliminar la violencia contra mujeres y niñas.

Planeta

  • Eliminar los subsidios a los combustibles fósiles.
  • Reducir a la mitad la pérdida de los arrecifes de coral.
  • Aplicar impuestos a los daños de contaminación por energía.
  • Reducir la contaminación del aire interior en 20 por ciento.

Prosperidad

  • Disminuir las restricciones comerciales.
  • Mejorar la igualdad de género en la propiedad, los negocios y la política.
  • Impulsar el crecimiento del rendimiento agrícola en 40 por ciento.
  • Aumentar la educación de las niñas en dos años.
  • Lograr la enseñanza primaria universal en el África subsahariana.
  • Triplicar la asistencia a preescolar en el África Subsahariana.

En este punto, cabe recordar, palabras más, palabras menos, lo dicho por el presidente del CCC, Bjorn Lomborg sobre los alcances de esta propuesta, que no se debe tomar como la panacea a los problemas que hoy enfrenta el mundo, pero que sí permiten hacer un uso mucho más eficiente de los recursos financieros globales destinados a combatir un problema antropogénico.

Lomborg insiste en que lo importante de destinar recursos para superar la problemática mundial del subdesarrollo, es que se haga de manera visionaria siempre anteponiendo el principio de costo-beneficio, porque de poco o nada sirve aplicar financiamientos si éstos no van a repercutir en mejoras sustanciales de bienestar social y económico en la población de los países en desarrollo.

En ese sentido bien vale citar lo que el Copenhagen planteó en el seminario de mayo:

“Nuestra lista de objetivos no resolverá todos los problemas del mundo, pero tampoco puede hacerlo ninguna lista bajo presupuestos realistas. Nuestra lista puede ayudar a la ONU a hacer sus elecciones como un consumidor inteligente con fondos limitados. La elección de buenos objetivos aumentará enormemente los beneficios para las personas de todo el mundo, así como para las generaciones venideras. Los gobiernos deberían renunciar a la gratificación instantánea de prometer todo a todos, y en lugar de eso centrarse en elegir objetivos de desarrollo inteligentes”.

Y si de lo que se trata es de abatir esos desequilibrios que tienen en jaque al mundo con sus más de siete mil millones de habitantes, aplica aquello de que, como decimos en México, “no hay peor lucha que la que no se hace”.

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