Billetes, monedas y… ¿Soberanía?

Por María Cristina Rosas*

El Banco de México recordó a las autoridades de la alcaldía sobre la importancia de que los “Obregón Vales” no porten la leyenda “moneda” porque en ese caso se estaría incurriendo en un delito punible por la ley.

La educación financiera es, sin duda, un tema de la mayor importancia. En los países escandinavos se estima que el 70 por ciento de sus habitantes cuenta con conocimientos en la materia. En contraste, en México, apenas una tercera parte de la población sabe acerca de la mejor manera de manejar sus finanzas. Todo mundo conoce prácticas de largo arraigo en la sociedad mexicana, tales como las tandas o el consabido “dinero bajo el colchón.”

La educación financiera también es importante de cara a las tendencias demográficas de la población: el ahorro para el retiro se antoja crucial, dado que las personas normalmente no efectúan aportaciones voluntarias para su retiro y si, por ejemplo, un individuo tiene un ingreso mensual de 10 mil pesos, cuando se retire sólo recibirá 2 mil 800, esto porque la tasa de aportaciones es baja.

Independientemente de las reformas que requiere el sistema de pensiones en México, muchos mexicanos asumen que el retiro es algo lejano y que, al llegar, podrán sortear la situación o contarán con el apoyo de familiares. Se carece de una visión de que hay que prepararse para épocas difíciles, cosa que explica las altas tasas de ahorro personal que existen en Japón y la República Popular China (RP China), entre otras naciones, las cuales enfrentaron tiempos muy desafiantes en la segunda guerra mundial y eso ha permeado en el inconsciente colectivo al día de hoy -con todo y que ahora hay un mayor gasto personal para bienes de consumo en esas sociedades. El ahorro también coadyuva a la liquidez y estabilidad de un país. Japón es el ejemplo de un Estado que, al contar con recursos financieros procedentes del ahorro de sus habitantes, no depende de la inversión extranjera para su desarrollo nacional. En México, en cambio, el ahorro interno es insuficiente y por eso el país debe recurrir al endeudamiento externo para satisfacer sus necesidades.

Pero al margen de ello: la educación financiera también se materializa en los billetes y las monedas de los países, porque independientemente de la función económica que representan y cumplen, tradicionalmente son vistos como expresiones soberanas e identitarias. Mediante ellos se identifican valores, momentos históricos relevantes y elementos que coadyuvan a la cohesión social. Es posible que las personas al realizar una transacción no siempre observen las características de billetes y monedas, algo que parece reservado para la numismática. Sin embargo, una mirada a estos medios de cambio, revela mucho de la identidad nacional.

La numismática no se reduce a coleccionar y/o clasificar monedas y/o billetes. Su importancia estriba en que, para decirlo pronto, la historia de la moneda es la historia de la humanidad. Así, la numismática es algo más que un pasatiempo. Poseer monedas, por ejemplo, ha presenciado diversas connotaciones en la historia, desde el atesoramiento; las propiedades sobrenaturales que pudiesen poseer; la traición a Jesucristo según la tradición cristiana; etcétera. Palabras de uso común como salario remiten al uso de la sal, que en otras épocas era una moneda muy socorrida. En las culturas mesoamericanas el cacao, como es sabido, era la moneda más usada.

Con la conquista y de cara a la existencia de metales preciosos en la Nueva España se impulsó la acuñación de monedas que equivalían al valor al que se vendía el metal que contenían. En contraste, los billetes tomaron tiempo para ser aceptados de la misma manera. Inicialmente los billetes eran producidos por entidades privadas. Al paso del tiempo, los gobiernos comenzaron a emitirlos y en muchos casos eran equivalentes a metales preciosos -como ocurría con los dólares de Estados Unidos antes de la crisis de Bretton Woods de los años 70 del siglo pasado.

Uno de los grandes problemas a que se han enfrentado los billetes bancarios es la falsificación. Fue por ello que, el 20 de abril de 1929 fue suscrito en Ginebra, Suiza, el Convenio internacional para la represión de la falsificación de la moneda a efecto de evitar la comisión de este ilícito, el cual lamentablemente se mantiene hasta el día de hoy. Este convenio ayudó a que las naciones del mundo establecieran penalizaciones por falsificar billetes.

En México el monopolio en la emisión de monedas y billetes recae en el Banco de México y quien de manera alterna emita estos medios de cambio estaría incurriendo en un delito federal. El tema se tornó relevante hace unos días cuando la alcaldía de Álvaro Obregón en la Ciudad de México anunció la emisión de los “Obregón Vales”, con la finalidad de que sean usados en 16 barrios populares de dicha localidad para el intercambio de mercancías. De inmediato el Banco de México recordó a las autoridades de la alcaldía sobre la importancia de que los “Obregón Vales” no porten la leyenda “moneda” porque en ese caso se estaría incurriendo en un delito punible por la ley.

Lo que resulta interesante a propósito de los “Obregón Vales” es el empleo de la efigie de Álvaro Obregón, algo que es una constante, como se sugería líneas arriba, en billetes y monedas de las naciones, por la necesidad de generar elementos identitarios entre la sociedad. En este sentido, existe una preferencia por colocar en estos medios de cambio a héroes nacionales, por ejemplo, aquellos que participaron en justas revolucionarias -luchas por la independencia u otras-; a figuras emblemáticas -como la Reina de Inglaterra en buena parte de la Commonweatlh-; personajes destacados -como literatos y científicos-; y también a la flora y/o fauna típicas del país de emisión.

En Canadá, por ejemplo, país que no llegó a la independencia a través de una lucha revolucionaria, hay una preferencia por colocar especies animales, actividades deportivas o incluso otros elementos que exaltan el orgullo nacional. Claro, en el billete de 20 dólares -por cierto, el más falsificado en ese país- figura la soberana de Inglaterra por ser Canadá miembro de la Commonwealth, pero en el reverso de ese billete se observa el Canadian National Vimy Memorial que conmemora la batalla de Vimy Ridge en la que muchos canadienses perdieron la vida en la Primera Guerra Mundial sin que sus cuerpos pudieran ser recuperados. Por otro lado, a las monedas de un dólar canadiense se les conoce como loonies en alusión a un pájaro acuático típico de ese país que figura en ellas, en tanto a las de dos dólares se les llama toonies y tienen la efigie de un oso polar, otro animal emblemático de Canadá.

En Argentina, un país que obtuvo la independencia a través de la lucha armada ha sido frecuente la presencia de figuras relevantes en la historia nacional en sus monedas y billetes. Durante la presidencia de Cristina Fernández de Kirchner se pusieron en circulación un billete de 5 pesos con la efigie de San Martín; uno de 10 pesos con la imagen de Belgrano; uno de 50 con las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur (territorios reivindicados por los argentinos frente a la Gran Bretaña); y uno de 100 pesos para conmemorar los 60 años del deceso de Eva Perón. Su sucesor, Mauricio Macri, promovió otra serie de billetes, esta vez con la fauna típica del país, de manera que el de 20 pesos tiene en el anverso al guanaco; el de 100 pesos al ciervo andino del norte (muy criticado porque se especulaba que al ser los peronistas los antagonistas naturales de Macri, fue por ello que Macri quiso sustituir a Evita en los billetes de esa denominación); el de 200 pesos a la ballena austral; y el de 500 pesos al yaguareté. Unos y otros han recibido galardones internacionales por su hechura (tanto el de Eva Perón como el del yaguareté han sido catalogados como de los más hermosos del mundo). Sin embargo, como se ve, la política permea las políticas monetarias. En este sentido, el nuevo presidente de Argentina, Alberto Fernández, tras conocerse su victoria en los comicios del pasado 27 de octubre, en una entrevista sobre la posibilidad de cambiar las características de los billetes que se pusieron en circulación durante el gobierno de Macri, su antecesor, lamentó que los próceres nacionales fueran retirados y se colocaran en su lugar especies autóctonas. Así, a pregunta expresa de si colocaría a destacados literatos e intelectuales argentinos en los nuevos billetes, Fernández fue enfático: “Sí, por qué no. Lo que no pondría es una ballena. ¡Quién puede negar lo que es Borges, Cortázar, Sábato?” en abierta crítica a los billetes de Macri.

En México se ha generado también la polémica por reemplazar el billete de 200 pesos que tiene la efigie de Sor Juana Inés de la Cruz para colocar en su lugar las imágenes de Hidalgo y Morelos. Se critica la acción, por considerar que en los billetes mexicanos prevalecen los caracteres masculinos y que en momentos en que se debate la inclusión y la equidad de género, sería importante que eso se vea reflejado en el papel moneda. El Banco de México, para acallar las críticas, señaló que Sor Juana, al igual que otras destacadas féminas en la historia nacional, figurarán en los nuevos billetes que se pondrán en circulación en los meses por venir.

Es innegable, sin embargo, que las preferencias personales de los mandatarios suelen influir en las características de los billetes. Ello queda perfectamente ilustrado en el caso argentino. En México, uno de los nuevos billetes en circulación fue el de 500 pesos con la efigie de Benito Juárez, que es el prócer preferido por el Presidente López Obrador. Este billete circula en lugar del que portaba las efigies de Frida Kahlo y Diego Rivera, el cual, a su vez, sustituyó al que mostraba a uno de los grandes héroes nacionales, Ignacio Zaragoza. Como se recordará, tras la insurrección zapatista de 1994, los billetes de 10 pesos, que portaban la efigie de Emiliano Zapata, fueron suprimidos en la nueva generación que se emitió en el inicio del presente siglo: todos los billetes de todas las denominaciones fueron renovados, pero el de 10 pesos simplemente desapareció y hoy sólo existen monedas de esa denominación pero sin Zapata en ellas.

Como se puede apreciar, las monedas y los billetes tienen importancia más allá de ser medios de cambio para efectuar transacciones. Son símbolos que pretenden coadyuvar a la identidad nacional evocando elementos y personajes motivo de orgullo para los habitantes de un país o región. Son también importantes para la reconciliación nacional -como en Ruanda, donde, tras el genocidio de 1994, los billetes de 500 francos muestran a los gorilas de la montaña, especie endémica que pretende evocar el cuidado de la naturaleza y superar el trauma de la muerte de un millón de ruandeses. Son necesarios para buscar la unidad y comunión de intereses -como en los euros donde reiteradamente figura un mapa de Europa, para recordar a los usuarios que son parte de ese continente y que deben de sortear sus diferencias en aras de la integración. Para decirlo pronto: para conocer la historia de un país y de sus dirigentes, basta con hacer un recorrido numismático.

* María Cristina Rosas es catedrática de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Preside el Centro de Análisis e Investigación sobre Paz, Seguridad y Desarrollo Olof Palme A. C. Miembro del Consejo Consultivo de la Agencia Espacial Mexicana y del Panel de Expertos de la Comisión de Cooperación Ambiental del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

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