Confianza, simplificación e inteligencia, los tres pilares del gobierno digital

*Por Hiram Monroy

Cada cambio de administración gubernamental, sin importar el nivel, oscila la misma promesa, la misma pregunta: ¿qué pueden hacer diferente? Sin embargo, algo que pocas veces cuestionamos y que está intrínsecamente relacionado con esta premisa es, ¿cómo los evaluamos? Y es ahí, también, donde el cambio al gobierno digital cobra particular relevancia.

La tecnología tiene el poder de democratizar el acceso a la información y, por tanto, dar a los ciudadanos el poder de interactuar con las instituciones bajo el amparo de la transparencia y la confiabilidad. En la actualidad, el gobierno digital va más allá de la automatización y simplificación operativa, es también una herramienta para medir las acciones, facilitar la rendición de cuentas y realizar proyectos centrados en resultados, haciendo de los datos un factor clave en la toma de decisiones.

Foto: Jaime Limón.

Aunque en los últimos años hemos visto cada vez más ejemplos de aplicaciones y procesos digitales, los gobiernos en el mundo aún tienen importantes limitantes como la infraestructura, la seguridad y, claro, el presupuesto.

En contraste, los beneficios resultantes de la digitalización podrían construir un futuro mucho más positivo para la administración pública, ayudando a fortalecer la confianza y transparencia de las instituciones, al tiempo que crean servicios más eficientes al apalancar inteligencia de datos y simplificación de procesos.

Dicho panorama pone énfasis en la necesidad de contar con tecnología moderna y funcional, que sirva como plataforma para las operaciones administrativas. Tan solo en lo que va del año, el mantenimiento de equipos ha figurado entre los tres gastos de TI más importantes del gobierno federal, mientras que globalmente se estima que el soporte y reparación de los sistemas legacy comprende entre el 10 y el 15Hiram Monroy, director de Commercial Sales para AMD en México, Centroamérica y el Caribe por ciento del gasto anual de TI.

Es decir, contar con sistemas obsoletos o una brecha significativa entre procesos análogos y digitales causando disrupciones significativas en la productividad. Esto despliega una serie de problemáticas subyacentes, ya que la tecnología legacy deja de ser susceptible a actualizaciones, genera problemas de compatibilidad y, en general, consume más recursos de los departamentos gubernamentales.

Para hacer más eficiente esta inversión, la adopción de nuevos dispositivos puede ayudar a reducir costos, especialmente bajo esquemas de arrendamiento, minimizando costos relacionados con la puesta en marcha, configuración, reparación e incluso en el propio consumo eléctrico de los equipos, sin importar que se trate de soluciones de cómputo personal o en servidores e infraestructura de red.

Adicionalmente, los sistemas modernos cuentan con capacidades de seguridad avanzadas, garantizando la integridad de los datos, personal e instituciones públicas, al estar mejor protegidos ante brechas y ataques informáticos.

Es decir, con la mera actualización de la base instalada, estableciendo una estrategia de digitalización en ciernes, la administración pública puede incentivar la confianza en las instituciones y sus proyectos, simplificar la ejecución de tareas de una forma flexible y ágil, así como desarrollar inteligencia operativa a partir del capital de datos a su alcance.

En este panorama, los datos aparecen como un activo central para habilitar el progreso digital, brindando información contextualizada, indicadores, patrones de uso y termómetros de opinión pública que ofrezcan al gobierno un conocimiento más profundo de los problemas locales, ayudándolos a atender de manera óptima las preocupaciones de la comunidad.

Contando con soluciones ágiles y confiables, la administración pública comienza a construir capacidades de escalabilidad e inteligencia, empleando tecnologías de conectividad y procesamiento en la nube que puedan aprovechar el capital de datos para desarrollar estrategias ciudadanas eficientes, cubriendo los requisitos fundamentales de normatividad, confidencialidad y privacidad de la información.

Apalancando la revolución digital, hoy más que nunca los gobiernos tienen a su alcance una serie de herramientas sin precedentes para impulsar el crecimiento económico y la productividad, mejorando la calidad de vida de las personas de una manera más cercana y eficiente.

 

*Hiram Monroy es director de Commercial Sales para AMD en México, Centroamérica y el Caribe.

 

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