
Por: César Augurio Rodríguez Ruíz*
Cómo los tomadores de decisiones deben integrar las necesidades reales y la flexibilidad
presupuestal en sus anteproyectos de egresos.
Cada enero se repite la misma escena en los ayuntamientos y dependencias estatales: llegan propuestas
tecnológicas, productos innovadores o servicios de alto impacto que resolverían de raíz problemas críticos
de seguridad, recaudación, agua o movilidad. Los equipos técnicos y los titulares de área ven con
entusiasmo la solución, pero se topan de frente con la frase más frecuente y paralizante de la
administración pública: «Está muy interesante, PERO.. no temenos etiquetado esa inversion en el
presupuesto».

Foto: Archivo.
Como tomadores de decisiones gubernamentales, la tentación habitual es atribuir este obstáculo a la falta
de recursos financieros globales. Sin embargo, en la abrumadora mayoría de los casos, el verdadero
problema no es la escasez de dinero, sino un desfase crítico en el calendario de planeación. En la gestión
pública, lo que no está conceptualizado y justificado con meses de anticipación simplemente no existe
ante la ley ni ante las tesorerías, por virtuoso o necesario que sea el proyecto.
El otoño: La ventana de oportunidad que define el año fiscal
Para que una solución o servicio indispensable llegue a operar en beneficio de los ciudadanos en 2027, el
trabajo de articulación institucional no empieza en el presupuesto de egresos aprobado en enero; se
construye activamente durante el otoño previo. Entre septiembre y noviembre, las secretarías,
direcciones y organismos descentralizados formulan sus anteproyectos de presupuesto para presentarlos
ante las tesorerías y, posteriormente, ante los Congresos Locales o Cabildos.
Es precisamente en este periodo de diseño presupuestal donde los alcaldes, regidores, secretarios y
directores deben realizar tres acciones fundamentales:
- Definir necesidades técnicas antes que proveedores: Las áreas usuarias (seguridad, obras públicas,
tesorería, servicios urbanos) deben diagnosticar con visión de futuro cuáles son los insumos, plataformas
y servicios que necesitarán para cumplir sus metas del Plan Municipal de Desarrollo, ayudando a sustentar
la necesidad técnica y social antes de enviar su propuesta a finanzas. - Mapear la partida presupuestal adecuada: Un error común es desechar buenas herramientas porque no se tiene claridad sobre en qué partida clasificar la contratación. Sustentar adecuadamente la naturaleza del gasto desde el anteproyecto evita que iniciativas transformadoras se descarten por imprecisiones administrativas.
- Fundamentar la relación costo-beneficio para la aprobación legislativa: Los Congresos y Cabildos
aprueban egresos basados en justificantes sólidos. Entregar estimaciones realistas, rangos de costo e
impacto medible le da al legislador local la certidumbre de estar autorizando un gasto que es, en realidad,
una inversión pública .
Flexibilidad presupuestal: La apertura a la innovación no planificada
Ahora bien, ¿qué ocurre cuando durante el ejercicio fiscal surge una innovación, un servicio de
emergencia o una tecnología disruptiva que no se tenía contemplada en el anteproyecto original? La
responsabilidad de un buen gobierno no termina al firmar el Presupuesto de Egresos; ahí inicia la
capacidad de gestión adaptativa.
Los tomadores de decisiones deben incorporar desde el diseño de sus Leyes de Ingresos y Presupuestos
de Egresos mecanismos de flexibilidad presupuestaria institucionales. Prever partidas para contingencias,
fondos de reserva para modernización u homologar catálogos que permitan modificaciones
presupuestales internas faculta al ayuntamiento para aprovechar oportunidades estratégicas sin violar la
disciplina financiera.
Gobernar con visión de futuro implica romper la inercia de repetir año con año los mismos renglones de
gasto. La combinación entre una planeación anticipada en otoño y la apertura institucional para integrar
soluciones emergentes es la verdadera clave para transformar la administración pública municipal.
Conclusión
El éxito de una administración municipal no se mide por la cantidad de presentaciones que escucha en
enero, sino por la capacidad de sus líderes para anticipar en otoño las herramientas que sus ciudadanos
necesitarán todo el año. Llegar a tiempo al presupuesto es la diferencia entre gobernar con visión
proactiva o administrar la inercia.
*El autor es especialista en Gestión Pública y Estrategia Gubernamental.
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