El reto político de gobernar las metrópolis

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Maestro por la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tecnológico de Monterrey, con estudios en Gestión Política y Política Pública en Washington D.C. apasionado de la gestión urbana y digital, Director General de Makers Inteligencia Pública y Digital. twitter Twitter

¿Qué desafíos están pendientes y que condicionan la efectividad gubernativa para trabajar en función del interés público?

Durante el siglo XX, la población de América Latina paso de vivir en el campo a vivir en la ciudad, este agresivo cambio demográfico se debió a que en los centros urbanos contenían catalizadores para el desarrollo económico, y de acuerdo a estudios de la OCDE, para el año 2050, el 90% de la población se encontrará viviendo en centros urbanos, ante esa situación, los gobiernos se han visto cada vez más y más limitados de recursos para atender la complejidad de problemas públicos que una metrópolis necesita.

Por tal motivo la gestión tradicional de lo público presenta enormes desafíos en las áreas metropolitanas, por un lado, la ardua tarea de transparentar acciones, por el otro  presupuestar recursos para instituciones generalmente débiles, concluyendo con pocas áreas de coordinación intersectorial en la provisión de servicios públicos y la gestión del desarrollo de su población. Por tal motivo, es importante reflexionar ¿qué desafíos están pendientes y que condicionan la efectividad gubernativa para trabajar en función del interés público?

Para Richard Bird, Profesor de la Universidad de Toronto, Canadá en su libro  “Gobernar las metrópolis”, determina que un buen gobierno de las ciudades es crucial para su progreso social, político y económico, desafío que requiere un verdadero proceso de descentralización dónde exista una disolución de funciones desde los niveles centrales a los locales, procurando una mejor provisión de servicios de infraestructura, que incentive el desarrollo.

Para Eduardo Rojas, las aglomeraciones metropolitanas concentran una gran proporción de la capacidad productiva de los países y están interconectadas con otras aglomeraciones nacionales e internacionales. La importancia económica de este sistema se hace patente por el hecho de que las ciudades albergan más de la mitad de la capacidad productiva de sus países y se estima que generarán más del 80% del crecimiento futuro.

Hace algunos años, ciudades como Boston o Baltimore proclamaban haber encontrado la “pócima mágica” para resolver todos los problemas urbanos, se trataba de una receta simple, de una “poción vivificante” compuesta fundamentalmente por una nueva mezcla y de dos viejos ingredientes: el gobierno municipal y el sector privado. Mezclándolos y combinándolos con renovados ánimos se lograba un efecto positivo, una colaboración imaginativa (creative patnership) que permitía transformar el espacio urbano y adaptarlo a los retos de la nueva sociedad y la nueva economía, se trataba también de una “pócima” donde no podía faltar la venta de la imagen de la ciudad o el fomento de su atractivo para las personas y los recursos exteriores. (Amendola,2000).

Ante esta complejidad urbana, la abrumante acción pública y la ineficiente institucionalidad, se ve permeada por una clase política no profesional, que ha hecho del acceso democrático al poder un caos, sin haber planeación de las políticas públicas, y no procurando el estado de derecho, y es que no se realiza un trabajo de identificar los problemas públicos a atender a largo plazo con los recursos disponibles, y fondeándose de otros sectores, algunos gobiernos, y más bien desde algunos partidos políticos han adoptado modelos excesivamente verticales, con poca comunicación entre sus áreas, limitando el trabajo colaborativo sin delegación de funciones.

Las próximas elecciones marcarán un nuevo vértice en México, ante un panorama desolador, y ante un país fragmentado por la crisis económica de los ciudadanos, el aumento al precio de la gasolina y, por lo tanto al de la canasta básica; la ola de asesinatos y feminicidios que en vuelven al país aunado al carente análisis para el desarrollo de estrategias para evitar la “fuga de cerebros” al extranjero y la deserción escolar hacen que estas variables de gran importancia económica y social de las áreas urbanas como parte de un complejo desafío.

Es un largo camino el que representa gobernar la metrópolis, porque ahora más que nunca será necesario gestionar lo público de manera diferente, en entornos más colaborativos, dinámicos, efectivos y abiertos, un reto que implica garantizar el desarrollo económico de una población, generar una gobernabilidad democrática en entornos hostiles, garantizar la gestión de los problemas fiscales, generar más y mejores políticas públicas, mejorar la seguridad pública con estrategias inteligentes, gestionar el uso del transporte público integrado y sostenible, así como la movilidad urbana que ponga al peatón en el centro del desarrollo urbano, generar sostenibilidad de los proyectos y lo más importante, involucrar a la sociedad en la toma de decisiones públicas, si comprendemos todo eso, estaremos en la posibilidad de reducir la brecha entre una gestión tradicional y el reto político de gobernar las metrópolis.

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