Estrategias de reconciliación nacional

La sed de justicia y verdad están latentes en nuestras sociedades y debemos atender esta situación cuanto antes, a través de la justicia y la paz.

Mucho se habla y más actualmente, de la reconciliación y la pacificación Nacional. Sin duda pronto llegará el momento de aterrizar y accionar todo lo dicho, que va desde temas de prevención hasta temas de reacción a través del uso de la fuerza. Lo que ha quedado claro es que, para lograr la tan anhelada reconciliación, se debe incluir en la receta el acceso a la justicia. Este es un principio básico del estado de derecho, ya que sin acceso a la justicia, las personas no pueden hacerse escuchar, acceder a sus derechos, hacer frente a la discriminación o hacer que rindan cuentas los encargados de la toma de decisiones.

Hay que hacer énfasis en el derecho a la igualdad de acceso a la justicia para todos y todas, incluidas las personas de grupos poblacionales con más situaciones de vulnerabilidad, como son niños, niñas, adolescentes, mujeres, personas mayores, personas con discapacidad y comunidades indígenas.

El Estado, a través de sus poderes y tres ordenes de gobierno, tiene la obligación de adoptar todas las medidas que sean necesarias para prestar servicios justos, transparentes, eficaces, no discriminatorios y responsables que promuevan el acceso a la justicia para todas las personas. Realmente debemos lograr que la administración de justicia sea imparcial y no discriminatoria para todas las personas, pues parte del cambio es el “pisar” el tan aclamado “piso parejo” libre de impunidad y corrupción.

Tenemos grandes retos para el fortalecimiento de la justicia en diversas esferas como: la supervisión y la evaluación; el empoderamiento de las personas más vulnerables para buscar recursos y reparaciones ante la injusticia; la mejora de la protección jurídica, la sensibilización jurídica y la asistencia jurídica de calidad por parte del estado; la supervisión por parte de la sociedad civil y del poder legislativo; la respuesta ante desafíos en el sector de la justicia como es el mal uso de la fuerza policial, las condiciones inhumanas de encarcelamiento, los prolongados períodos de detención preventiva, entre otros retos que de no atenderse, crean círculos de impunidad.

Uno de los principales obstáculos para el acceso a la justicia que tenemos hoy por hoy, es el costo de la representación y el asesoramiento jurídicos, aunado a la falta de profesionalización o desinterés de los defensores de oficio. Debemos impulsar el fomento de los programas de asistencia jurídica para empoderar a los titulares de derechos, en particular las personas más vulnerables.

Ante este panorama, hoy podemos decir que el acceso a la justicia es la mejor estrategia para la pacificación y reconciliación nacional, pues la impunidad acompañada de corrupción e inequidad ha sido el peor de los males que ha sumergido a nuestro país en una situación de extrema violencia y desigualdad.

Hoy nuestra sociedad esta enojada, polarizada y dolida a causa del descuido institucional que sufrimos en los últimos años. La sed de justicia y verdad están latentes en nuestras sociedades y debemos atender esta situación cuanto antes, a través de la justicia y la paz. En sentido restringido la construcción de la paz de la que hoy hablamos, alude a una etapa histórico-coyuntural específica, ubicada en el marco de la conflictividad democrática, que tenemos que resolver. La construcción de paz esta íntimamente articulada con la democratización y la institucionalización de una nuevos mecanismos formales por parte del estado que garanticen la pacificación y reconciliación.

En sentido amplio la construcción de la paz asume un carácter de tipo holistico-integral, pues se constituye en un proceso de transformación sociopolítico, cultural y psico-social, en las distintas regiones de nuestro país. Existen diversos mecanismos para la pacificación y reconciliación nacional, que van desde los reacctivos, con el uso legitímo de la fuerza, las intervenciones de asistencia social y de detonar el desarrollo social en diversas regiones. Pero el mecanismo más comprobado e inaludible, es la educación.

México debe ser un país que eduque para la paz y cada una de las comunidades a lo largo y ancho de nuestro país deben estar fomentadas bajo una cultura de paz. Si bien a corto plazo se deben implementar estrategias reactivas y otros mecanismos como la amnistía o las comisiones de la verdad, debemos empezar a construir desde ya, la máxima estrategia a mediano y largo plazo para consolidar la paz, que es ni más ni menos que la educación de niñas, niños, jóvenes y también la reeducación de todas nuestras comunidades que han natualizado la violencia.

Hay ejemplos vivos que sin duda son perfectibles, pero que han demostrado su éxito en la pacificación de los pueblos, podemos voltear a ver a nuestros hermanos colombianos que han implementado a través de los procesos de paz, mecanismos que aquí estamos planteando, que más allá de una ocurrencia, son buenas prácticas y protocolos respaldados incluso por la comunidad internacional, porque han sido comprobados a través de su interpretación y materialización, pero sobre todo han sido exitosos gracias al involucramiento integral de la población, gobiernos e iniciativa privada; ya no esperemos más.

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