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La academia no sabe gobernar

 

La ingobernabilidad generada por una profunda crisis política, fortaleció la idea de elegir a un sustituto con grandes méritos, alejado del escándalo, con una reputación en gran parte formidable y sin duda con un muy buen currículum, así es como quiero pensar que fue elegido Salvador Jara, a la hora de seleccionar a quien llevaría las riendas de Michoacán, tras la incontrolable situación que sufría la entidad.

Salvador Jara: Michoacano. Doctor en filosofía de la ciencia, maestro en tecnología educativa, maestro en filosofía de la cultura y licenciado en ciencia físico matemáticas con especialidad en física experimental. Un excelente perfil.

Gran peso debió llevar Jara Guerrero en los hombros, al saber que sus credenciales y experiencia profesional, incluirían el gobierno de Michoacán; y de la rectoría de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo dar un salto a la administración pública para enderezar el camino de un estado que lamentablemente continúa en el mismo sendero.

Bien dicen que de la teoría a la práctica, hay mucho trecho y el año del gobernador sustituto, fue de tropiezo en tropiezo, haciéndonos pensar a la mayoría de los ciudadanos, que era una continuación del gobierno que a todas luces había fracasado.

Si bien, las condiciones no eran favorables para Jara y su decisión y contexto, pendían de diferentes condiciones, el desarrollo del estado, se mantuvo en estos meses, en un estatus de “ensayo-error”, situación imperdonable a la hora de discutir el futuro de miles de familias.

Jara Guerrero deja una gran lección para el futuro político del país: La solución a una crisis de este tipo, tiene que ver con el sentido de comprender a la población, de dar cuenta de sus necesidades y no en entender la lógica de un gobierno, que se desmoronaba desde el inicio de su administración.

Hoy comprendemos que la solución a los problemas de la ciudadanía no está en la política tradicional ni en la academia, está en una plataforma concisa con una tónica ciudadana, con la comprensión del fenómeno social.

Estar en una cúpula no permite ver claramente todas las aristas, contribuye a agravar la situación, al poco aprovechamiento de las muchas áreas de oportunidad de todo el estado, así como a la falta de estrategias basadas en la dinámica y los recursos de la población.

Conducir el destino de un estado requiere formación académica, sentido social y humanista, además de experiencia y  sensibilidad para identificarse con el pueblo y resolver sus demandas. Lo aprendido en el aula tiene que aplicarse y saltar del papel a la práctica, porque aquí, cuenta y mucho. Es mi opinión…

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