La debilidad institucional que construimos

por | May 22, 2026 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

En la calle se siente la debilidad institucional. No hablo de las redes sociales o los medios tradicionales de comunicación que se están convirtiendo en meros promotores de odio y propaganda. La debilidad institucional se palpa en el espacio público donde las personas construyen una parte de su vida.

La debilidad institucional se traduce en el fortalecimiento de la desconfianza hacía las autoridades. Todo acto, acción de gobierno o política pública, tiene detractores y genera oposiciones, no necesariamente racionales, y enojos y molestias.

La mayoría de las personas entienden que la renovación de inmuebles o infraestructura urbana es necesaria, por ejemplo, pero la ejecución de las obras altera la vida cotidiana de quienes van al trabajo, a la escuela, a reunirse con sus seres queridos. El costo para las personas es alto, no solamente en pérdida de tiempo, de recursos sino de salud emocional.

Foto: Cepal / Archivo.

El “Índice Global de Prosperidad Humana” (GHPI) de 2026, que elabora la revista CEOWORLD[1], ubica a México en el sitio 70 con un valor de GHPI de 73.06 mientras que Suiza, quien ocupa el primer lugar, tiene un índice de 97.92. No, tampoco somos Dinamarca que ocupa el lugar 9º., con un índice de 96.68

El GHPI incluye la calidad económica e ingresos, el desarrollo humano y la educación y la cohesión social y oportunidades. Además, para medir el GHPI, también se considera la estabilidad institucional.

Es cierto, desde la época post revolucionaria hemos repetido la máxima de que México no tuvo crisis institucionales (golpes de Estado, revoluciones) por tener un partido político fuerte. Sí, desde el punto de vista de los modelos de análisis institucional que miraban al siglo XX. Estamos en el siglo XXI y el mundo se transformó.

En la calle se siente el desasosiego, el enojo, la molestia, la insatisfacción, la furia, porque no todas las personas encuentran la plenitud de su vida. El traslado, por dos horas, de un estudiante, de su casa al centro educativo, se altera por la ejecución de obras, manifestaciones, plantones, deficiencias técnicas del transporte y con ello la calidad de vida.

El espacio de opinión pública no analiza, debate, cuestiona o informa; no esucha a esas voces;  está dedicado a promover y propagar información falsa o exagerada sin considerara las consecuencias de los mensajes. Basta mirar la comunicación (?) de varias televisoras que parecen orientadas a generar animadversión contra los gobiernos en turno.

¿Quiénes construyeron el pantano de la debilidad institucional? No nos escondamos, lo hemos construido todas y todos.

Creíamos que la democracia que se construyó en el Siglo XX sería suficiente para generar instituciones fuertes, con respuesta y capaces de eficiencia y eficacia. No fue así, no es así. Más aún, los demócratas que promovieron ese modelo se enriquecieron en imagen, posiciones, poder, influencia y recursos económicos. En otras palabras transaron y traicionaron a la democracia.

Partidos y movimientos políticos son generadores de esa insatisfacción porque maximizan los errores de los diversos gobiernos para prometer soluciones, soluciones que no se ejecutarán y promesas que no se cumplirán, incrementando la desconfianza y falta de credibilidad.

Dentro de un año, estaremos inmersos en un proceso electoral, la elección intermedia. Escucharemos propuestas y, sobre todo, veremos la exhibición de personas “chidas” “atractivas”, que conecten con el electorado; pero de planteamientos serios veremos muy poco, me temo.

Qué hace una persona gobernante en las redes sociales casi todo el tiempo: ¿Alimenta su ego? ¿Complace a su círculo cercano? ¿Ofende y agrede a sus opositores para ganar más adeptos?

¿Se puede gobernar desde las redes sociales? ¿Se puede construir solides institucional desde el mundo virtual? ¿La confianza se construye de manera virtual?

En la calle se vive y se siente diferente la vida. Las personas trajinan para construir plenitud, para llevar a sus seres queridos lo mejor, buscar seguridad, tiempo de calidad ¿Las instituciones les están dando esa probabilidad?

No hay prosperidad en el país. Y no, no tiene que ver con el gobierno actual; tiene que ver con el error de haber promovido a la democracia como la panacea para la prosperidad. Los anteriores gobernantes no la visualizaron y, por supuesto, no la construyeron; los primeros pasos para lograrlo parece que no terminan de acentuarse con el gobierno actual.

Sí, dentro del rijoso ambiente político, donde se decide la construcción de políticas públicas para la prosperidad, en la agenda, no está incluida la atención al fortalecimiento de las instituciones. Hay que abrir esa discusión, tomando en cuenta lo que en la calle se siente, se escucha, se percibe ¿Cómo reconstruir la confianza en las instituciones?


[1] Ranked: World’s Best Countries for Human Prosperity in 2026 – CEOWORLD magazine

José Alberto Márquez Salazar

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