La democracia con las encuestas a cuestas

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No aceptar la importancia de los instrumentos de medición de la opinión pública resulta en sí antidemocrático pues calla a las personas y su participación la reduce al momento electoral.

Democracia

Entre todas las definiciones de democracia destaca la de Przeworski: la institucionalización de la incertidumbre. Es decir, la democracia existe cuando a pesar de que no se sepa quien llegará al poder (incertidumbre) si se sabe cómo llegará a él (institucionalización). Es casi un corolario de otra definición del mismo Przeworsky: la democracia es el sistema en que los partidos pierden elecciones. Las encuestas son parte de los procesos democráticos porque permiten que el proceso electoral no sea simplemente un momento, sino un proceso que obliga a los participantes a confrontarse y el electorado decidir no en un instante sino durante un proceso y reflejarán uno y otro ganador. De esta forma la incertidumbre existe en el proceso, aunque se vaya diluyendo hasta cero el día de la elección.

No aceptar la importancia de los instrumentos de medición de la opinión pública resulta en sí antidemocrático pues calla a las personas y su participación la reduce al momento electoral. Uno de los principales encuestadores del país, Roy Campos, ha sugerido –con prudencia o falsa modestia- que las encuestas son puestas a prueba el día de la elección para ver si midieron lo que realmente tenían que medir. Es decir, las elecciones medirían la calidad de las encuestas. En realidad, nada impide verlo exactamente al revés, las encuestas electorales, son tan parte del proceso electoral que las regula el INE (Instituto Nacional Electoral), y miden –además de las preferencias- la calidad del proceso electoral. Son el canal de comunicación que tiene el candidato con las personas que busca gobernar. Durante unos cuantos años las redes tomaron también ese papel, pero el uso de bots por parte de todos los partidos, anuló esa utilidad. De cualquier forma, si un resultado en una elección, no es congruente con el historial estadístico, es un resultado muy dudoso.

Amadas y odiadas

A pesar de la importancia mencionada, está de moda desvirtuar las encuestas electorales que usan procedimientos similares a las encuestas poblacionales que nadie se atrevería a cuestionar. Esta semana surgió el hashtag #LasEncuestasValenMadres al que cibernautas se alinearon a los principios líderes de opinión. Jorge Castañeda, coordinador de la campaña de Anaya, ha dicho con cautela que aunque no desestima las encuestas, hoy no significan que la elección ya esté decidida para ellos. En cambio Meade, menos favorecido por las mismas, dice que por su seguridad de resultar ganador, sólo le preocupan los votos y las encuestas. Se aventura a repetir algunos mantras de las sorpresas del futbol, que se rigen con otros principios. Y López Obrador, que tradicionalmente ha descalificado las encuestas como “cuchareadas”; hoy que todas éstas lo proyectan ganador, las presume. ¿Si los políticos no consideran dignas a las encuestas por qué han gastado tantos miles de millones de pesos en ellas usándolas para sus decisiones? El amor de cada político hacia ellas depende del “amor” de ellas hacia cada político.

Los incrédulos argumentan lo que ya sabemos, que las encuestas no son la realidad de la elección. Pero no dicen que estos instrumentos nos aproximan paulatina y crecientemente, tanto a los resultados finales que es mejor hacerles caso que no. ¿O ellos, cuando el meteorológico dice que hay 90% de probabilidades de tormentas y lluvias torrenciales, deciden salir a la calle en bermudas y lentes de sol sólo porque la baja probabilidad no significa imposibilidad?

Los científicos llaman Demonio de Laplace al ejercicio mental de imaginar una inteligencia que pudiese estimar cualquier estado de la realidad de forma determinística. Es decir, que todo pudiera predecirse. Hoy en vez de eso, se acepta que la única certeza absoluta que podemos tener es que nos equivocaremos: igual en la cantidad de lluvia que en las proporciones de un ganador en una contienda electoral. Pero gracias a la estadística y probabilidad sabemos dos cosas,

  • Hasta donde nos puede llevar el error de equivocarnos en un cálculo específico con respecto a una cantidad esperada, y
  • Cuantas veces esperamos salirnos de ese error. Si hacemos 100 encuestas, cada una es un nuevo experimento sobre la misma pregunta que busca medir el porcentaje esperado de preferencias para un partido, con un 95% de confianza y 5% de error, significa que aceptamos que en 95 encuestas obtendremos el mismo resultado. Por mismo resultado debemos entenderlo en números estadísticos, no aritméticos. Aunque la aritmética nos dice que 5>4, esto no es necesariamente cierto en estadística donde 5 puede ser igual a 4 si tenemos un error de ± Así, los números estadísticos son gruesos y siempre acompañados de un rango de error.

¿Las encuestas están cuchareadas?

El primer inconveniente de los políticos a las encuestas cuando no les favorece es que “están cuchareadas” (trucadas), lo cual en México sería muy difícil, pues el INE exige a los encuestadores, las facturas de sus trabajos, los microdatos y la metodología que están disponibles en su página. De este modo, cualquier persona puede investigar dichos datos y comparar entre las distintas encuestas. Los datos inventados resultarán que no son coherentes ni congruentes, haciendo más difícil de construir una encuesta “cuchareada” que una “honesta”.

¿Las encuestas fallan?

En realidad tampoco, –si se realizan como la estadística indica. Las encuestas electorales miden la proporción de cada preferencia en el universo de electores, bajo dos supuestos:

  • que los electores dicen la verdad, y
  • que la muestra es representativa.

El primer punto no siempre se cumple pero los electores que mienten no tienen una preferencia electoral específica por lo que generalmente se compensan los errores. En cuanto la representatividad, las técnicas de la estadística y la experiencia acumulada en muchos años, así como el marco geoestadístico de INEGI que es de los más desarrollados del mundo, permiten muestreos de alta calidad.

Una encuesta que estimó un 35% de preferencias a un candidato, con un 5% de error y 95% de confianza, y obtuvo 31%. No falló poco, en realidad no falló nada. Si obtiene 10%, de todas formas no significa que la encuesta esté mal. Porque se admite que el 5% de las veces puede salir fuera, y quien sabe que tan lejos del rango. Pero que de 100 encuestas todas queden fuera de rango es solo una posibilidad legendaria, como la que narra Saramago en su Ensayo sobre la lucidez, cuando los electores deciden repentinamente votar en blanco, en un día lluvioso por cierto. El desenlace constituiría un spoiler. O similar a la del simio de Borel, un simio imaginario que teclea sobre un teclado dedazos al azar y sale por casualidad una réplica de El Quijote. Ese tipo de excepciones no son las que estudia la estadística. Ese tipo de posibilidades que aunque ocurrieran nadie las creería, no se consideran en las decisiones. Por ejemplo, los edificios antisísmicos prevén incluso intensidades sísmicas nunca registradas, pero no prevén la caída de un aerolito encima del edificio.

Como las técnicas de encuestamiento electoral son robustas, difíciles de falsificar y los encuestadores han ido aprendiendo mucho sobre el diseño, los únicos argumentos que quedan contra ellas son ejemplos, muchos de ellos malos.

Malos contra ejemplos

Brexit

Los detractores de las técnicas de encuestas dicen que estas no lograron medir la intención de voto en el plebiscito de la salida de Reino Unido de la Comunidad Europea o Brexit. Siendo que al contrario, predijeron[1] bastante bien los resultados[2]  que se mantuvieron estables durante el proceso. La encuesta de encuestas del Brexit, de la penúltima semana de junio de 2016 daba una intención de: por continuar 52%, por salir 48%. Mientras que el día de la votación se dio respectivamente 48.1%·contra 52.9%. Es decir, los números cayeron dentro de sus márgenes de error del 3% al 5%, pero si consideramos el resultado volteado podríamos pensar que fallaron.  Pero, -por decirlo de algún modo-, la encuesta no sabe la implicación del resultado. Es decir, no predice consecuencias ni las mecánicas humanas asociadas al resultado. Por ejemplo, supongamos que los británicos hubieran regulado que sólo saldrían si al menos el 60% de los votantes lo pedían y que el resultado esperado hubiera sido 39% permanecer contra 61% abandonar, si en tales condiciones el día de la elección se hubiera tenido un 41% 59%, entonces en ese escenario habrían tenido que permanecer en la UE y mucha gente diría que la encuesta falló aun estando dentro de sus márgenes de error. Tampoco las encuestas saben si fue resultado del evento que midieron constituyó una buena decisión: las nuevas encuestas[3] dicen que más gente que antes quisiera que RU regresar a la CE.

Elección de EU

Algo similar pasó en la elección presidencial de 2016 en Estados Unidos. Las encuestas en noviembre 2016 daban una preferencia para Clinton de 46.6% y para Trump de 45.3%, mientras que el resultado fue 48.18% y 46.09% respectivamente. Es decir, un resultado de acuerdo a los márgenes de error, que daba la victoria numérica a Clinton. Pero nuevamente, las encuestas no saben el método de balance electoral. En Estados Unidos no es de conteo directo, sino de voto electoral colegiado, existen 538 votos electorales, que pueden pertenecer a poblaciones de dimensión variable y cada estado tiene distinto número. Gana la elección quien tenga una mayoría, es decir 270 o más votos electorales, y Trump obtuvo 306. Nuevamente, la encuesta predijo lo que tenía que predecir pero no las consecuencias.

Sí existen algunos ejemplos de encuestas que no lograron reflejar los hechos. Las conocidas presidenciales de EU 1948 no lograron predecir el triunfo de Truman sobre Dewey, lo cual llegó a lo chusco cuando Tribune distribuyó su periódico con la falsa nota “Dewey defeats Truman”, pues daban por hecho que ganaría el republicano Dewey. Esto obligó a una reingeniería en la ciencia demoscópica pues si hubo fallos de muestreo. En las elecciones Alemanas de 1965 las encuestas estaba bien diseñadas y aplicadas pero no lograron mostrar la realidad: mientras que las encuestas daban un empate, el resultado fue de 49.5% para la unión y 38.5% para los sociales demócratas. Este caso fue tan paradigmático que ha llevado a un estudio profundo de Elizabeth Neumman, quien explica que hay una espiral silenciosa (como se llama su libro) que consiste en la adhesión de quien se siente marginado a una idea sin expresarla en las encuestas. Otros casos son el de España 1996, Inglaterra 2015, Israel 2015 y México 2012. Que de ninguna manera son la mayoría de encuestas. Los expertos de cada caso analizan qué ocurrió y hay diferentes respuestas. Que van desde la teoría de la espiral silenciosa, la evolución repentina o la trampa electoral. De cualquier forma, no está en cuestión el método estadístico, sino la forma como se interpretan los resultados, e incluso se estudia el problema de que la misma encuesta influya demasiado en el fenómeno que mide.

Qué es una encuesta

La Real Academia de la Lengua Española nos dice:

encuesta

Del fr. enquête, este der. del lat. vulg. *inquaerĕre, y este del lat. in- ‘in-1‘ y quaerĕre’indagar’, ‘preguntar’.

  1. f. Conjunto de preguntas tipificadas dirigidas a una muestra representativa de grupos sociales, para averiguar estados de opinión oconocer otras cuestiones que les afectan.
  2. f. Indagación o pesquisa.

Aunque los diccionarios no nos dicen cómo funcionan los objetos que definen, vemos que la RAE encuentra dos acepciones (casi antónimos) de la palabra, la primera que corresponde a la concepción de la encuesta científica y la segunda se refiere a la raíz etimológica, como cualquier indagación. La primera corresponde más o menos a lo que llamamos encuesta representativa y que proviene de una muestra que refleja los mismos datos esperados del universo y lo segundo a un sondeo (que al contrario de las encuestas sí fallan).

Hoy, la tecnología permite que cualquier persona lleve a cabo un sondeo sobre una muestra sesgada, llevando a la falacia de generalizar un caso particular (técnicamente llamada secundum quit). En Twitter y Facebook, se convoca a responder sondeos que las mismas redes llaman “encuestas”, como muestra la figura 1, que pueden conseguir unos cuantos votos, o miles si provienen de un personaje público. Muchísima gente cree que lo importante en una encuesta es el número de personas que la responden, pero eso es irrelevante. El secreto de una buena encuesta es que se le aplique a una muestra correcta. Imaginemos–parafraseando a  Grima (2012)- un mole cuya cocinera desea probar para ver si ya está bueno. No tomará una taza. Si toma mucho, no será sensible a los otros platillos que debe probar. Por fines prácticos, una pequeña cucharada del mole es una mejor muestra que una grande. Tampoco probará del mole que se solidifica en la orilla de la hoya, ese sabe diferente. Lo mejor será una pequeña muestra del centro interior. Lo importante no es cuánto tome sino que esté bien mezclado para que realmente su muestra represente al mole. Ahora, si la cocinera necesita percibir algún sabor especial, por ejemplo, qué tan dulce o salado está, quizá tome otra pequeña muestra para dirigirla instintivamente a la zona del paladar que lo registre mejor.

Figura 1. Sondeo en Facebook dado como encuesta

El casi seguro de las encuestas

Para ver cómo funcionan estos instrumentos partamos de un ejemplo. Supongamos una aldea de 10 personas (figura 2) llamadas, cada una, como las letras del alfabeto de la A a la J. Viven un sistema democrático electoral de dos partidos (rojo y azul), que eligen cada determinado tiempo a un ciudadano para competir y ser elegido por los 10 votantes. En la aldea hay un viejo mito sobre el mal agüero que produce preguntar a todos por su preferencia. Por eso uno de ellos, funda una empresa para mostrar las tendencias antes de la elección, hace encuestas y pregunta a cuatro ciudadanos elegidos al azar por quien votarán.

Figura 2. Aldea de las 10 personas

Vemos que la muestra de cuatro personas pueden dar cualquier resultado según como resulte el muestreo, según la tabla 1:

Tabla 1. Una muestra de 4 con dos partidos

Rojos Azules % Rojos % Azules
4 0 100 0
3 1 75 25
2 2 50 50
1 3 25 75
0 4 0 100

Pero dentro de cada posible selección, el grupo de seleccionados podría ser de distintas personas, ya que estas posibilidades solo nos dicen su color, pero no su nombre. Vemos que el resultado que nos de, dependerá de a quienes seleccionó. Simplemente, la opción en que ganan los rojos con el 100% admitiría 15 posibilidades como se ve en la figura 3. Si examináramos cada uno de los casos, veríamos 210 posibles selecciones de los 10 ciudadanos para formar una muestra de 4, es importante ver que cualquiera de las combinaciones puede ocurrir, pero hay unas más probables que otras dependiendo de su número.

Figura 3.

Si la aldea creciera a 100, para mantener un error del 45%, seguiríamos necesitando pocas personas, solo 1 mas, es decir 5, lo mismo que si creciera a 1 millon, o 10… Porque se trata prácticamente de un bolado. En cuanto a las combinaciones de 4, crecería a 3,921,225 posibles muestras. Para 100, 41,417,124,750. Para 10,000, más que la deuda externa: 16,416,712,497,500. Para 1 millón, 4.16e22. Y para 10 millones ya se consideraría una cifra infinita para todo fin práctico. Ahora imaginemos las combinaciones de 385 seleccionados. Aunque son numerables no son computables y las consideramos infinitas.  Ese número de seleccionados, 385, de hecho es el que se necesitaría si quisiéramos que en la encuesta de la antes aldea y ahora ciduad de 1,000,000 habitantes tuvieramos un un error máximo de 5%. Pero también 385 serían las que necesitaríamos para cuando creciera a 10 millones, 100 o mil. Como en la hoya del mole, que puede ser una pequeña hoya, o una hoya del tamaño de una alberca. De cualquier forma, solo necesitamos probar una cucharada, siempre y cuando el contenido esté bien revuelto. Después de cierto tamaño no importa el tamaño de la hoya ni de la cuchara. Sin embargo, tanto en la hoya como en la aldea, si el mole no fuera semejante en cada parte de la hoya o la gente no lo fuera en cada parte de la aldea, se tendría que obtener una muestra significativa de cada lugar donde se esperarían diferencias importantes.

Ahora imaginemos una aldea de 100 en la que solo una persona votará por el partido azul. Aun teniendo solo una muestra de 4, tendríamos como habíamos dicho 3,921,225 muestras posibles y solo en 100 de ellas estaría la posibilidad de encuestar al disidente, que muy probablemente sería el mismo candidato. Es decir, 2.5e-5 probabilidades de seleccionar una muestra que lo incluyera. Casi cualquier muestra diría que los rojos ganarían al 100%. Pero habría alguna posibilidad de seleccionar una de las muestras donde está el disidente, entonces el resutlado sería Rojos al 75%. La estadística logra mostrar con una muestra como se comporta el universo porque los posibles muestreos que reflejan al universo, son muchísimo más probables de elegir que los que no, porque son muchísimo más.

La estadística no está tan interesada en lo que pasará en una muestra determinada, sino lo que pasa en todas las muestras si en un mundo ideal se pudieran contabilizar. Resulta que aunque no es posible contabilizar números que les damos tratamiento de infinitos, si es posible mediante el cálculo saber que proporción existe de muestras con determinadas características. Es importante ver que si una persona tira una moneda 10 veces quizá le salgan 3 soles y 7 águilas o 5 y 5. Pero si la persona tira 10mil veces la moneda, le saldrán casi exactamente 5000 águilas y 5000 soles. Y si la tira 10 millones de veces, casi seguro solo le saldrá 5millones de veces águila y 5 millones de soles. Mas menos 1 o 2.  Esto no es por magia, así funciona es la constitución de los sucesos que son descritos perfectamente por leyes estadísticas. Por muy sorprendente que parezca, así funciona el mundo. Por lo anterior es que las encuestas no fallan en el sentido matemático. Cuando los muestreos son completamente aleatorios, es extremadamente difícil que no permitan conocer la realidad. Ya ahí está la explicación de muchos presuntos fallos. Ciertamente no pueden predecir resultados exactos porque la estadística se hace de números gruesos mientras que la realidad de números “delgados”. El problema básico es, si no logro muestrear el universo no obtendré información. Si el universo es dinámico, es decir, cambia día con día, la muestra que tengo es de un universo pasado al del día de las elecciones. Así que si cambia mucho tendré problemas. Es muy útil por eso, saber hacia donde cambia. Lo cual no siempre es posible. Si en casos como el del actual proceso electoral, la población “indecisa” disminuye y va hacia el candidato puntero, la indecisa, en vez de quitar información, proporciona información.

Conclusión

  • La elección no es una encuesta.

Meade ha dicho que la única encuesta válida es la elección, sin embargo, la elección no es una encuesta, sino un censo que pregunta a todos los ciudadanos disponibles. La elección es el mecanismo legal por el que cada ciudadano añade su voto al global, pero las encuestas son los mecanismos por los que el ciudadano expresa su opinión en un momento dado. En la elección se lee quién, y en las encuestas porqué.

  • Una diferencia grande llega a proyecciones más certeras.

Cuando hay mucha competencia, es más fácil que las encuestas no permitan proyectar las consecuencias de los datos. Así como una predicción de tormenta lleva casi a una predicción de que lloverá.

  • Las encuestas no fallan, las proyecciones sí.

O al menos, no fallan más que las elecciones. La construcción probabilística de los muestreos es muy avanzada y bajo el marco estadístico que México tiene, permite la construcción de muestreos altamente precisos. Por lo tanto, si se da un muestreo correcto, las encuestas en conjunto hablaran de los datos del electorado. Una encuesta bien hecha, puede alejarse de los datos reales, pero muchas encuestas no. Los mecanismos para acceder al muestreo en cambio, si pueden ser fallidos y es donde la demoscopia se convierte en arte. Si la gente no responde, es por un motivo. Si el analista sabe entender ese motivo, en su próxima encuesta podrá incluir preguntas que le permitan calibrar sus proyecciones. El analista a diferencia del encuestador, no trabaja sólo con una encuesta, utiliza encuestas de distintos tipos y también distintas mediciones. La asistencia a mítines, las opiniones vertidas en las redes, el mercado de apuestas, el historial electoral pasado, también complementan el conocimiento electoral.

  • Las encuestas como vigilantes de la democracia y no la democracia como vigilante de las encuestas.

Las encuestas también sirven para vigilar las elecciones, y no como se ha buscado, las elecciones vigilando las encuestas. Es probable por muchos motivos que se han mencionado, que el resultado de una encuesta no coincida con el de la elección. Esto puede ser por motivos de la encuesta sino está bien hecha, por el error probabilístico, por motivos extraños del comportamiento social, o bien, porque la elección no ha sido limpia. En este último caso es posible detectar ya con medios directos, dónde y como afecta al resultado.

Tomar en cuenta las encuestas, es tomar en cuenta al ciudadano.

Referencias

Notas:

https://aprendeenlinea.udea.edu.co/revistas/index.php/ceo/article/viewFile/6549/5999

https://www.bbc.com/news/election/us2016/results

https://www.realclearpolitics.com/epolls/2016/president/us/general_election_trump_vs_clinton_vs_johnson-5949.html

https://www.bbc.com/news/election/us2016/results

http://www.lavanguardia.com/politica/20151011/54438036022/elecciones-generales-encuestas-electorales.html

Documentos:

Font Fàbregas  Joan y Pasadas del Amo Sara (5/5/2016) ¿Por qué fallan las encuestas electorales? https://blogs.20minutos.es/ciencia-para-llevar-csic/2016/05/05/por-que-fallan-las-encuestas-electorales/

Grima, Pere. (2012). La certeza absoluta y otras ficciones. Los secretos de la estadística. El mundo es matemático. RBA

Noelle-Neumann, E. (1995). La espiral del silencio. Barcelona: Paidós.

Przeworski, Adam, Democracy and Economic Development Department of Politics, New York University s/f Documento electrónico. PDF.

Przeworski, Adam, in O’Donnell,G. Schmitter, P. Whitehead, L. Transitions from Authoritarian Rule: Comparative Perspectives. The Johns Hopkins University Press. 1986

The Guardian. 18/3/2015. Israel election: why were the exit polls wrong?

https://www.theguardian.com/world/datablog/2015/mar/18/israel-election-why-were-the-exit-polls-wrong

Torra Vicenc (2015). Las matemáticas van a las uras: los Procesos de Decision. Editec.

Wert, J. I. (2002). No le contéis a mi madre que hago encuestas políticas. Ella cree aún que soy pianista en un burdel. Reis, (99), 237-245.

[1] https://whatukthinks.org/eu/opinion-polls/poll-of-polls/

[2] https://www.bbc.com/news/politics/eu_referendum/results

[3] https://www.theguardian.com/politics/ng-interactive/2018/jan/26/guardian-icm-brexit-poll-full-results

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