La inteligencia solo al servicio del Estado

Es inadmisible que un servicio que debe estar enfocado netamente a los intereses de nuestra Nación se diluya entre el espionaje y la persecución de enemigos políticos

Hemos escuchado varias veces que los gobiernos hablan de inteligencia y servicios de inteligencia, pero como es algo tan intangible, la ciudadanía suele verlo como un tema lejano; sin embargo es un tema que toma enorme relevancia debido a que muchas veces la estabilidad del Estado depende de la inteligencia y contrainteligencia que él mismo produzca.

Entiéndase Estado como el conjunto de territorio, población y gobierno (instituciones); y por ende la inteligencia que produzca el aparato estatal, sea civil o policial, debe enfocarse en salvaguardar estos tres elementos que le conforman.

En días recientes salió una nota periodística que señalaba el descubrimiento de un centro de espionaje en un inmueble del centro capitalino. Era un centro de inteligencia clandestino que se usaba para espiar a personas a través de aparatos electrónicos. Dicho centro era operado por agentes de la misma procuraduría capitalina entre 2012 y 2017, se presume, y dichos servicios clandestinos operaban en un inmueble sin licencia de arrendamiento bajo el nombre de una empresa fantasma.

Casos como este ponen en entre dicho los servicios de inteligencia, porque se mal entiende la práctica de producción de inteligencia con fines de interés nacional que muchas veces se ve opacada por el espionaje que se hacen entre políticos ocupando herramientas del Estado y algunas privadas, lo cual no debemos permitir de ninguna manera.

Realmente no debemos satanizar la producción de inteligencia Estatal, pues es indispensable para la seguridad de los Estados y su población, si esta se hace de forma ética y solo con la finalidad que corresponde a los intereses nacionales, respetando los protocolos de Derechos Humanos y salvaguardando en todo momento la información delicada.

Incluso no podemos estar “peleados” con una posible colaboración entre privados y entes públicos para garantizar la producción de inteligencia estratégica, para la salvaguarda de la ciberseguridad o combatir la corrupción con tecnología pues, con los candados necesarios, esta colaboración puede resultar muy benéfica y exitosa en aras del desarrollo de una nación, ya que muchas veces los privados tienen mucho más infraestructura, experiencia y especialización que nuestros entes públicos y con la aparición de nuevas amenazas.

El Estado está obligado a dar respuestas de alto nivel. Dichas respuestas están y deben estar lejos de la “grilla” ordinaria, para la que se han ocupado algunos servicios de inteligencia. Es inadmisible que un servicio que debe estar enfocado netamente a los intereses de nuestra Nación se diluya entre el espionaje y la persecución de enemigos políticos. Necesitamos inteligencia de altura que beneficie a México ante las nuevas amenazas de forma urgente.

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