La “narrativa” de la política y de las políticas públicas

Por José Alberto Márquez Salazar

Un selecto grupo de voceros del actual gobierno no reparan en ofensas y descalificaciones para escritores, historiadores, especialistas en política pública, sociólogos y demás, porque “justificaron el pasado”.

La palabra “narrativa” es muy atractiva para el actual discurso de la política en México.

Basados en la palabra “narrativa” se busca dejar atrás el “viejo” concepto de “discurso”. Así, cuando un político tiene una “narrativa” ya es más creíble; cuando se cambia de “narrativa” se es actual. Pero la descripción sobre o de las intenciones y visiones no cambian la realidad.

La modificación de la clase política, que ahora gobierna en el país, busca modificar la “narrativa” sobre lo que vive México. Y el cambio de narrativa va desde la intención de modificar conceptos hasta intentar modificar las mismas bases esenciales de las instituciones.

Y hay más. También, desde muchos medios -especialmente las redes sociales- se intenta cambiar a los sujetos del discurso y de la discusión. Quienes construyeron una parte de la Ciencia Social de este país, dentro y fuera de la academia, ahora son cuestionados por haber participado o “solapado” el “discurso” del viejo régimen.

Un selecto grupo de voceros del actual gobierno no reparan en ofensas y descalificaciones para escritores, historiadores, especialistas en política pública, sociólogos y demás, porque “justificaron el pasado”.

Los historiadores afirman que luego de cada conquista, Julio César, el emperador romano, instruía que toda comunicación estuviera escrita en latín para imponer el idioma. Lo intuía, cambiar el idioma y los conceptos también redunda en una conquista. Un asomo a nuestra historia nos da idea.

Ahora, lo que se trata, es borrar el pasado y sus conceptos e instituciones para implantar la nueva “narrativa”.

No hay nada de extraordinario en eso. Simplemente cabe recordar que, la democracia no excluye, por el contrario, la democracia busca incluir, ser plural, no dejar ningún concepto sin debatir, sin pensarlo, reflexionarlo y dejarlo atrás, si la realidad lo requiere.

Los ciudadanos se expresaron en el 2018 por un necesario cambio político: en las urnas se eligen quién gobernará. Podemos intuir el porqué y el para qué de acuerdo con las intenciones de los candidatos. Pero la gente no reconoce de viejas y nuevas “narrativas”.

Las redes sociales parecen o se han convertido en un campo de batalla de egos; un campo estéril donde muchos tratan de dominar la discusión y generar nuevas “narrativas” para ver si prevalece lo “viejo” o gana lo “nuevo” (sobre todo lo que ellos afirman).

Durante el sexenio del ex presidente Enrique Peña Nieto, con el “Pacto por México, y con la presencia de su carisma, se buscó una nueva narrativa: la del nuevo Partido Revolucionario Institucional y la de una visión de qué se podían poner de acuerdo nuestras clases gobernantes para, por fin, llevar a México a mejores puertos.

Ahora vemos que la “narrativa” se quedó en eso, en un discurso vacío que solamente ocultó un sexenio de corrupción, prepotencia, ineptitud y vanidad.

Estamos viendo, sobre todo en las redes sociales, el intento de generar nuevas “narrativas”, voceros, intelectuales e instituciones que den legitimidad a los gobiernos que iniciaron el primero de diciembre de 2018. Pero esa no es la realidad.

Estamos mirando el intentó de cambiar instituciones, normas y “narrativas” porqué la clase gobernante así lo requiere. Lo que no vemos es que esa “narrativa” corresponde a los ciudadanos gobernados.

El discurso de la honestidad, del “abrazos, no balazos”, del todos seamos felices contrasta porque esa “nueva narrativa” no tiene esencia. Basta leer a los voceros con discursos combativos sin contenido. No hay problema en cambiar “discurso” por “narrativa”, el problema es cuando hay un vacío que se quiere llenar con un término literario.

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