La participación política de las mujeres: el caso de República Dominicana

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Es una arquitecta de profesión que ha dedicado más de 15 años a la participación política de la mujer dominicana, con su propio ejemplo. Alcaldesa del Municipio de Sabana de la Mar, Provincia Hato Mayor, República Dominicana desde el 2006, es actualmente Presidenta de la Unión de Mujeres Municipalistas Dominicana (UMMUNDO) desde el año 2014, y también Vicepresidenta de la Federación Dominicana de Municipios (FEDOMU), y Presidenta de la Asociación de Municipios de la Región Higüamo (ASOMUREHI).

El sistema de cuotas y los avances legislativos han favorecido el acceso de las mujeres al ámbito político. Pero sigue existiendo una necesidad de deconstrucción de situaciones de discriminación y desigualdad que impide a las mujeres disfrutar de sus derechos civiles y políticos. Pero ¿cómo organizar esta nueva construcción? Quizás es necesario fortalecer y visibilizar las estrategias de asociativismo locales y el trabajo de las mujeres municipalistas.

 

La participación de la mujer es un elemento clave en la gestión de los gobiernos locales con perspectiva de género, del mismo modo que es imprescindible una conciencia colectiva que incluya tanto a hombres como a mujeres en la construcción de una sociedad igualitaria. Sin embargo, la realidad define una trayectoria de persistente ausencia y falta de visibilización de las mujeres y sus logros. Especialmente en el área de liderazgo. Las mujeres políticas sufren las actuales brechas de género y desigualdades que impiden su pleno desarrollo en la sociedad. Además de la dificultad de acceder a puestos de toma de decisiones, adversidades para ejercer sus cargos y el disfrute pleno de los derechos civiles y políticos.

Porcentajes participación. A pesar de los datos de los últimos quince años que reflejan un aumento considerable del número de mujeres en puestos de elección popular o en cargos ministeriales a nivel mundial, en el 2016 seguían siendo solo 17 países los que tenían una mujer en la jefatura de Estado y/o Gobierno, ubicándose cinco de ellos en América Latina (ONU Mujeres; 2017). Las mujeres representan la mitad de la humanidad, considerando este simple hecho el crecimiento de esta participación y representación política ha sido lento y no alcanza los niveles deseables. Ejemplo de ello es el número de mujeres parlamentarias, cuyo promedio mundial asciende al 21,8% y en América Latina llega al 25,9% (CC ONU Mujeres, M1; 2016).

Es pertinente mencionar, a razón de este hecho, que la presencia de mujeres jefas de estado y presidentas de asambleas está incrementándose, pero, aunque el promedio latinoamericano de mujeres parlamentarias crece, los puestos que aumentan se concentran en la Cámara Baja. La representación de la mujer presenta un desequilibrio significativo entre las dos Cámaras.

Pero aterricemos más los datos dentro de la región para obtener una fotografía de las instituciones políticas que nos permita comprobar cómo funcionan. Según la ONE, en República Dominicana tan solo contamos con la representación de 3 mujeres de 32 escaños totales de la Cámara Alta. El Observatorio de Igualdad de Género de CEPAL nos alerta de la escasa participación de la mujer en el nivel local, siendo esta menos de la mitad que la participación existente en ministerios, parlamentos y cortes superiores de justicia. En República Dominicana hablamos de una 13%, porcentaje muy alejado de alcanzar la paridad 50-50. La presencia mayoritaria masculina en los cargos ejecutivos verifica como los hombres participan decisivamente del diseño y la instrumentación de políticas públicas y gozan de un mayor acceso a los recursos derivados del poder político territorial (PNUD, “Informe Regional de Desarrollo Humano 2013-2014. Seguridad ciudadana con rostro humano: diagnóstico y propuestas para América Latina”, pág.70). En marzo de 2016, en la inauguración del proyecto “Observatorio de Participación Política de las Mujeres” en República Dominicana, la Junta Central Electoral afirmó que según el ritmo de crecimiento de la participación política de la mujer, si se mantiene como hasta ahora, haría falta una media de 25 años para alcanzar la paridad en espacios de gobierno y en el derecho de la mujer a ser electa. En el ámbito local el reto es aún mayor ya que faltarían 64 años para alcanzar la paridad a lo que se suma la dificultad en la obtención de datos (Observatorio de Participación Política de las Mujeres: 2016).

Acoso y violencia política. De hecho, según datos de la Oficina Nacional de Estadística tan sólo el 11.4% son mujeres. De 157 municipios de República Dominicana solo 20 son dirigidos por alcaldesas. Empero de este porcentaje, cuando una mujer accede a un cargo político existe violencia física y hostigamiento. El espacio político ha sido concebido por la cultura patriarcal como el terreno de lo masculino donde los hombres se distribuyen el poder. Incluir a la mujer en este ámbito significa repartir el poder. Y la mujer acaba siendo percibida como una intromisión. Por este motivo, las expresiones de violencia y acoso político hacia las mujeres, especialmente las que son más visibles por sus actuaciones, aumentan considerablemente.

Asociacionismo. Ante dicha situación, la estrategia que han seguido múltiples mujeres municipalistas y políticas ha sido el asociarse. Nosotras llevamos trabajando en la Unión de Mujeres Municipalistas Dominicana, UNMUNDO, desde 2007 por el liderazgo de las mujeres en la gestión local. Como muchas otras asociaciones que existen en la región y con las que creamos sinergias en redes regionales como la red RIMIG, y dentro de grupos de género de instituciones de la municipalidad como FLACMA y FEDOMU. Para fortalecer las competencias de liderazgo, participación política empleamos herramientas como la capacitación y el empoderamiento de las mujeres en la toma de decisiones del ámbito local.

El empoderamiento es una de las piezas claves en la promoción de la participación política de las mujeres. Es crucial fortalecer gobiernos municipales que sostengan el desarrollo económico local, accesible para todas las personas por igual. Y así que todas tengan beneficios similares. Pero ¿cómo llevar a cabo ese empoderamiento? Una buena forma de iniciar este proceso es conocer y reconocer las debilidades y carencias existentes. Nombrarlas en voz alta para experimentar esta sensibilización que favorezca el análisis de género. Es aquí donde se empieza a recorrer también el camino hacia la participación política equitativa para todas y todos. Por propia experiencia de más de 12 años en la gestión municipal, es en esta práctica donde se observan las necesidades prácticas y los intereses estratégicos de hombres y mujeres. Estas deben recogerse en la planificación municipal, en los presupuestos y en el propio funcionamiento de nuestros ayuntamientos para fortalecer un desarrollo económico género-sensitivo y una participación igualitaria.

La capacitación y obtener conocimientos para un mejor desempeño del cargo, luchar contra la brecha digital fortaleciendo el uso de las TIC.  Para ello, es importante que seamos nosotras las mujeres, partícipes de nuestro propio desarrollo, y usemos las plataformas digitales para proyectar nuestro conocimiento y experiencia al mundo. Usarlo como medio para adquirir conocimientos, difundir nuestras acciones e intercambiar experiencias exitosas que funcionan en otros países. El intercambio de buenas prácticas en la gestión local es un gran instrumento de creación de redes de apoyo y empoderamiento. Desde UNMUNDO, las casi 900 mujeres autoridades locales participan activamente en foros regionales e internacionales, en Congresos Internacionales y Nacionales, y en eventos locales que permiten el intercambio de buenas prácticas y conocer a múltiples mujeres que estando en la misma situación que nosotras han actuado de manera diferente. Y esto permite disponer de un amplio mundo de posibilidades. Y nos aporta una visión holística. Aunque nuestras acciones sean locales, el ámbito municipal es un ámbito que funciona a nivel global y por ello debe articularse de manera conjunta. Para encontrar soluciones eficaces a los problemas de desigualdad y discriminación que vivimos las mujeres.

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