¿Para qué votar?

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Maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Autor de los libros: «2006: El año del complot» y «2012: Reflexiones sobre el proceso electoral», actualmente se desempeña como académico de la FCPyS/UNAM. También es colaborador de la Revista Zócalo y Antena Radio. twitter Twitter

Lo que cuentan son los votos depositados en las urnas no los que se abstuvieron a votar. Los demás que no votaron o anularon su voto ejercieron su derecho a que los que sí votaron decidan por ellos.

En los últimos meses vivimos sin lugar a dudas las campañas políticas más complicadas de la historia moderna de nuestro país. Además de ser bombardeados por todos los medios habidos y por haber de propaganda política de los distintos partidos políticos y candidatos a puestos de elección popular, también vivimos un proceso electoral accidentado en el sentido de brotes de violencia, 48 candidatos fueron asesinados, así como 85 políticos de los distintos partidos políticos, algo nunca antes visto en un proceso electoral.

Por otra parte se vivió un escenario sumamente complejo derivado de los avances tecnológicos, tiene que ver con el uso reiterativo de las llamadas fake news, o noticias falsas. Las cuales hicieron su debut oficial en un proceso electoral  presidencial, sin embargo, mediante la organización y participación de varios medios de comunicación la iniciativa Verificado 2018, trató de mitigar los efectos de estas notas falsas; será interesante evaluar posteriormente el efecto que tuvieron y la contrarespuesta de Verificado.

Por último, vemos nuevamente el papel de las encuestas electorales las cuales han tomado un giro distinto al de la elección presidencial de 2012, digamos que en la elección presidencial pasada estos instrumentos fueron usados como instrumento indiscutible de la victoria de un candidato,  para este 2018,  pese a que un candidato tiene un margen amplio se ha manejado la idea de que es no significa que las encuestas digan quién va a ganar, ya que la encuesta que cuenta es la del 1 de julio.

Con un escenario sumamente complejo el domingo acudiremos a las urnas para elegir a nuestros representantes. Muchos en este momento ya tienen definido por quién votarán, pero existe un margen amplio de mexicanos que no saben por quién votar o simplemente consideran un absurdo ejercer su voto.

Por ello me permito en este espacio abundar sobre este tema. En las elecciones intermedias de 2009 surgió una campaña sobre la necesidad de votar en blanco o anular el voto. Esto con el claro objetivo de hacer notar el rechazo al sistema de partidos y de representación que tenemos. Se pensó en ese 2009 que si se lograba un gran margen de votos nulos el sistema de tambalearía y deslegitimaría, sin embargo la nota que todos los medios, que cubrían esa jornada electoral, fue precisamente que un partido que había sido hegemónico en el país lograba recuperarse tras 9 años de haber perdido la presidencia de la República.

¿Qué ocurrió? Sencillo: México al tener una democracia representativa y directa gana quien tenga más votos, así sea uno por 89 millones que no votaron, las reglas son claras en ese sentido, lo que cuentan son los votos depositados en las urnas no los que se abstuvieron a votar. Los demás que no votaron o anularon su voto ejercieron su derecho a que los que sí votaron decidan por ellos.

Por ello en los distintos espacios en los que participo siempre he externado que si seguimos con el sistema electoral que tenemos es muy difícil que las personas que se abstengan de emitir su voto realmente representen un peligro para la legitimidad de los procesos electorales. Ante tal situación siempre he recomendado que las personas que tienen un sus manos el derecho y la posibilidad de emitir su voto lo hagan. Porque también algo poco hablado pero importante es que los mexicanos olvidamos el costo no sólo económico que representa este derecho sino social, las batallas que tuvieron que sostener muchísimas personas para que tengamos ese gran derecho de poder elegir a nuestros representantes.

Para concluir considero y no me equivoco en decirlo, que aquellos que podemos ejercer libremente el derecho a sufragar lo hagamos, por el partido que sea o candidato, pero la mejor forma de construir la participación ciudadana es involucrándose en el quehacer político. Hoy podremos votar, mañana debemos fiscalizar y supervisar que el candidato que logró  la victoria realmente cumpla lo que prometió. Es la mejor forma de construir la democracia que tenemos y de perfeccionarla.

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