Reforma Educativa: Escenario del 2013, ahora en el 2019

Dejar que la CNTE modifique la iniciativa, para conservar privilegios, será un signo de incapacidad del Gobierno, pero una desatención al verdadero objetivo de la propuesta: generar un mejor modelo para la educación de los niños.

Por José Alberto Márquez Salazar

Hace seis años, el denominado Pacto por México, impulsó la Reforma Educativa propuesta por el presidente Enrique Peña Nieto. El Pacto, integrado por los partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática, Verde Ecologista y Revolucionario Institucional enfrentó la oposición del creciente Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) y de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Seis años pasaron y, ahora, MORENA, con una mayoría en el Congreso de la Unión, ya en el ejercicio de gobierno en la mayoría de los estados y en la Presidencia de la República, enfrenta a la misma CNTE. El escenario se modifica, los actores son los mismos: unos a favor y otros en contra; la CNTE, en el mismo lugar.

Al margen de las intenciones que se observen en la iniciativa que se discute en la Cámara de Diputados, puede ser útil un ejercicio de análisis coyuntural y comparativo con ese 2013.

La CNTE fue, junto con una parte de MORENA, el principal opositor a la Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto. No solamente intentaron boicotear su aprobación en 2013, hicieron que el Congreso de la Unión se volviera itinerante y sesionara en diversas sedes.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto fue la CNTE quien erosionó la credibilidad del Ejecutivo y del Pacto por México. Un período de confrontación.

Fue la CNTE quien, impulsado y basado en esa lucha, llevó a la agenda del presidente Andrés Manuel López Obrador y de MORENA la idea de una contrareforma. Con el fin de dejar atrás todo lo que hizo Peña Nieto, la propuesta de cambios, de “echar” abajo la Reforma Educativa de Peña, MORENA asumió una batalla que puede desgastarlo.

Existen diferencias sustanciales entre esos dos tiempos, el 2013 y el 2019: la Reforma Educativa del Pacto buscaba limitar al Magisterio – a través de quitarle el control de las plazas por medio de un proceso de evaluación, “disfrazado” de proceso para la calidad- y en eso, casi todos los integrantes del Pacto por México estaban de acuerdo. La Reforma Educativa de MORENA, se supone, iría a favor del magisterio y buscaría recuperar los derechos perdidos de la CNTE. Amén de revertir el modelo “neoliberal” impuesto a los servicios educativos.

En 2013, existía un consenso entre los integrantes del Pacto por México y los únicos obstáculos eran MORENA y la CNTE. Ésta tenía acuerdos con un pequeño sector del Partido de la Revolución Democrática, pero muy débil como para modificar el rumbo de la Reforma propuesta.

Hoy, la CNTE, al ser uno de los pilares en la campaña del presidente López Obrador y bandera de éste para ganar electores, se encuentra ante el dilema de reclamar que los acuerdos no se cumplen o apoyar los cambios en el tiempo breve que hay para legislar (es decir, ceder para ganar más en el futuro y conservar la alianza y el apoyo).

En tanto, MORENA tiene que resolver dos temas: cómo llegamos a un gran acuerdo con la CNTE sin borrar las propuestas del Ejecutivo federal y no lesionar la alianza que hay entre ellos. Cómo seguimos siendo amigos, aunque te quite privilegios.

Si la CNTE impide la aprobación de la Reforma Educativa impulsada por MORENA y que, hoy, tiene el apoyo de los grupos parlamentarios opositores, complicará la capacidad del líder de MORENA en Cámara de Diputados e iniciará una etapa de confrontación con los gobiernos, el de la Ciudad de México y el Federal.

Qué sucederá si la CNTE asfixia, más aún, a la Ciudad de México y decide, pienso, “plantarse” en la Plaza de la Constitución, a unos metros de la casa del presidente de la República.

Dejar que la CNTE modifique la iniciativa, para conservar privilegios, será un signo de incapacidad del Gobierno, pero una desatención al verdadero objetivo de la propuesta: generar un mejor modelo para la educación de los niños.

El accidente en Tlahuelilpan, Hidalgo, marcó al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, al igual que la desaparición de los normalistas lo hizo con Peña nieto; ahora, el movimiento de la CNTE podría marcar el inicio de una confrontación que puede durar un sexenio, como sucedió con Enrique Peña Nieto.

Hay salidas: que el líder en la Cámara de Diputados haga entender a la CNTE lo que puede venir; que la CNTE aprenda a ganar en una “contrareforma” que les ayuda y enfocarse en las leyes reglamentarias; que todos entiendan que es mejor ganar poco que jugar al “todo o nada”, incluida la oposición en el Congreso que solo pinta para oponerse y reír desde la tribuna, ante los aprietos de MORENA.

Los aliados de ayer, que vulneraron al gobierno de Enrique Peña Nieto, están amagando al gobierno de Andrés Manuel López Obrador por el mismo motivo: hacer una reforma educativa como ellos quieren; no como quieren los niños, o los profesores, o los especialistas, o el gobierno en turno: quieren una reforma educativa para la CNTE, simplemente.

Cambiaron los escenarios, los temas, la intención de la Reforma Educativa, lo que no ha cambiado es la acción de la CNTE y su oposición a cambiar las cosas por la vía institucional.

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