Seguridad ciudadana e integración social

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Ingeniero español de Caminos, Canales y Puertos. Pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado y al Cuerpo Superior de Sistemas y Tecnologías de la Información de la Administración del Estado. Ha sido Presidente de la Asociación Nacional de Administradores Civiles del Estado, Secretario General del IFA, Secretario General del Instituto Nacional de Administración Pública de España, Director del Centro de Análisis y Formación Territorial, Director del Centro de Estudios Locales y Territoriales. Asesor en Seguridad.

La Seguridad Ciudadana tiene un gran predicamento y, sin duda, puede resultar interesante sentar algunas de sus bases e investigar qué instrumentos tenemos hoy para conseguirla.

Siempre que se menciona “seguridad ciudadana” recuerdo, por su rotundidad, el primer párrafo de la Exposición de Motivos de la Ley Orgánica sobre Protección de la Seguridad Ciudadana, de 1992 (España), que afirmaba: “Es incuestionable que la protección de la seguridad ciudadana  y el ejercicio de las libertades públicas constituyen un binomio inseparable, y que ambos conceptos son requisitos básicos de la convivencia en una sociedad democrática”

Efectivamente, sin seguridad ciudadana no se pueden ejercer las libertades públicas ni disfrutar de una calidad de vida que, para su plena vivencia, requiere un espacio social donde fructificar y desarrollarse y, por otra parte, sin libertades públicas el individuo no se desenvuelve en un marco de seguridad.

Por ello, diversas organizaciones vienen estudiando y debatiendo sobre seguridad ciudadana. Así, en mayo de 2009, la Unión Iberoamericana de Municipalistas (UIM), asociación internacional para el desarrollo reconocida por la UNESCO, acreditada por la OEA y cuyo programa de cooperación internacional al desarrollo ha sido declarado Programa adscrito a la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Iberoamérica, abordó, en su IX Congreso Internacional, celebrado en Montevideo, la problemática del binomio “Seguridad – Integración social en las ciudades”. Sus interesantes conclusiones se exponen en la Declaración de Montevideo.

Por la importancia que reviste a nivel mundial la Seguridad, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en Septiembre de 2015 la vigente AGENDA 2030, en la que la Seguridad y la Paz adquieren especial relevancia entre sus Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 16).

Recientemente, en el desarrollo del XII Congreso Internacional de la UIM, celebrado en Manizales (Colombia) en Septiembre de 2017, bajo la rúbrica “Una Agenda Territorial para los Objetivos de Desarrollo Sostenible”, se creó la “Red de Municipios por la Paz Territorial”. Red en el marco de la UIM y coorganizada por PNUD Colombia.

Esta Red surge para generar un espacio de trabajo conjunto involucrando a municipios, a diversos sectores de población y a expertos de alto nivel en la temática de la Paz y seguridad, con el objetivo de crear vínculos de solidaridad, apoyo mutuo y cooperación entre municipalistas y transferir conocimiento en el marco de la UIM.

Como vemos, la Seguridad Ciudadana tiene un gran predicamento y, sin duda, puede resultar interesante sentar algunas de sus bases e investigar qué instrumentos tenemos hoy para conseguirla. En primer lugar cabría preguntarnos ¿Cómo es la inseguridad ciudadana?

Los expertos, como expone F. Carrión, afirman que existe una violencia específica de la ciudad y que ha ido evolucionando con el devenir de los tiempos, presentando hoy unas características muy diferentes de las de hace unas décadas. La violencia urbana es, en cada momento histórico, la suma de dos componentes.

Existe un primer componente de delincuencia tradicional, inmutable en el tiempo (pequeños hurtos, “tirones”,…), al que se añade un segundo componente, constituido por una delincuencia, moderna, variable en función del “tempo” histórico, que hace que las características de la inseguridad de hoy sean distintas de las de épocas anteriores.

Este segundo componente es más peligroso. Presenta nuevas formas de violencia asociadas a actividades de narcotráfico, prostitución, bandas juveniles y ciberdelito, entre otras, que aumentan la complejidad de la lucha contra la violencia urbana.

El escenario de globalización también afecta a la seguridad ciudadana. Es un hecho la extensión transnacional del fenómeno de las bandas y tribus urbanas, con sus hábitos y códigos de conducta delictiva, que desde su génesis, en un barrio de la ciudad, han rebasado las fronteras nacionales. Otro aspecto es la variada tipología de delincuencia y crimen organizado internacional. Todo ello requiere un nuevo enfoque metodológico de actuación frente a la violencia urbana.

Se ha tratado de establecer posibles nexos causales entre determinados factores y la génesis de la violencia urbana, que expliquen el status questionis, considerando factores tales como la ciudad, su distribución por distritos y tipología, su tamaño, su población, la economía, los movimientos migratorios, los grupos minoritarios, los fenómenos sociales, la globalización…

Es evidente que en la violencia urbana intervienen factores tales como precariedad económica, problemas psicológicos, desarraigos sociales, fracasos o carencias escolares, problemas familiares, frustraciones de todo tipo, marginación, minorías,… o, lo que es más frecuente, una suma de ellos.

Otra pregunta podría ser: ¿Constituye la “ciudad” una fuente de violencia? A este respecto, la interacción del binomio “ciudad – inseguridad” es compleja. Es indudable que la ciudad es el escenario donde se desarrolla un tipo singular de violencia. Sin embargo, no puede decirse que la ciudad sea causa de la misma.

Cabe preguntarse si, por el contrario, la violencia urbana produce una alteración de las características o parámetros urbanos. A este respecto se puede, en cambio, afirmar con rotundidad que la violencia urbana engendra unas variaciones importantes de los parámetros urbanos y de las características de la ciudad.

La inseguridad ciudadana produce una nueva tipología urbana, unos nuevos hábitos ciudadanos de convivencia y de forma de ocio, un nuevo tipo de vida y de relacionarse, una disminución de los contactos entre los diversos estratos sociales de la población, etc. Todo ello comporta costes en calidad de vida, en las dotaciones presupuestarias de los gobiernos y un deterioro de las finanzas municipales por la disminución de ingresos económicos por turismo y por una menor inversión del sector privado.

La urbe es empujada, por la inseguridad ciudadana, a mutarse y convertirse en un conjunto de urbanizaciones cerradas, valladas, vigiladas, de acceso restringido. Los desplazamientos en automóvil en la ciudad tienden a evitar los largos recorridos y utilizan rutas seguras, aparcando en lugares predeterminados y fiables. Tiene lugar un incremento de la contratación de servicios privados, de vigilancia y protección. En suma, el coste político, social y económico, derivado de la situación de inseguridad es muy elevado.

La violencia urbana, aunque generalizada, es muy distinta según las regiones geográficas, tanto en el número de delitos como en su intensidad, tipología y modalidades. Se estima que en Latinoamérica anualmente son asesinadas 140.000 personas y 28 millones sufren un hurto, siendo el coste de los delitos el 14,2% del PIB regional.

La forma de abordar la seguridad ciudadana ha variado a lo largo de la historia. Durante mucho tiempo el modelo existente era el que se basaba en la fuerza coercitiva y judicial para mantener la paz ciudadana. Dicho modelo de seguridad es el que básicamente ha prevalecido hasta hace relativamente poco, sustentado con el apoyo de las fuerzas de Policía Nacional/Estatal, ayudadas por las Policías locales y un rígido sistema de elaboración y administración legal de carácter nacional.

En la actualidad, ese modelo de seguridad no ofrece una solución válida a la problemática de nuestras ciudades. La sociedad ha evolucionado en todos sus espacios de forma vertiginosa y demanda una gran transparencia en la actuación de la Administración Pública. Pide más eficacia y eficiencia en los servicios públicos y una mayor participación ciudadana en la construcción de la vida social.

Hoy, la “ciudad” no es sólo una realidad territorial, un ente topológico, sino que es un ente estructurado en red, en el que se relacionan entre sí, de forma proactiva, los agentes que la configuran. Es una ciudad comunicacional y es necesario plantearse un proceso de elaboración, ejecución, control y evaluación de unas adecuadas políticas de seguridad ciudadana, en las que participen todos los actores implicados. La seguridad nos concierne a todos y no sólo de forma pasiva porque podamos sufrir algún tipo de inseguridad sino porque todos somos agentes activos de la seguridad.

Por otra parte, el ciudadano es un usuario del servicio que presta la Policía y debe participar en el diseño de los planes que afectan a su seguridad. A tal fin, la Policía, para corresponsabilizar al ciudadano, le suministra información relativa a los problemas que afectan a su colectivo y objetivos que pueden alcanzarse, eliminando todo oscurantismo y secretismo innecesarios.

Pero nos quedaríamos cortos si sólo mencionáramos las funciones descritas. Hoy se requiere integración social y las funciones policiales no se limitan a las tradicionales, sino que incluyen otras que mejoran la imagen policial, tales como apoyo a víctimas de delitos (victimología), intervención en accidentes, transporte de enfermos y heridos, presencia en lugares peligrosos, intervención en riñas, actuación con menores, con personas mayores, abandonados y marginados, mediación entre personas o grupos enfrentados, etcétera.

En el espacio global en el que se sitúa la Seguridad Ciudadana, las Autoridades Locales tienen un rol crucial liderando, en el marco de la gobernanza democrática, una seguridad ciudadana integradora de la sociedad. Por ello, y volviendo a la actualidad, esperamos unos fructíferos resultados del XXIII Encuentro Iberoamericano de Autoridades Locales, que bajo la rúbrica “Seguridad Ciudadana: construyendo espacio para la integración social” se desarrollará en Veracruz, México, del 8 al 12 de abril de 2018.

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