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Singladura: Pemex, el reto

Por Roberto Cienfuegos J.

Con una deuda que ronda los 107 mil millones de dólares, Pemex, la petrolera más endeudada del mundo, otrora un símbolo patrio y considerada la palanca del desarrollo nacional, es por hoy el mayor reto económico del gobierno de la 4T, según ha admitido el titular de las Finanzas públicas del país, Carlos Urzúa.

El presidente López Obrador quiere y apuesta a convertirla de nueva cuenta en lo que fue, sin corrupción claro. La meta oficial es elevar la producción a dos millones 654 mil barriles por día hacia el término de este sexenio. Quizá lo logre, pero el camino está sembrado de escollos, el mayor de ellos la propia credibilidad del plan, inscrito en la política energética.

La calificadora británica Barclays acaba de advertir, no muy lejos de sus similares Moody´s y Fitch, que las perspectivas fiscales de México a mediano plazo podrían empeorar debido a la inexistencia de una solución al problema de la deuda de Pemex. No descarta incluso nuevas rebajas en las calificaciones, lo que supone un impacto adverso en otros activos financieros mexicanos.

Abrió Barclays sin embargo una rendija en su sombrío panorama al exponer que su pronóstico de crecimiento -0,5 por ciento del PIB este año- mejoraría si los problemas de Pemex se solventan de manera sostenible y mejora el entorno para la inversión privada.

Recién el cinco de junio, Fitch Ratings y Moody’s anunciaron su determinación de poner focos rojos a la situación financiera de México a la luz de los problemas de deuda de Pemex.

Fitch Ratings bajó la calificación por “mayor riesgo para las finanzas públicas, debilitamiento financiero de Pemex y la incertidumbre de políticas internas y amenazas comerciales”.

Moody’s a su vez no bajó la calificación pero cambió la perspectiva de “estable” a “negativa” lo que abrió la puerta para que pueda reducirla en el mediano plazo, bajo el argumento de que “se ha mermado la confianza de los inversionistas”.

Pemex dijo sin embargo que en abril registró una utilidad por unos 28.000 millones de pesos (unos 1.400 millones de dólares), lo que marcó el fin de una tendencia negativa que se remonta a los dos últimos dos trimestres.

En su conferencia matutina del seis de junio último, López Obrador insistió en que se equivocaron las calificadoras en su degradación de la calificación de México.

“Respetamos esa opinión, pero seguimos sosteniendo que vamos bien, que va a crecer más la economía, que cuando menos al 2 por ciento este año y que en el sexenio vamos a cumplir el compromiso de crecer al 4%”, comprometió.

“Con todo respeto, la falla que tienen las calificadoras y los expertos en materia financiera es que aplican la misma metodología de hace más de tres décadas, que se utilizó en el periodo neoliberal, que no tomaban en cuenta, en palabras tecnocráticas, la variable ‘corrupción'”, argumentó. “Entonces por eso sus pronósticos no resultan, no van a tener éxito, pero a las pruebas me remito”, retó.

El secretario Urzúa dijo hace poco al diario español El País que Pemex tiene “un gran futuro, sin exagerar”, aclaró. Pero antes hay que librar un buen número de escollos, entre ellos cómo refinanciar a corto plazo a la empresa, que deberá sufragar el pago de deuda por casi diez mil millones de dólares en cada uno de los tres siguientes años.

La tarea es un enorme reto, sin duda.

Urzúa dijo que entre el abanico de opciones están una visita al mercado y “ver cómo nos va”. Otra vía es que el gobierno inyecte capital para solventar, al menos de manera parcial, las necesidades de financiamiento.

Una más que se acuda el fondo de estabilización de ingresos presupuestarios, con casi 300.000 millones de pesos, para apuntalar la refinanciación de Pemex.

Es claro entonces que el gobierno tiene formas, alternativas y mecanismos para reflotar a Pemex. Y sin embargo…

David Shields, un experto en materia petrolera, parece un tanto escéptico, en particular luego de la reciente cancelación hecha por el gobierno de las rondas de licitación denominadas “farmouts” o asociaciones, impulsadas por la reforma energética del gobierno de Peña Nieto. Esas van para atrás, otra de las polémicas decisiones del gobierno de López Obrador, reacio a casi todo lo que huela a peñismo.

Shields recordó que hace sólo dos años Pemex anunció una apuesta mayor por los farmouts o asociaciones con capital privado en proyectos de exploración y producción para complementar sus capacidades operativas al compartir riesgos financieros, tecnológicos y geológicos, a fin de estabilizar su producción e incrementarla gradualmente.

Esas asociaciones aumentarían la disponibilidad de recursos para acelerar su recuperación financiera y estaban alineadas con su Plan de Negocios en ese momento.

Pero López Obrador dijo que sólo cuando las empresas privadas empiecen a producir hidrocarburos de manera significativa, él revisará la posibilidad de continuar los farmouts y las rondas.

Shields dijo sin embargo que no está “claro qué nivel de actividad o producción sería suficiente para que el Presidente decidiera reactivar esos esquemas” y se sospecha que ideológicamente no le gusta la invitación al capital privado a través de las asociaciones y las rondas que planteó la reforma energética del sexenio anterior.

 Por lo pronto, el gobierno de López Obrador se ha manifestado reacio a que Pemex comparta riesgos en sus proyectos inmediatos. Ha anunciado planes para el desarrollo acelerado de 20 campos petroleros y para la reactivación de campos maduros, todo con base en contratos integrales similares a los que se aplicaban antes de la reforma energética, nos cuenta Shields.

El Programa de Desarrollo Acelerado de Campos se basa en la explotación a corto plazo de campos pequeños por contratistas nacionales. De los 20 campos -16 en aguas someras y 4 en tierra- a ser desarrollados en ese programa, sólo uno, el campo terrestre Ixachi en Veracruz, tiene un potencial de reservas importante. Se perforarán 120 pozos en total, 34 de ellos en Ixachi, pero se prevé que no se logrará un gran impulso a la producción por esta vía en el mediano plazo.

Para la reactivación de sus campos maduros, se asignarán los primeros 4 bloques por licitación el próximo 26 de noviembre y apuesta ahora por el esquema contractual de servicios tipo Contratos de Servicios Integrales de Exploración y Producción (CSIEE), desechando el esquema de farmouts.

Shields cita a Joydeep Mukherji, un analista soberano de S&P Global Ratings, quien coincidió con el secretario Urzúa en que la situación de Pemex constituye la principal preocupación económica y financiera del país, pero aún así “no se ha planteado un plan de negocios que garantice la viabilidad de Pemex en el largo plazo”, dijo el analista.

Según Shields, promover masivamente asociaciones con capital privado, nacional y extranjero, a través de nuevos “farmouts” enviaría un mensaje de sensatez a los mercados sobre el futuro de Pemex. Es una medida imprescindible, pragmática, aunque no guste ideológicamente, el punto crítico para López Obrador.

Añadió Shields: “viene una reducción de la carga fiscal de Pemex, que ojalá no ponga en riesgo las finanzas públicas ni comprometa la operación del gobierno federal”.

López Obrador vuelve a levantar apuestas. Ojalá. Es demasiado lo que está en juego, incluida la propia credibilidad del presidente.

ro.cienfuegos@gmail.com

@RobertoCienfue1

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