Singladura / ¿Se entrampa el segundo piso?

por | Ene 28, 2026 | De Puño y Letra | 0 Comentarios

Roberto Cienfuegos J. / @RoCienfuegos

La construcción del denominado segundo piso de la cuarta transformación, conforme la promesa hecha desde sus tiempos de campaña por la hoy presidenta Claudia Sheinbaum, parece transitar una vía mucho más pedregosa de lo que muchos anticipaban y aun incluso podía anticiparse.

Es probable que ni siquiera ella misma imaginara lo que encontraría en su camino. Porque a contrapelo de lo que bien era lógico imaginar tras un gobierno que como el que encabezó López Obrador con la alta aprobación social, han surgido demasiados contratiempos, retos y herencias que cada vez resultan más difíciles de ocultar, disimular o encubrir. Un reto absoluto para cualquier político o política, más aun cuando la atenazan hechos y personajes duros de roer.

Lejos de correr sobre un riel sólido y sin mayores sobresaltos, los primeros quince meses de gestión de la presidenta Sheinbaum han topado con dificultades crecientes en prácticamente todos los frentes de la administración pública, y con márgenes cada vez más estrechos de acción.

Desde las tensiones internas entre las fuerzas reales que dominan Morena hasta escándalos mayúsculos como el de la Barredora que sacude al coordinador de Morena en el Senado, Adán Augusto López Hernández, sin dejar de referir el huachicol fiscal que alcanzó altos mandos de la Marina y el finiquito de la política de Abrazos y no balazos por la presión estadounidense, la Jefa del Ejecutivo Mexicano enfrenta tiempos altamente complicados con desenlaces casi imposibles de prever.

Foto: Gobierno de México.

El ascenso al poder del señor Donald Trump en enero del 2025, aunque anunciado, ha resultado el mayor desafío en el ámbito internacional para la presidenta mexicana, cuya cabeza fría y repetidas conversaciones telefónicas con el inquilino de la Casa Blanca sólo se han traducido en el aplazamiento de fechas. Un respiro, si, pero sólo eso.

En estos quince meses de gestión, es un hecho que la agenda, al menos parte de ella, de la presidenta Sheinbaum se ha tenido que ajustar a la gerencia de su antecesor, quien en el último año de su gobierno, en febrero de 2024, anunció una serie de reformas constitucionales en coincidencia con el aniversario de la Constitución, hoy modificada y sustancialmente distinta a la concretada por los constitucionalistas del 17, y que fue reconocida como la primera constitución social  del siglo XX.

Con una constitución modificada de manera sustancial, el gobierno en funciones se ha amarrado a esa nueva estructura legal y constitucional, al parecer sin chistar, al menos no públicamente, más todavía luego del fracaso del máximo tribunal constitucional para impugnar la reforma judicial, que se concretó en junio de 2025 con la elección de jueces, magistrados y ministros del poder judicial. Esta reforma, cuyos frutos en el mejor de los casos tardarán en llegar y aún pendiente de completarse en una segunda parte, introdujo de inmediato, eso sí, enormes dudas sobre su eficacia para construir un genuino estado de derecho en México, una demanda histórica de este país.

Nada hasta ahora permite vaticinar que la reforma constitucional del poder judicial mexicano será a favor del país, y por el contrario, es de temer que cobre nuevas facturas en materia de certeza y credibilidad jurídica con repercusiones en las negociaciones ya en curso y confirmadas por funcionarios del gobierno de Sheinbaum para actualizar el tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, un esquema curiosa y paradójicamente la expresión máxima del periodo neoliberal mexicano, tan repudiado y vilipendiado por el régimen en funciones.

Ya señalado en este espacio hace tiempo, uno no se explica cómo es que fluyen eso sí los recursos económicos para atender a un número creciente de sectores etarios y sociales bajo el paraguas del bienestar, pese a una economía que suma siete años con crecimientos menores a los registrados por el malhadado periodo neoliberal, pero cuyos montos crecientes han sido útiles al parecer para construir millones de antifaces que impiden o nublan la vista a buena parte de la población para ver lo que la realidad del país arroja en forma cotidiana.

Léase aquí lo que tantos y tanto hemos dicho: criminalidad, delincuencia, corrupción, crisis hospitalaria y de salud, atraso educativo, desplome de la inversión en educación, ciencia, tecnología y cultura, ausencia de infraestructura funcional para la inversión y el bienestar poblacional, alta inflación, bajo crecimiento económico, bajo empleo, auge militarista y otros fenómenos que hacen temer un futuro mexicano cada vez más aciago.

Cuando muchos eruditos, y otros no tanto, refieren por ejemplo la embestida autoritaria del gobierno anterior y que según numerosos indicios, prosigue el actual, o la destrucción del modelo previo a la cuarta Transformación, la supresión de los pesos y contrapesos, el debilitamiento institucional y aún de la democracia que se estaba intentando construir en México, pues poco o nada se le está diciendo a todas esas mexicanas y mexicanos que han vivido en pobreza y aún en la inseguridad la mayor parte de sus vidas y desde hace generaciones. Tampoco es por ejemplo que estos segmentos poblacionales hayan antes disfrutado de servicios médicos, educación o seguridad de una mejor calidad porque muchos de ellos han sobrevivido en la informalidad económica, o el rebusque cotidiano.

Así que ¿a quién le importa que digan que México está en una ruta o ya se encuentra bajo el autoritarismo? ¿A quién le importa si se pierde la democracia y se socava la institucionalidad, la división de poderes o, peor aún, un estado de derecho incipiente, que si bien tenían algunos avances, aún faltaba mucho para consolidar?

Los recursos, que muchos llaman dádivas de manera despectiva por supuesto, se han canalizado estos años a estos sectores vulnerables y aún a otros no tanto, constituyen el perdón para todos los pecados que perpetra o en los que incluso pueda incurrir la 4T. ¿O no? Este año está en perspectiva por ejemplo la transformación electoral de México, algo que para muchos será la sepultura definitiva de una democracia electoral.

La oposición política –que deberá construirse seriamente en los años que vienen- deberá darse cuenta de que no será con proclamas vacuas ni reacciones mediocres la manera en que podrán recuperar liderazgo y terreno político, mientras la ciudadanía desafecta a la 4T se sobrecoge y observa azorada el nuevo México que engendra el movimiento político en boga.

La 4T está convertida en dueña y señora de la narrativa nacional. Así está conquistando poder y gobernando. Lo seguirá haciendo, salvo que algo, no predecible y hasta indeseable, estremezca al país. ¿Es esa la apuesta y hasta el temor nacional?

Es probable que la realidad, como siempre ocurre, imponga sus límites más tarde o temprano. Por ahora, los pobres seguirán creyendo que les va mejor que nunca, y la 4T estará de plácemes en un país sujeto a numerosos yugos. Al tiempo.

@RoCienfuegos1

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Roberto Cienfuegos

Es licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Dirección Comercial. Su trabajo periodístico en México, América Latina, Europa y Asia ha sido publicado por McGraw-Hill, la revista colombiana Dinero, las agencias noticiosas Ansa (Italia), United Press International (UPI de Estados Unidos) Xinhua de China y Notimex de México, los diarios La Opinión de Los Angeles, Hoy y The Dallas Morning News.

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