Singladura | Vivir para contarlo

Por Roberto Cienfuegos J.

¿Sabes cuántos niños murieron por falta de medicamentos antes del Covid-19?  Ahora mismo no se hacen pruebas del Covid, remata. “Es una irresponsabilidad del gobierno”.

Contarlo es fácil, pero vivir para contarlo resulta un privilegio. En tiempos del Covid-19, suman decenas y aún centenas de médicos en México que en la primera línea de batalla perdieron la vida en el intento por domar la pandemia. Ni siquiera sabemos en este momento un número exacto, preciso. Se habla de más de 200, pero al menos por ahora se trata sólo de una danza fatídica y macabra de números, tan fríos como la muerte. Nadie, claro, quiere engrosar o pasar a formar parte de esa lista fatal. Es probable, deseable, pero sobre todo exigible que en algún momento se informen los saldos médicos y humanos de la tragedia sanitaria que nos llegó de Asia, como a todo el mundo.

Un médico amigo mío, hermano de crianza que es hoy director médico en un hospital privado y cuya identidad reservo a solicitud expresa, me cuenta: “claro que tenemos miedo. Es natural porque hay una incertidumbre sobre el paciente. Ves cómo muere gente joven, compañeros, enfermeras. Esa incertidumbre y estar al lado de un paciente con Covid-19 sí causa miedo”.

Pero “no nos queda más que seguir trabajando bajo las condiciones que nos pongan”, admite.

Mi fuente, un médico cirujano que suma experiencia y en cuya formación contribuyó la Escuela Médico Militar de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), se contagió del Covid a través del contacto con un caso positivo que había viajado al extranjero. “Allí capté el virus”, narra.

De inmediato él mismo decidió el aislamiento durante 17 días. La medida fue para proteger a su familia. Experimentó tos, cefalea, taquicardia, dolores musculares y fiebre. “El cuadro no fue tan grave”, cuenta.

Superada la enfermedad, se convirtió en donador de plasma, un recurso médico que está arrojando “buenos resultados” para tratar el mal, añade.

Cuando le pregunto cuál es la peor parte de la pandemia, suelta de inmediato: “la falta de apoyo de las autoridades del país. Tenemos un gobierno al que no le importa la salud de los mexicanos”, agrega. Suena muy fuerte lo que dices, apostillo. ¿Estás escuchando lo que dices? Insisto. Su respuesta es una pregunta que aterra: ¿Sabes cuántos niños murieron por falta de medicamentos antes del Covid-19?  Ahora mismo no se hacen pruebas del Covid, remata. “Es una irresponsabilidad del gobierno”.

El curso de la pandemia sería menos grave, señala, si los médicos hubiéramos tenido el apoyo del gobierno.

Refiere que el Hospital donde trabaja se avitualló de equipos médicos necesarios para atender el Covid-19 apenas se dio la voz de alerta a principios de enero del brote infeccioso en Wuhan, China. Era previsible lo que estaba en curso y se propagaría con una velocidad e intensidad de espanto y muerte.

Ese mismo mes, enero, inició el acaparamiento y la especulación de insumos médicos a cargo de vivales que siempre sobran. Así que “los que tenían los productos vendían por más de diez mil pieza y al mejor postor”, lamenta.

Pone un ejemplo para evaluar la magnitud de la necesidad de insumos para enfrentar al Covid: un solo paciente hospitalizado consume al día no menos de 30 cubre bocas. Es lo indicado y deseable para una protección adecuada.

La atención adecuada de un solo paciente demanda la intervención de especialistas de diversas disciplinas médicas y muchas manos, que incluyen recepcionistas, administradores, camilleros, infectólogos, neumólogos, urgenciólogos, anestesiólogos, terapistas intensivistas, hematólogos y a veces hasta cirujanos en trasplante de riñón como ha ocurrido en el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán.

Relata casos de mujeres embarazadas con síntomas o sospechas de Covid-19. Se requiere entonces un especialista ginecólogo. En otros casos llegan pacientes con golpes o fracturas óseas pero también con la sintomalogía propia del Covid, entonces se requiere apoyo de ortopedistas y/o traumatólogos. No es sencillo, claro.

Se añaden los costos económicos, muy altos, porque el Covid-19 es una enfermedad cara, más aún si se trata de hospitales privados. Las tarifas resultan inalcanzables para la inmensa mayoría de mexicanos. Hablamos de 10 mil y hasta 60 mil pesos por día, dependiendo del número de días de hospitalización y/o del uso de terapia intensiva, me cuenta. Los fármacos también tienen precios elevados.

Ante el alud de casos por Covid-19 se han habilitado hospitales enteros de atención exclusiva a este tipo de pacientes. Los hay mixtos, donde se atiende a los pacientes aquejados por diversos males de salud y los Covid, con división de áreas físicas para unos y otros.

Un hospital para la atención exclusiva del Covid es una zona única que recibe al paciente en áreas de urgencia, donde están preparados con su equipo de protección y donde se evalúa y se decide internamiento o no. Una vez internado en área de hospitalización o en terapia intensiva, según la gravedad de la persona. Si es en hospitalización se buscará oxígeno, si no amerita oxígeno se va a su casa.

En el área de Covid se utiliza un overol completo, la mascarilla N95, los googles, un doble par de guantes y botas. Todo ayuda, apunta.

Critica que haya gente “irresponsable” que niega los síntomas o que el familiar esté enfermo y que viene sin cubre bocas acompañándolo. U otras personas que “sin importarle” piensan que si les dio a ellos el virus que les dé a otros. Y así como la mayoría de los contagiados presenta fiebre, fatiga y otros indicios de la enfermedad “hay unos totalmente asintomáticos pero con la enfermedad y su potencial elevado de contagio”.

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@RobertoCienfue1

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