Vacío en elecciones

Los tiempos electorales para renovar, que no cambiar, Gobierno y Congreso federales sacaron a flote lo más primitivo y absurdo del pensamiento de la sociedad moderna

México transita por la oquedad, quizás, más grande de su historia. Los tiempos electorales para renovar, que no cambiar, Gobierno y Congreso federales sacaron a flote lo más primitivo y absurdo del pensamiento de la sociedad moderna; sí, de esa exaltada cuasi perfecta forma de vivir en la que todos tienen oportunidades de ser y hacer, sean negocios, política, y, por qué no, gobernantes, príncipes enanos de localidades o majestades de Estado. Se mueve libre el engaño fácil, la simulación, la estupidez hecha verdad y las proclamas bucólicas de pastores en busca de rebaño. De la realidad del país, apenas un anémico boceto discursivo, pero sólo para descalificar al oponente.

Sin importar el resultado de los comicios del 1 de julio, el encumbrado por el voto, o por el fraude, tendrá la obligación de responder a los intereses de los grupos del capital con los que se comprometió a cambio del apoyo económico para sacar adelante su candidatura y triunfo electoral. Quede claro que un compromiso es con los grandes empresarios, sean nacionales o extranjeros, la ruta es la misma: someter el país al saqueo de sus riquezas naturales. La diferencia, tal vez única, es que algunos candidatos responden al capital nacional (sea cual sea su origen) y otros a las multinacionales extranjeras. Entre esos grupos es el pleito, no entre partidos.

El compromiso de los contendientes electorales con el pueblo y la sociedad, es saliva que al tragarse envenena. La historia demuestra el incumplimiento de promesas, compromisos y reivindicaciones, y no sólo del llamado partido en el poder; todos están cortados por la misma tijera, como dijeran las comadronas de mi pueblo. Hoy México vive las voces de los encantadores de burros, predicadores de la suciedad del pensamiento, que la hay. Los pensadores no necesariamente responden a los intereses de las mayorías, de una sociedad justa y equilibrada, también existen los que están al servicio del capital, del poder oscuro de los Estados y gobiernos.

Y en todo esto, decir pueblo y sociedad es una forma de definir a los grandes grupos de pobres y clase media, los cuales, paradójicamente, conforman la fuerza de trabajo, soporte generador de riqueza y reconocida por la OCDE como motor de desarrollo de la humanidad y del capital en particular.

La propia OCDE, en pleno proceso electoral para renovar poderes, echa en cara a México el atraso en que se encuentra la mano de obra se encuentra. Este es un tema olvidado a modo en el discurso de las campañas de quienes quieren gobernar el país más importante para las potencias capitalistas. Y por alguna razón esto remite a Estados Unidos, Rusia y China.

En uno de sus más recientes comunicados (10-01-18), la OCDE desliza once recomendaciones para que México pueda superar el profundo atraso en el que se encuentra en cuanto a la calidad y capacidades de su fuerza de trabajo. Dice: “Debido a los altos niveles de informalidad, la calidad de la mayor parte de los empleos en México es baja, y esto no ayuda a desarrollar y mejorar las habilidades de los trabajadores. De acuerdo con INEGI, 57% de la población ocupada en México trabaja en la economía informal”.

A todas luces este es el resultado de gobiernos fallidos, no de hace 12, 18, 50 años, es un lastre histórico y la propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos lo señala: “La proporción de estudiantes de bajo rendimiento en matemáticas es del 56.6%, en lectura del 41.7% y en ciencias del 47.8%. Pero el aprendizaje tampoco está mejorando como debiera en la vida laboral”.

Y esto último es lo que realmente importa a las empresas, puesto que una fuerza de trabajo de baja calidad no les garantiza la plusvalía, o ganancia, esperada en los procesos productivos.

Pero como cita la propia OCDE, en los registros del INEGI sobre el tema se precisa que 57% de la población ocupada en México trabaja en la economía informal, gran parte como vendedores ambulantes en las ciudades, segmento que se caracteriza por contar con una fuerza de trabajo poco calificada y por concentrarse en actividades de bajo valor agregado, lo cual significa mínima productividad de la mano de obra. Se puede afirmar que no hay empleo de calidad, porque no existen políticas de Estado, ni salarios que lo propicien.

Pero en la contienda electoral, lejos de propuestas que apunten a contrarrestar la tragedia laboral, los candidatos hoy hablan y se insultan porque unos y otros son ladrones, deshonestos, enemigos del pueblo. Para sí mismos exaltan virtudes que sólo conocen por referencia enciclopédica; caminan sobre el delgado hilo de las mentiras verdaderas. Son adoradores que de la demagogia hacen doctrina y credo, para ocultar la realidad que los agudos organismos internacionales ven y puntualizan.

Aquí dejamos, textuales, las once recomendaciones, que según la OCDE pueden sacar a México del atolladero, y que, por cierto, los candidatos no mencionan con seriedad en su discurso estéril y baladí.

  1. Reforzar la colaboración entre secretarías y otras dependencias públicas, en la política de formación de habilidades.
  2. Fortalecer la vinculación entre todos los participantes en el proceso, para mejorar el nivel de habilidades de la población.
  3. Fomentar una estrecha colaboración entre las autoridades sub-nacionales y el resto de los actores del sistema, para mejorar el desarrollo de habilidades en todas las regiones.
  4. Identificar las habilidades necesarias para ingresar y completar con éxito los niveles superiores de educación.
  5. Recopilar información de calidad acerca de la oferta y la demanda de habilidades en el país.
  6. Reforzar la diseminación de información acerca de la demanda y oferta de habilidades en el país.
  7. Apoyar la transición del ámbito académico y de formación, al mercado laboral.
  8. Apoyar la participación y mejorar los resultados de los distintos programas de activación de empleos, para ingresar o reingresar al sector formal de la economía.
  9. Identificar las habilidades para mejorar la productividad e impulsar la innovación.
  10. Proporcionar formación permanente y de alta calidad a los trabajadores.
  11. Identificar las habilidades necesarias para aumentar la empleabilidad y promover el aprendizaje a lo largo de la vida de la población trabajadora.

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