Amigables con la selva.

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SelvaEn la región de la jungla de Chiapas existe un centro vacacional donde confluyen la tecnología al servicio del medio ambiente y el trabajo de los pobladores por preservar el ecosistema y aprovechar al máximo los recursos naturales del lugar.

Es el hotel Canto de la Selva, ubicado en la comunidad de Galacia, municipio Marqués de Comillas, al noreste del estado. Lo novedoso de este lugar es que sus instalaciones cumplen con las normas ecológicas de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) en cuanto a materiales y técnicas de construcción sustentables. Por ejemplo, se utilizan celdas de energía solar, biodigestores para el tratamiento de las aguas residuales y se recicla la basura para fabricar composta, comentan Julia Carabias y Javier de la Maza, integrantes de la organización Natura Mexicana.

El complejo se construyó en una península que se forma por la vuelta del río Lacantún, en medio de la selva. Posee 14 cabañas con cupo para dos personas en cada una. El costo es de 100 dólares por persona la noche e incluye actividades como recorridos por las selvas de caoba en el ejido de Chajul y visitas a los manantiales de agua caliente en los ejidos de Flor de Marqués y Pirú, entre otras.

Las cabañas colindan con el río Lacantún y con la Reserva de la Biosfera de los Montes Azules, por lo que se integra completamente al ecosistema de la región. De esta manera, el turista se encuentra ante 314 mil hectáreas de selva húmeda, uno de los últimos espacios en el país con este tipo de vegetación, explica Javier de la Maza, quien es director de Natura Mexicana.

Para construir el hotel se utilizó concreto, varilla y adoblocks, éstos últimos fabricados por los habitantes con una mezcla de barro y concreto. “Si usamos la palma y la madera tienen un deterioro más rápido que el proceso de renovación del ecosistema”, comenta Julia Carabias.

DE CAMPESINOS A EMPRESARIOS.

Javier de la MazaCanto de la Selva es un producto ecoturístico que genera empleos e ingresos. Bajo este modelo, los pobladores pasaron de ser campesinos a ser empresarios, ya que son socios, dueños y también trabajadores. Los ingresos derivados del hotel se distribuyen bajo un esquema de reparto de utilidades. De esta forma, los habitantes ya no tumban la selva para destinarla a actividades agropecuarias.

El centro turístico cuenta con 22 socios, quienes tienen derecho a que un familiar trabaje en el hotel, para lo cual se les capacita debidamente, agrega Carabias. Las actividades turísticas proporcionan a las familias ingresos más altos que las ocupaciones primarias, como la siembra o el pago por servicios ambientales que, como se sabe, es un programa para apoyar la conservación y el aprovechamiento de los ecosistemas naturales, explican los expertos.

De la Maza reconoce que, como todo negocio, el desarrollo de este centro vacacional implica un proceso que lleva meses para consolidarse. “Hemos visto casos en los que los ejidatarios realizan un proyecto productivo, el gobierno concede los recursos y ahí los deja, sin dar más atención y seguimiento para que tengan éxito.”

Sin embargo, las finanzas del hotel demuestran que los habitantes pueden triplicar sus ingresos sin dejar de ser campesinos, pues aunque trabajan ahí, continúan con sus activida des agropecuarias, las cuales son parte fundamental de la comunidad.

PROPUESTA INTEGRADORA.

Julia CarabiasEn la construcción del hotel Canto de la Selva se invirtieron cerca de 12 millones de pesos (mdp), cuya gestión corrió a cargo de Natura Mexicana. En su financiamiento han participado instancias nacionales e internacionales como la Agenciade los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), Petróleos Mexicanos (Pemex), la Fundación Carlos Slim, Fomento Social y Ecológico Banamex, la World Wildlife Fund (WWF) y la Fundación Únete, apunta Julia Carabias.

“Los inversionistas no son tales, son donantes a fondo perdido. No es inversión en el sentido de recuperar el dinero, sino que los recursos provienen de fundaciones que apoyan a comunidades campesinas”, precisa la experta.

Este proyecto ha detonado el interés de otras organizaciones para participar en la zona con ideas de mejoramiento agropecuario y la recuperación de flora y fauna del lugar, concluye De la Maza.

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